TATIANA LLAGUNO*: Crecer en el fin de la historia

15.04.23

Las memorias de Lea Ypi sobre su vida durante la desintegración del sistema comunista son una lectura esencial para entender qué significa ser y querer ser libre.

 

Las memorias de Lea Ypi nos invitan a reflexionar sobre el socialismo, el capitalismo, y sobre qué hacer cuando los imaginarios se derrumban. Si bien su tema principal es la libertad, su historia parece la de un destino inevitable.

Ypi concluye su autobiografía —que recorre su infancia, adolescencia y temprana adultez en una convulsa Albania— anunciando a su padre y su abuela que marchará a Italia para estudiar filosofía. Su padre, que no esconde su desacuerdo, invoca la undécima tesis de Marx (según la cual de lo que se trataría sería de transformar el mundo, en lugar de interpretarlo) para intentar disuadirla. Pero la joven Ypi se mantiene firme: replica que nunca había escuchado esa idea y que, en cualquier caso, estudiando filosofía sí se puede cambiar el mundo. Aunque su familia no logra entenderla, para nosotras, espectadoras de la vida de Ypi, su decisión resulta comprensible, casi ineludible.  

En Free, la actual profesora de teoría política en la London School of Economics nos adentra en una infancia y juventud profundamente afectadas por dos derrumbes: primero, el colapso de la Albania socialista, en 1991; más tarde, el caos que supuso la transición a una democracia representativa y al capitalismo. Estos acontecimientos implican un desmoronamiento no solo de dos órdenes políticos y económicos, sino también del orden aparente de la vida de la propia autora. Los cambios traen consigo momentos de desencanto y aturdimiento, pero sobre todo, de profundas disociaciones: cuando suceden, aquello que aparecía, pretendía o debía ser de una forma, se revela finalmente de otra. Pareciera como si una de las preguntas filosóficas por antonomasia, a la que intenta responder la primera crítica de Kant –qué puedo conocer, cómo puedo entender la distancia que parece existir entre aquello que percibo y aquello que es— fuese una pregunta a la cual Ypi se enfrenta sin querer. 

La primera parte del libro comienza con una Ypi, de tan solo once años, preguntándose sobre la libertad mientras abraza una estatua de Stalin, y abarca hasta la caída del régimen socialista. La cotidianidad de su vida transcurre austeramente en un país completamente aislado, entre largas colas para obtener alimentos, pero también entre redes de solidaridad en una comunidad que parece compartir una causa común. Sin embargo, a finales de 1990, Ypi descubre que la sociedad en la que ha estado viviendo, y a la cual admira profundamente, esconde una violencia de la que nadie le ha hablado. Descubre que hasta entonces, su familia (dada su «mala biografía») había optado por ocultarle sus verdaderos orígenes, y que su apellido no coincidía «por casualidad» con el del primer ministro Xhaferr Ypi, sobre cuya traición y complicidad con las fuerzas fascistas había aprendido un día en la escuela. Descubre que las conversaciones sobre universidades, y sobre gente abandonando sus estudios o graduándose, eran en realidad sobre cárceles y sobre el destino de familiares y conocidos en ellas. En definitiva, descubre que, a pesar de lo que había creído hasta el momento, Albania no era un lugar en donde todos eran (en contraposición a la libertad meramente aparente del mundo occidental) «realmente libres». Esta serie de descubrimientos trastocan la comprensión que Ypi tiene de sí y del mundo que le rodea. La serie de disociaciones que va sufriendo son serias pero fructíferas: pareciera como si el devenir filosófico de la autora —que hoy en día se define como una «kantiana marxista»— encontrase sus gérmenes en esa necesidad imperiosa de responder a la pregunta de cómo podemos, dados ciertos obstáculos, conocer realmente el mundo.

La segunda parte empieza con un nuevo período histórico para el país (más que un final de la historia à la Fukuyama), pero todo lo que sucede en esta nueva etapa continúa ahondando el sentimiento de disociación. La adolescencia de Ypi, llena de preocupaciones sobre exámenes, enamoramientos y otras cosas típicas de la edad, se ve también salpicada por experiencias traumáticas. La caída del régimen socialista da lugar a unas elecciones democráticas, a la libertad de prensa, a la aparición de un partido de oposición, a la economía de mercado y a la sociedad civil. Todo lo que nace entonces, nos dice Ypi, lo hace en nombre de la libertad. No obstante, la joven es capaz de entrever que la misma transición que se hace en nombre de la libertad da lugar al desempleo, a las mafias, a la emigración masiva –en definitiva, a nuevas formas de coerción—. La libertad de la que todo el mundo hablaba resultó ser, una vez más, menos patente y evidente de lo que se podía esperar.

Tomemos por caso la libertad de movimiento, sobre la cual la autora hace una reflexión con claros ecos contemporáneos, con un subtexto que apela directamente a las miles de personas que mueren cada año a orillas del Mediterráneo. Al hablarnos de los albaneses que por entonces se disponían a abandonar el país en busca de un futuro mejor, Ypi nos presenta una paradoja. Por un lado, el régimen socialista impedía a sus ciudadanos salir libremente de Albania –una situación que resultaba inadmisible para la opinión pública y los gobiernos de las democracias liberales—; pero por otro, cuando ya nadie prohíbe su marcha, lo que no se les permite es entrar en otros países. Pasan de refugiados políticos a migrantes económicos, y dejan inmediatamente de ser bienvenidos del otro lado. Si antes hubieran sido arrestados por su propio gobierno, ahora lo serían por el país al que intentasen emigrar. «¿Cuál es entonces la libertad que la libertad de movimiento garantiza?», se pregunta Ypi. 

Pero Albania no solo sufrió un éxodo de gente: aquellos que se quedaron fueron sometidos a nuevas reglas que, en ocasiones, admitieron aún menos discusión que las anteriores. El padre de Ypi, un ingeniero forestal (por decisión del anterior régimen), pasa rápidamente al desempleo después de las primeras elecciones democráticas. Eventualmente, consigue un puesto de director general en el puerto de Durres, pero la tranquilidad y la alegría de encontrar un empleo se ven rápidamente empañadas por la tarea que se le asigna: la implantación de «reformas estructurales» (un eufemismo que, como bien sabemos en América Latina, viene a decir privatización). El conflicto interno al que se enfrenta su padre respecto de su nuevo cargo no puede resolverse: no hay otras opciones, para ser «como el resto de Europa», solo cabe la posibilidad de llevar a cabo las reformas. Así pues, la libertad de mercado se revela como una forma de dominación, una sujeción a las leyes de la competición. «¿Cuál es entonces la libertad que la libertad de mercado garantiza?», se pregunta Ypi esta vez. 

Ciertamente, la libertad parece ser la gran afectada, tanto por el régimen socialista como por el nuevo orden capitalista. Aun así, la libertad no es una desconocida para Ypi ni para aquellos que la rodean. Sus padres encarnan, cada cual a su manera, distintas formas de ser libre: su madre es una ardiente liberal, autosuficiente, defensora de la libertad negativa; su padre, una suerte de espíritu ácrata, crítico con la autoridad, capaz de empatizar con el dolor ajeno y las injusticias pero incapaz de identificarse más que con aquellos proyectos emancipatorios que no terminan de materializarse. Su abuela —a quien Ypi le dedica el libro— es claramente quien mayor influencia ejerce: su acérrima fuerza de voluntad y su defensa de la posibilidad de actuar bien, acorde a la conciencia propia sin importar las circunstancias, se erigen como ejemplos de libertad y responsabilidad moral a seguir. Si la pregunta de la primera crítica kantiana —¿qué puedo conocer?— atraviesa irremediablemente la vida de Ypi, la de la segunda —¿qué debo hacer?—, parece inmiscuirse de forma constante, sobre todo a través de su abuela. Escuchamos los ecos cuando, años más tarde, la autora anuncia su deseo de estudiar filosofía para así dar con un sistema de ideas capaz de clarificar aquello que debemos hacer, de iluminar la dirección correcta.

A pesar de que la primera y la segunda parte del libro entrelazan experiencias que activan las preguntas kantianas de la primera y la segunda crítica, sucede algo en la transición de un régimen a otro que acaba provocando una última pregunta. En medio de su pasaje a una economía de mercado, Albania acaba sufriendo una estafa piramidal a gran escala, que deja a una grandísima parte de la población (la familia de Ypi incluida) sin ahorros. A raíz de esta situación, comienzan una serie de rebeliones y una eventual guerra civil, durante la cual Ypi sufre un repentino enmudecimiento y duras pérdidas. Sobre todo, lo que parece desaparecer en 1997, cuando la autora aún no ha cumplido ni dieciocho años, es la esperanza. Con la caída del socialismo se había derrumbado una forma entera de vida pero permanecía la creencia de que algo mejor estaba por llegar: que la libertad por fin prosperaría. El caos y la decepción que trae consigo la transición a una democracia liberal y al capitalismo echan por tierra aquel anhelo. La primera decepción parece ser vivida como tragedia, la segunda (siguiendo la famosa frase de Marx), como farsa. A Ypi le acecha entonces la pregunta de la tercera crítica kantiana: ¿qué puedo esperar? De alguna manera, Ypi parece intuir que vernos como sujetos libres, proyectados hacia el futuro, implica la posibilidad de esperar algo y que, por tanto, de lo que se trata es de averiguar el qué. 

En definitiva, la vida de Ypi transcurre en medio de preguntas teóricas y prácticas difíciles, pero que le ayudan a llegar a importantes conclusiones. Ya en el epílogo, nos comparte su propio reacercamiento al marxismo y su sorpresa cuando algunos amigos, «marxistas occidentales», reniegan de su experiencia y de su familiaridad para con las ideas que defienden. Aquello de Albania, le dicen, no fue «socialismo verdadero». Y parecen asumir que el intento estaba predestinado a fallar, dada la «especial crueldad» de los líderes y la «naturaleza atrasada» de las instituciones del país. El problema de esa posición es que acaba convirtiendo al socialismo en algo que existe meramente en la idea que tenemos de él, osificando el pensar y la imaginación política, al no permitirles existir en relación con la práctica. La llamada final de Ypi es una invitación a asumir las experiencias pasadas (y las presentes) en toda su complejidad —con sus aciertos y sus errores, sus luces y sus claroscuros— y a reconocer aquello que conseguimos hacer, de facto, con nuestras ideas. 

Pero al hacerlo, Ypi no cae en una defensa ciega de la praxis. En su lugar –y aquí reside la riqueza de su autobiografía— nos ofrece un doble movimiento: la comprensión de que ningún proyecto que se pretenda emancipador debe hacernos elegir entre el pensar o el actuar. Rechazar las experiencias históricas en favor de la teoría es un error, pero también lo es ahogarnos en aquello realmente existente y en la mera acción. El destino de Ypi, su deseo incomprendido, puede explicarse por su exposición directa y constante a las preguntas que, según Kant, deben ocupar a la filosofía. Pero su decisión final es posible por otras razones. Es posible porque las formas que ahogaban el pensar —el estalinismo y el capitalismo—, de una manera u otra, habían fracasado. Es la liberación de la política devenida técnica la que permite a Ypi dar ese paso.

En su Introducción a la Dialéctica Negativa, al preguntarse sobre la posibilidad de la filosofía, Adorno nos dice que «cuando la praxis se aplaza indefinidamente», ésta «deja de ser instancia crítica contra una fatua especulación para convertirse casi siempre en el pretexto bajo el que los ejecutivos estrangulan el pensamiento crítico como si fuera una pedantería» pero que «una praxis dinamizadora necesita de él».

No sorprende que, a día de hoy, Ypi tenga como objetivo una «teoría política militante». Con Free nos enseña, humildemente, que es preciso actuar lo pensado y pensar lo actuado; que solo en la profunda imbricación del pensar y el actuar se abre la posibilidad de ser realmente libres.

 

*TATIANA LLAGUNO: Candidata a doctora en Teoría política por la New School for Social Research.

 

Fuente: Jacobin América Latina

 

 

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