El genocidio en Palestina: la geopolítica imperial como fin último

Por Luis Bonilla Molina.

  1. Palestina: un pequeño territorio en una zona crucial para el mercado mundial

En los últimos meses hemos presenciado un holocausto en Palestina, repudiado por la mayoría de la población del mundo, ante el cual el sistema de Naciones Unidas se ha mostrado absolutamente inoperante, mientras para las grandes potencias esta situación les trae más beneficios que problemas.

Las razones históricas del conflicto son muy bien explicadas por Joseph Daher en su texto “La cuestión Palestina desde el Punto de Vista Socialista”(2023), y la coyuntura por Jorge Forero Coronel en “Gaza: las fronteras de la humanidad” (2023), textos que invito a leer, mientras en este breve artículo intentaré avanzar en la comprensión del actual episodio del drama Palestino en un marco más amplio de reacomodo geopolítico.

Fundamentalmente, porque Palestina está ubicada en una región estratégica, por sus riquezas y proximidad a rutas comerciales vitales en la actual etapa del capitalismo mundial. Su permanencia como nación independiente, su soberanía territorial y la propia existencia como pueblo y cultura, han dividido a la burguesía internacional, por lo que cada crispación de las tensiones sirve para poner a prueba alianzas y proyectos económicos a largo plazo.

  • El reordenamiento geopolítico avanza mediante conflictos locales

La estrategia internacional de los Estados Unidos, anunciada en marzo de 2023 por el señor Sullivan, Consejero Nacional de Seguridad de la administración Biden, planteaba no solo la superación del llamado Consenso de Washington sino el impulso de una dinámica de ajuste en el plano internacional, uno a uno, con cada uno de los aliados, reduciendo los grados de libertad con los cuales habían contado hasta ahora e invirtiendo la estrategia de bloques. Es decir, no serían los consensos alcanzados en los bloques regionales lo que se impondría, sino la política norteamericana previamente “consensuada” con cada uno de sus integrantes.

Esto implicaría la puesta en marcha de nuevos mecanismos para llegar a acuerdos entre las burguesías nacionales y el capital financiero global, a partir de estrategias compartidas para enfrentar los enemigos estratégicos comunes. Resulta evidente que el camino más expedito para ello es atizar las conflictividades regionales y nacionales, mostrando la capacidad norteamericana de intervención, no solo en el plano económico o militar directo, sino fundamentalmente en materia de inteligencia, operaciones encubiertas y la supremacía tecnológica que aún mantiene incluso con China.

En realidad, podíamos decir que esta estrategia está en marcha desde los ochenta, como una acción paralela, más localizada en los servicios de inteligencia, que en la Casa Blanca y el Pentágono, pero que ahora ha asumido una centralidad inusitada por la volátil situación económica norteamericana y los cambios en las correlaciones de fuerzas a escala planetaria.

Todo apunta a que la administración Biden acentúa el rol de la inteligencia geopolítica para la construcción de escenarios de conflictividad que permitan el despliegue militar y mayor capacidad de incidencia en las decisiones, sobre todo a partir de la apertura de la primera presencia armada permanente de china en el exterior, algo que a todas luces parece negociado con los EEUU, pues el gigante asiático instaló su base militar en Yibuti, un pequeño país africano que ya contaba con bases militares norteamericanas, francesas y japonesas, quienes no ejercieron su poder de veto para que esto no ocurriera. Yibuti está situado en el estrecho de Bab el Mandeb, entre el Mar Rojo y el Golfo de Adén, razón por la cuál las fuerzas extranjeras desplegadas en la región no solo deben tener objetivos complementarios sino compartir información estratégica.

En ese sentido, el conflicto en la Franja de Gaza se convierte en un detonante de tensiones regionales que colocan a prueba las alianzas y estos objetivos estratégicos, permitiendo afinar los hilos de control y dominación en la región. Israel asume el rol del factor negativo que oprime el “ON” de todas las tensiones en las alianzas, mientras el pueblo Palestino, terriblemente masacrado, es el daño colateral de una operación de mayor envergadura.

El precedente más inmediato de esta política, en su periodo “no oficial” lo constituye el conflicto de Ucrania, cuyo propósito estratégico consiste en minar la importancia geopolítica heredada por Europa después de la segunda guerra mundial, algo que frenaba los lentos y sinuosos acercamientos entre las tres grandes potencias del orbe, China, Rusia y EEUU.

Mi hipótesis de trabajo es que las contradicciones inter imperialistas tienen dos caras, las del conflicto y el acuerdo, por lo cual, en la última etapa, más allá de lo que menciona la gran prensa, se construyen puentes de acuerdo entre ellas. En el caso de Rusia, con limitada capacidad para captar renta, tendría interés para la conformación de un gran bloque imperial su enorme capacidad militar, especialmente nuclear heredada de la ex URSS, por lo que su papel gregario sería para contribuir al sostener el nuevo orden capitalista mundial. No es descartable que naciones emergentes como India y Brasil, así como la añeja Inglaterra (con significativa capacidad de inteligencia y tradición capitalista) se agreguen a esta reconfiguración imperialista.

  • Los comodines en el conflicto regional

En el marco de la guerra fría, el desmantelamiento de la URSS y la década siguiente, Estados Unidos y sus aliados, especialmente Inglaterra e Israel, fueron diseñando y poniendo en marcha organizaciones que fomentaran nuevos equilibrios regionales.  Así lo hicieron con los Ayatolas iranies, a quienes financiaron en los setenta para bloquear el ascenso que estaban teniendo los comunistas en el enfrentamiento al Sha, privilegiando el odio religioso que tenían estos fundamentalistas contra el ateísmo; lograron la mejor salida para el Sha mientras colocaban en el gobierno en 1979 a un grupo anticomunista que luego evolucionó hacia una ruptura con Occidente.

Algo similar harían con Hamas para quitarle influencia al Frente por la Liberación de Palestina y la propia OLP, debilitando la causa palestina. La evolución de ese grupo hacia posiciones antinorteamericanas es un proceso aún no suficientemente develado.

En el caso de Yemen, un país estratégico en la seguridad del comercio en el Mar Rojo, los hutíes, de origen zaidí chiita y suníes, fueron armados y apoyados desde Irán a la misma usanza que lo hiciera dos décadas atrás EEUU con los Ayatolas. Los Hutíes han lanzado una ofensiva con cohetes y explosivos contra el comercio marítimo en el Mar Rojo que le ha facilitado a los Estados Unidos su trabajo de apretar tuercas en la región.

En el caso de Etiopía, ha estallado un conflicto que es parte de los asuntos no resueltos de la guerra civil que concluyó en 1991. El enfrentamiento entre el Estado central y la región de Tigray, ha hecho que el llamado Ejercito Popular de Liberación de Tigray, un grupo étnico nacionalista, de origen marxista en los años setenta que derivó en un partido liberal de centro a la caída de la URSS, sea protagonista de serias tensiones respecto al control del poder que amenazan con incrementarse en cualquier momento. El acercamiento del FPLT a la política norteamericana lo convierte en factor a tomar en cuenta en este país muy próximo al Mar Rojo.

Finalmente, Sudán nunca terminó de integrar a las llamadas Rapid Support Forces (RSF) anteriormente llamadas Janjawi, que fueron el cuerpo armado usado por el ex presidente Bashir en Darfur, y que posteriormente al golpe de Estado de 2019 nunca se terminaron de asimilar al Estado, pero que son una fuerza que causa inestabilidad política cuando se requiera y sirven de contención a los grupos tribales y fracciones religiosas armadas de menor peso.

Estas zonas y escenarios de conflictos le resultan funcionales a la lógica de poder norteamericano en la región y son usados en la estrategia de alicate de inteligencia y militar. En el caso de Irán, la alianza táctica con China, le permite a los Estados Unidos negociaciones por arriba, como ha ocurrido ahora con la masacre de Gaza, en la cual Irán amenazó, pero terminó no interviniendo, al menos directamente.

El conflicto en Gaza está permitiendo a los Estados Unidos alinear a sus aliados en la región especialmente en su relación con el Mar Rojo. Recordemos que los países que dan directamente al Mar Rojo son: Egipto, Israel y Jordania (Costa Norte), Egipto Sudán y Eritrea (costa Oeste), Arabia Saudita y Yemen (Costa este) y Yibuti y Eritrea (Costa Sur).

  • El mar rojo y la nueva alianza militar norteamericana

En el 2018 con el propósito de garantizar el uso compartido de las rutas marítimas (mar Mediterráneo, Océano Índico y el Pacífico) de comercio ubicadas en la región, se anunció la creación del Consejo de Estados Árabes y Africanos que bordean el mar Rojo y el golfo de Adén, conformado por Arabia Saudita, Jordania, Yibuti (asiento de bases militares extranjeras de 4 países), Sudán, Somalia, Egipto y Yemen.  En enero de 2020 se reuniría en Riad el Consejo ampliado para trazar una estrategia política de distensión a los conflictos regionales.

Esta iniciativa había sido precedida por la creación de una coalición militar liderada por EEUU y conformada por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Reino Unido, Australia y Bahréin con el propósito de garantizar el tránsito comercial por el estrecho de Ormuz.

Esto ocurría en el marco de las amenazas iraníes sobre el flujo comercial, especialmente petrolero en la región, el asesinato del General Qasem Soleimani, comandante de las Fuerzas Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán y la salida temporal de EEUU de los acuerdos del Tratado de Desnuclearización en Irán.

A pesar de estos esfuerzos políticos y militares, las tensiones fueron escalando en la región. A ello, se suma en 2023, el hecho que Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Egipto, importantes aliados norteamericanos en la región, decidieron ingresar a los BRICs, la alianza comercial liderada por China. Además, el mayor aliado de EEUU en temas e inteligencia en la región, Emiratos Árabes fortaleció la cooperación militar con China y se habla de la construcción de una base militar en ese país, al igual que otra en Camboya (Proyecto 141 del Ejército Chino), que se sumarían a la de Yibuti ya en operaciones en África. En consecuencia, EEUU está obligado a reordenar sus fuerzas en la región a partir de conflictos locales que impacten a los intereses estratégicos de las burguesías del medio oriente, África y Asia.

El ataque de objetivos israelíes por parte de Hamas, el grupo fundamentalista que asume la auto representación armada del pueblo palestino ubicado en la Franja de Gaza, fue una potente demostración de audacia y eficacia organizativa y militar. Más allá de destacar el derecho del pueblo palestino a responder a la agresión permanente contra su pueblo por parte del ejercito israelí, lo que es cierto es que los hechos que se desencadenaron después de este incidente han resultado funcionales a la estrategia de reacomodo norteamericano y de limpieza étnica asumida por el sionismo.

Estados Unidos, no solo inició un diálogo bilateral con cada uno de los gobiernos de la región, en la línea de la estrategia de “Economic Homeland” anunciada por Sullivan en marzo de 2023, sino que fue coordinando con cada uno de ellos, sus posiciones y alianzas en torno a la masacre de Gaza.  El resultado fue que la mayoría de los gobiernos del mundo árabe le dio la espalda al pueblo palestino, en contraste con las enormes movilizaciones populares ocurridas en estos países.

Quienes mantuvieron de manera abierta su apoyo al pueblo palestino y especialmente a Hamas fueron Irán (sin intervenir militarmente), los Hutí de Yemen, Hezboláh en Líbano y las Fuerzas de Movilización Popular (creadas en 2014 con apoyo iraní), quienes por distintas razones preocupan a los gobiernos de la región.  La lógica de los enemigos de mis amigos, son mis enemigos se impuso como puerta de entrada para el reacomodo pro norteamericano en la región. La visita relámpago de Biden a la región le daba carácter de política de Estado a las gestiones de la Diplomacia y los servicios de inteligencia norteamericanos involucrados en el reacomodo.

Por otra parte, Estados Unidos acaba de anunciar la reactivación de las Fuerzas Marítimas Combinadas (CMF) en la región del Mar Rojo, conformada por 39 países de Europa, África y Medio Oriente, entre los que se cuentan Inglaterra, Francia, Arabia Saudita, Emiratos Árabes, entre otros. La OTAN, debilitada en su imagen militar y finanzas por el conflicto en Ucrania ha decido no involucrarse en la CMF, como lo anunció la portavoz española.

La intención de la CMF es garantizar el tráfico de comercio por el estrecho de Ormuz y el mar Rojo, unificando las alianzas por razones económicas compartidas. Tendremos que seguir la evolución de esta alianza militar para precisar las nuevas correlaciones geopolíticas en la región.

  • Conclusión

La actual masacre contra el pueblo palestino, pareciera ser solo una cortina de sangre y vidas humanas, para avanzar en el reacomodo geopolítico actual en torno al Mar Rojo, el Estrecho de Ormuz y el Golfo de Adén. Lo que estamos intentando, es hacer seguimiento a los conflictos locales y regionales en un marco más amplio de análisis. Para ello estamos conformando un círculo de debates mensuales, que pronto informaremos

Tomado de luisbonillamolina.com

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