Rusia arría la bandera en Jersón y se parapeta ante el inminente avance ucraniano en el sur/ Ver- La Guerra Civil Fría

 

Las tropas del Kremlin abandonan Jersón ante la imposibilidad de defenderla del avance ucraniano, pero se parapetan frente a esta ciudad y blindan el acceso a Crimea, la joya de la corona de la ocupación rusa de Ucrania.

 

La orden de la retirada rusa de Jersón, una ciudad ucraniana situada cerca de la desembocadura del río Dniéper, es acogida con cautela por el Gobierno de Kiev, acostumbrado a los giros inesperados de la estrategia de Moscú en Ucrania. Rusia solo está retirando sus tropas de esa ciudad y de la orilla occidental del Dniéper, no de toda la región de Jersón. Parte de este contingente reforzará la ribera oriental para detener un eventual avance ucraniano hacia Crimea y algunas de sus unidades podrían ser destinadas allí donde la guerra muestra su mayor crudeza, como el Donbás.

Fue el comandante en jefe de las fuerzas rusas en Ucrania, el general Serguéi Surovikin, quien propuso la retirada de Jersón al ministro de Defensa de su país, Serguéi Shoigu, y éste aceptó. Surovikin consideró «inviable» la defensa de la ciudad, dadas las dificultades de abastecimiento y ante el riesgo de que las tropas allí estacionadas pudieran quedar envueltas en una bolsa por el ejército ucraniano, que se encuentra prácticamente a las puertas de la urbe. El río Dniéper, con todos los puentes de acceso a Jersón, derruidos, se había convertido en una celada para las fuerzas rusas ocupantes de la ciudad.

¿Humillante retirada o maniobra defensiva?

La batalla de Jersón no ha finalizado, ni mucho menos. En realidad aún no ha empezado. Esta retirada es humillante para el ejército ruso, pues Jersón era la única capital regional bajo el control de Moscú en los territorios ucranianos anexionados el pasado mes de septiembre. El presidente ruso, Vladímir Putin, declaró entonces esta ciudad parte inseparable de Rusia como capital de la región del mismo nombre y junto a los territorios de Zaporiya, Donetsk y Lugansk. Sin embargo, desde el punto de vista bélico, demuestra no tanto la superioridad militar ucraniana como la debilidad de Rusia en una zona muy importante de Ucrania. Y la debilidad en un teatro de operaciones puede revertirse en fortaleza en otro.

Así lo subrayó el general Surovikin. «En estas circunstancias, la opción más sensible es organizar la defensa en una barrera a lo largo del río Dniéper«, en su orilla oriental, explicó el militar, tras recibir las órdenes de retirada por el ministro ruso de Defensa.

Surovikin señaló también que existía el riesgo de que las fuerzas ucranianas abrieran las compuertas de algunos embalses en el Dniéper o incluso volaran la presa de Kakhovka. Si así sucediera, aseveró, un gran flujo de agua inundaría grandes áreas de ese territorio. «Surgiría una nueva amenaza para los civiles y un completo aislamiento de nuestro grupo de fuerzas en la margen derecha del Dniéper», agregó.

Imagen de un soldado ucraniano en el frente de Jersón, Ucrania, 9 de noviembre de 2022.
Imagen de un soldado ucraniano en el frente de Jersón, Ucrania, 9 de noviembre de 2022.  Viacheslav Ratynskyi / REUTERS

Cautela ucraniana

El propio presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha mostrado mucha cautela ante el anuncio del Kremlin y ni siquiera la arriada de banderas rusas de los principales edificios oficiales de Jersón le ha hecho dudar de que quizá las cosas no son como parecen. El temor a una trampa en Jersón, un blanco fácil para la artillería rusa desde la orilla opuesta del río, es evidente.

«El enemigo no hace regalos, no muestra gestos de buena voluntad», argumentó Zelenski. El presidente ucraniano insistió en que las fuerzas ucranianas se mueven «con mucho cuidado, sin emociones y sin riesgos innecesarios». Su asesor Mijailo Podolyak definió mejor esta precaución. «Hasta que la bandera ucraniana ondee sobre Kherson, no tiene sentido hablar de una retirada rusa», aseveró. «No vemos que las tropas rusas se vayan a marchar de Jersón sin combatir«, advirtió el asesor de la Oficina Presidencial ucraniana.

Si Moscú está retirando a sus tropas para enrocarse al este de Jersón y esta ciudad es ocupada por el ejército ucraniano, la localidad podría convertirse en un nuevo Alepo. Esta urbe de Siria fue bombardeada a placer hace cinco años por la aviación rusa que ayudaba al régimen de Bashar al Asad para erradicar a las fuerzas yihadistas rebeldes. El responsable de esa táctica de tierra quemada en un escenario urbano sirio fue, no hay que olvidarlo, el general Surovikin.

Dudas en Rusia sobre la retirada de Jersón

Diversas voces se han manifestado en Moscú sobre la retirada rusa de Jersón. Las redes sociales rusas arden divididas entre quienes apoyan la decisión y quienes la consideran una nueva cesión en la guerra, tras el éxito de la contraofensiva ucraniana en Járkov y el Donbás.

Yevgueni Prigozhin, fundador del grupo Wagner de mercenarios que ha protagonizado muchas de las acciones bélicas rusas en Ucrania, explicó que la retirada de Jersón será «extremadamente difícil» de completar con unas pérdidas mínimas. De llevarse a cabo, ese movimiento de tropas, aseguró Prigozhin en una nota de prensa, sería «el mayor logro que haya tenido que acometer Surovikin».

Ramzan Kadírov, líder chechén y cuyas fuerzas están en primera línea de fuego en Ucrania del lado ruso, indicó en su canal de Telegram que Surovikin está salvando a sus soldados del desastre, a la vez que «toma una posición estratégica más ventajosa, cómoda y segura». Tanto Kadírov como Prigozhin habían sido muy críticos con la derrota rusa en la localidad de Liman, arrebatada al ejército del Kremlin por las fuerzas ucranianas.

No obstante, Kadírov subrayó también los errores tácticos cometidos en Jersón por el mando ruso, al no asegurar desde un principio el abastecimiento de las tropas allí estacionadas. Prigozhin, por su parte, instó al Kremlin a aprender de los errores.

Jersón, la llave hacia Crimea

El ejército ruso puede tardar un tiempo en completar la retirada de Jersón y la orilla occidental del Dniéper. Las fuerzas ucranianas podrían convertir ese retroceso en una carnicería, animando así a los rusos a arrasar la ciudad con sus bombas y misiles. El objetivo ruso en esa zona en estos momentos es evitar a toda costa que se abra una brecha hacia Crimea, donde reside la mayor parte de la población prorrusa que defendió la anexión.

El mayor riesgo en estos momentos para la campaña del Kremlin en Ucrania es que el ejército ucraniano convierta Jersón en una cabeza de puente hacia esa península anexionada por Rusia en 2014. En todo caso, Jersón era la parte más endeble estratégicamente de los territorios ocupados y se podía tornar, en cualquier momento, en esa trampa para las tropas allí atrincheradas, sin relevos, sin suministros y entorpeciendo una eventual respuesta del Kremlin con bombardeos masivos.

Con su retirada, Rusia ha inclinado la cabeza, pero también ha privado a Ucrania de una victoria en batalla. También es evidente que pretende obtener una ventaja táctica y eso es muy inquietante. Que los rusos empezaran a evacuar la ciudad hace varias semanas puede indicar que ya tenían en sus planes el destino que dar a Jersón. Con el ejército ruso nada es lo que parece.

Un nuevo giro en la guerra y no se descarta la negociación

En todo caso, la retirada rusa de Jersón marca un nuevo giro en la guerra, después de la derrota de las fuerzas del Kremlin en la región de Járkov y la toma en septiembre por el ejército ucraniano de importantes localidades que estaban bajo control ruso en el oeste del Donbás. Este territorio oriental de Ucrania, junto con Crimea, es la pieza que Moscú no está dispuesto a ceder en unas eventuales negociaciones.

Negociaciones que están ya planeando sobre el teatro bélico. Poco después del anuncio de la retirada de Jersón, la portavoz del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores, María Zajarova, señaló que Moscú está dispuesta a negociar y que nunca se ha negado a hacerlo. Eso sí, dejó claro que «se tienen que tomar en cuenta las realidades que están emergiendo en el momento». Este apunte puede hacer referencia a la reiterada negativa rusa de ceder los territorios anexionados.

Al tiempo, las presiones de Estados Unidos sobre Zelenski, que se había negado al diálogo si su interlocutor era Putin, parecen estar dando resultado, gracias a la intermediación que en Kiev está realizando el asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, tal y como informó el diario ucraniano The Kyiv Post.

Según las fuentes del diario, Zelenski indicó este lunes que está abierto a «auténticas conversaciones» con Rusia, bajo las condiciones básicas: restauración de la integridad territorial ucraniana, castigo de los crímenes de guerra y reparaciones de guerra. Al contrario que en ocasiones anteriores, Zelenski no mencionó la necesidad de que Putin salga del poder como condición ineludible de unas negociaciones.

La retirada de Jersón podría ser aprovechada como un impás para retomar los contactos. Como también podría ser un argumento de peso la información revelada por el Pentágono sobre las víctimas de la invasión rusa de Ucrania. El jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor de Estados Unidos, el general Mark Milley, indicó que la guerra ha causado cerca de cien mil bajas (entre muertos y heridos) militares en cada bando, es decir, 200.000 soldados. Según esta información, habrían muerto también por el conflicto cerca de 40.000 civiles.

Milley agregó que hay una «ventana» a las negociaciones. Para ello, dijo Milley, Rusia y Ucrania deben reconocer que la victoria «quizá no puede ser alcanzada por medios militares y haya que recurrir a otras formas».

 

*Juan Antonio Sanz: Periodista por formación,  ha sido corresponsal de la Agencia EFE en Rusia, Japón, Corea del Sur y Uruguay.

 

Fuente: Público.es

 

 

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