Sobre la película “Simón”: Cuando a los terroristas se los presenta como mansos corderos

Por Fernando Bossi Rojas.

“Simón” es un filme venezolano que fue nominado a mejor película iberoamericana para los premios Goya 2024 y que se exhibirá, el próximo 16 de enero en Casa de América, espacio “que tiene como objetivo estrechar los lazos entre España y el continente americano, en particular en América Latina y el Caribe”.

El filme, dirigido por el joven Diego Vicentini, narra la historia de un estudiante universitario protagonista de las acciones violentas llevadas a cabo por la ultraderecha venezolana durante el año 2017, más conocidas popularmente como guarimbas.

El relato, donde el protagonista se debate entre la culpa, el amor, el compromiso y la decisión del exilio, muestra a su vez, de manera burda y panfletaria, un ataque feroz contra el legítimo y democrático gobierno venezolano.

Como bien lo señala al comienzo de la película, el joven estudiante organiza un grupo (equipo lo llaman) a fin de actuar a semejanza de las “revoluciones de colores” llevadas a cabo en Libia, Egipto o Ucrania, tan “pacíficas” como todos sabemos.

La trama pone el foco en la cárcel y las torturas perpetradas por fuerzas de seguridad del “régimen”, siempre caracterizadas como una banda de criminales psicópatas, que se ensañan contra los «idealistas» y “democráticos” jóvenes.

Pero lo que obvian intencionalmente los creadores de este filme, es que esos estudiantes y manifestantes, autores de las acciones terroristas conocidas como guarimbas, fueron, solo en 2017 los causantes de 131 personas muertas, 13 de las cuales lo fueron por disparos de las fuerzas de seguridad (hechos por los que fueron detenidos y procesados 40 miembros de dichas fuerzas); también fueron asesinados 9 efectivos de las diferentes policías y Guardia Nacional Bolivariana; 5 personas quemadas vivas o linchadas por el mero hecho de parecer chavistas; y la gran mayoría de muertos lo fueron mientras manipulaban explosivos o intentaban eludir las barricadas colocadas por los manifestantes, incluyendo guayas (cables de acero) en las calles por las que murieron decapitados motorizados que nada tenían que ver con las protestas.

Solo el testimonio de la madre de Orlando Figuera, quemado vivo por estos terroristas, brinda una idea de lo que se vivió en esos días en Venezuela por acción de esos “jóvenes románticos”. “Lo apuñalaron, lo lincharon, le echaron gasolina y le dieron candela. Lo quemaron vivo porque era negro y porque era chavista”, señalo Inés Esparragoza, madre de Orlando, víctima del odio y la violencia.

Inés Esparragoza, madre de Orlando Figuera, el joven apuñalado y quemado vivo en Caracas durante las protestas opositoras de 2017. FOTO: JAIRO VARGAS, Público.es

Si a esto le sumamos la quema de escuelas, prenatales, universidades, instalaciones públicas, comercios y vehículos particulares y privados, es imposible eludir la  caracterización de estos actos, tal como lo señala el Derecho Internacional, como acciones terroristas.

Es lamentable también, que el nombre de la película, por el protagonista, haga referencia, dicho por boca del director, al Libertador Simón Bolívar, comparando irrespetuosamente a los terroristas con los libertadores del siglo XIX.

Más allá de los valores estéticos que pueda tener o no la película, si la historia está bien contada o no, si las actuaciones son buenas, regulares o malas, lo cierto es que “Simón” es un panfleto grosero donde se pretende hacer pasar por “héroes” a terroristas de la ultraderecha fascista y vendepatria (no casualmente aparecen los estadounidenses como ardiente defensores de las pobres víctimas de la “dictadura caribeña”).

Sin embargo, y curiosamente para aquellos que no se cansan de hablar del “régimen” o la “tiranía”, la película fue galardonada en el Festival Cinematográfico de Mérida (en los Andes venezolanos) y fue exhibida en gran cantidad de salas cinematográficas en Venezuela. Raro autoritarismo el del gobierno bolivariano.

Pero, volviendo al comienzo de la nota, sí llama la atención que Casa de América, espacio “que tiene como objetivo estrechar los lazos entre España y el continente americano, en particular en América Latina y el Caribe”, exhiba la película diciendo en su programación que “la historia es reflejo de la situación de los venezolanos que han tenido que abandonar el país -7,7 millones según la ONU-, de los cuales 430.000 han venido a España”. Forma extraña también de “estrechar los lazos” con afirmaciones tan temerarias y me animo a decir irresponsables por ligeras.

En Ferraz, Madrid, hemos visto recientemente, incipientes acciones muy parecidas a aquellas guarimbas que tanto luto trajeron al pueblo venezolano, con protagonistas de la ultraderecha fascista que lamentaríamos que algún día aparecieran en alguna película española como “héroes”, “libertadores” o “luchadores por la libertad”.

Fuente:
Portal Alba

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