Una entrevista con Vivek Chibber: No puede haber socialismo sin clase obrera

Por Ella Teevan

La tarea de los socialistas en 2023 es la misma de siempre, dice el sociólogo Vivek Chibber: construir la organización de la clase obrera. Eso requiere claridad sobre el papel político central de la clase trabajadora.

El capitalismo de 2023 no se parece en nada al de 1848, año del Manifiesto Comunista. Está digitalizado, globalizado, financiarizado y estrechamente vinculado con una crisis climática que Marx sólo pudo prever vagamente. Algunos críticos utilizan estos cambios en el funcionamiento del capital para argumentar que el marxismo, con su énfasis en la clase obrera organizada como el grupo más adecuado para transformar radicalmente la sociedad, es obsoleto y demasiado dogmático.

Vivek Chibber, profesor de sociología en la Universidad de Nueva York, lleva varias décadas argumentando que la clase obrera sigue siendo fundamental para el proyecto socialista. Es autor de El ABCs del capitalismo, una serie de folletos de educación política, y de varios libros, entre ellos The Class Matrix: Social Theory after the Cultural Turn.

En junio de 2022 se reunieron en Berlín, Alemania, voces destacadas de la izquierda estadounidense y europea en Socialism in Our Time, una conferencia organizada por Jacobin y Transform! Europe. En un panel titulado «El capitalismo contemporáneo y sus sepultureros» Chibber expuso cómo es la clase obrera hoy en día y cómo puede construir poder en un nuevo terreno. Jacobin se sentó con él para hablar sobre la tarea de los socialistas en la actualidad, el votante de la extrema derecha de la clase obrera y el papel de los intelectuales en la política de masas.

 

ET

¿Cuáles son los mayores proyectos que la izquierda debería emprender ahora mismo? ¿Y cuáles son sus mayores retos?

VC

Creo que el proyecto de la izquierda es siempre el mismo. Intentamos construir un movimiento y organizaciones de clase trabajadora. Eso no significa que sea el único objetivo, pero sea lo que sea que hagas, debe alimentar eso. Todos esos pequeños movimientos deberían alimentar al movimiento obrero. Eso también implica que la organización de género debe girar en torno a las mujeres de la clase trabajadora y que la organización racial debe girar en torno a los hombres y mujeres negros y morenos de la clase trabajadora. Se trata de seguir esta energía e ir allí donde se pueda tener el mayor impacto en relación con ese fin, que es el de construir el poder del trabajo.

 

ET

¿Cree que tiene fundamento la crítica de que los marxistas se centran demasiado en el trabajador blanco, masculino o de cuello azul?

VC

Es un mito. Los marxistas, en su apogeo, organizaron a los obreros de cuello azul porque, como dije en mi charla, era el sector donde el empleo crecía más rápidamente y donde se veía una mayor generación espontánea de militancia y organización entre los propios trabajadores. Pero también hay que tener presente que uno de los mayores movimientos que organizó el Partido Comunista en los años 30 fue de desempleados. Y, sí, era principalmente blanco, pero eso es porque, en las ciudades del norte, la población era principalmente blanca.

En los años 20, los comunistas de EEUU también organizaban a los aparceros negros del Sur. No en el mismo número, pero eso es porque el Sur era un régimen terrorista, donde los riesgos eran mucho mayores y era más difícil conseguir que la gente fuera allí. En los años 30 y 40, los comunistas británicos estaban en la India organizando a la clase obrera india. Y los comunistas siempre estuvieron al frente de las luchas de género. Así que la idea de que los marxistas se centran en un tipo estrecho de trabajador es un mito que la Nueva Izquierda creó para justificar su propio alejamiento de la política de clases.

 

ET

Cuando los trabajadores votan a candidatos de derecha como Donald Trump, los politólogos suelen reducir su comportamiento a actitudes culturales y raciales. Pero usted sostiene que la mayoría de los trabajadores en realidad pretenden votar en su propio interés material, lo que no quiere decir que lo estén consiguiendo, pero que esa es su motivación. ¿Puede decirnos algo más al respecto?

VC

Creo que, de hecho, no sólo los trabajadores, sino todo el mundo intenta votar de acuerdo con sus propios intereses materiales. En el caso de los trabajadores, esto tiene dos dimensiones. Una es que no son demasiado ideológicos. A menudo votan a lo que consideramos como un partido de derecha, pero porque éste les hace promesas en torno a sus intereses materiales de una forma que les resulta atractiva.

La segunda es que los trabajadores pueden ser engañados por la información. Es difícil engañar a los trabajadores sobre sus experiencias cotidianas. Pero no es tan difícil engañarlos en lo que hace a las políticas que tienen un impacto en esas experiencias cotidianas. Digamos que un candidato de derecha les dice: «Siento su dolor. Perdieron sus trabajos y les diré por qué: es porque el gobierno gasta demasiado». No tienen ninguna experiencia directa de la conexión entre política fiscal y desempleo, pero este tipo les dice que siente su dolor y que hay una solución para ello, así que dirán: «Bueno, quizá esa sea la solución». Así que están persiguiendo sus intereses materiales al votar a este tipo, pero han sido engañados sobre cuáles serán las consecuencias de esas políticas. ¿Por qué? Porque no tienen ninguna experiencia en ese tema. Así que es perfectamente coherente con una concepción materialista.

 

ET

El mundo académico tiende a aislarse de la clase trabajadora y la sociología tiene la costumbre de restar importancia a las explicaciones materiales en favor de las culturales. ¿Cómo equilibras los imperativos de ser un sociólogo académico con el objetivo más amplio de construir una organización de la clase trabajadora?

VC

Bueno, en realidad no es tan difícil, porque tienes seguridad laboral como académico titular. La pregunta es: ¿por qué no lo hacen todos los académicos? Sobre todo, considerando que no existe un riesgo ni un castigo real por hacerlo. Sí hay lo que yo llamo un «impuesto moral» que tienes que pagar: hay un límite al progreso académico que puedes lograr una vez que te identifican como marxista. Es un precio muy bajo. Para mí, la pregunta relevante es, ¿por qué no haría esto una vez que entiendo que el capitalismo es como es? No hay justificación moral para seguir mi camino y hacerlo lo mejor que pueda.

 

ET

Eso concuerda con lo que he oído decir a académicos que empiezan su carrera y que son menos proclives a agitar el barco, y a profesores titulares que dicen: «Básicamente, puedo decir lo que quiera».

VC

Pero siguen sin hacerlo.

ET

O lo que tienen que decir no es especialmente…

VC

Es basura, sí.

ET

En mi grupo de los Socialistas Democráticos de América (DSA), utilizamos sus materiales de educación política todo el tiempo. Leemos El ABC del capitalismo y cuando hago reuniones individuales con nuevos miembros escuchamos su serie de conferencias sobre el Estado. Así que estamos introduciendo a la gente en los fundamentos del marxismo.

Por otro lado, si los socialistas estamos haciendo bien nuestro trabajo, queriendo estar en la clase obrera, pero la clase obrera no tiene necesariamente el tiempo o la inclinación para leer mucha teoría marxista, ¿cuál es el equilibrio entre leer y aprender lo suficiente para ser un socialista eficaz y abandonar un libro para salir a organizar?

VC

Estos folletos educativos son realmente para lo que llamamos los «cuadros», la gente que organiza. Idealmente, deberían ser los miembros más seguros, activos y respetados de un lugar de trabajo a los que se recurre y se educa para que perfeccionen sus habilidades organizativas. El objetivo no es conseguir necesariamente que todos los demás trabajadores se unan a un grupo de lectura. Si puedes hacerlo, perfecto. Pero, como tú dices, la mayoría de los demás trabajadores se limitan a pasar el día, y el actual es un momento difícil para ellos.

Así que hay una especie de cinta transportadora que va desde los intelectuales académicos hasta el trabajador, en la que la formación teórica se concentra inevitablemente en las tres o cuatro primeras capas, no en todas. Pero entonces utilizas eso como una forma de construir una cultura interna dentro de la organización y una orientación hacia la clase. Y eso te ayuda a ser mejor organizador, porque tienes una perspectiva más amplia de cómo funciona el sistema, de cómo estás situado dentro de ese sistema y de lo que intentas hacer como orientación estratégica.

ET

¿Hay algún consejo estratégico que darías al miembro medio de la DSA en estos momentos?

VC

Ya hay una corriente dentro de la DSA que cree en esto, por lo que yo simplemente lo reforzaría: en estos momentos, la DSA no es un partido político ni una organización política, así como tampoco es un partido obrero o una organización de la clase trabajadora, y esas son las dos cosas que necesita ser. Así que, en primer lugar, la DSA necesita tener una presencia mucho más fuerte dentro de la clase. Y, en segundo lugar, necesita aunar sus recursos internos hasta el punto de que, en lugar de ser zarandeada por los acontecimientos, pueda tener un grupo fuerte de cinco u ocho mil organizadores sindicales que desarrolle una perspectiva estratégica colectiva, de modo que todo el mundo sepa lo que están haciendo los demás.

En lugar de enviar a una, dos o tres personas a la vez, hay que hacerlo como se debe, es decir, enviando a diez o veinte, para que se apoyen mutuamente y mantengan la moral alta. Y luego les dices: «Su trabajo es traer a otras cincuenta personas al sindicato». No a la DSA (porque ahora mismo hay mucha presión para que la gente se afilie a la DSA). Ese no es el objetivo. El objetivo debería ser que se afilien a sindicatos y construyan sindicatos combativos.

Tomado de jacobinlat.com

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