Las paredes también hablan

Por Daniel Campione

María Remedios del Valle, de ascendencia africana, luchadora en las guerras de independencia fue conocida como “capitana” o “madre de la patria” allá por las décadas iniciales del siglo XIX. Semiolvidada durante mucho tiempo, en épocas recientes su evocación se ha hecho cada vez más frecuente.

Incluso en 2013 se aprobó una ley, la 26.582 que instituyó el 8 de noviembre como “Día Nacional de los/as afroargentinos/as y de la cultura afro en conmemoración de María Remedios del Valle, a quien el General Manuel Belgrano le confirió el grado de Capitana por su arrojo y valor en el campo de batalla.”

En el artículo tercero de la misma norma, se indica al Ministerio de Educación que incorpore a los contenidos curriculares la conmemoración de ese día y “la promoción de la cultura afro”.

En 2022 se produjo el anuncio oficial de que la imagen de la “capitana” compartiría con Manuel Belgrano la imagen impresa en los billetes de 500 pesos. Una buena forma de terminar con la exclusividad masculina en los homenajes a la emancipación nacional. Belgrano y José de San Martín habitan desde siempre nuestro papel moneda (con excepción del reemplazo por animales típicos durante el gobierno de Mauricio Macri); las mujeres estaban ausentes.

 

El homenaje popular.

Que las autoridades estatales asuman responsabilidades en la preservación de la historia y la memoria y en impartir conocimiento acerca de ellas a les jóvenes es por cierto auspicioso. También resulta grato cuando un ejercicio similar parte de mujeres y varones de a pie, sin necesidad del impulso o el respaldo oficial. Y a veces sin ni siquiera darse a conocer.

Hace poco descubrí una pequeña y modesta placa en memoria de María Remedios. Ni bronce ni otro metal, el material parece ser cartón.

Está en la esquina de México y Piedras, en la vereda par del 500 de esta última calle.

El texto recuerda su carácter de afrodescendiente y su participación en las invasiones inglesas, en la revolución de mayo y luego en la guerra de independencia, en el ejército del norte. Se consignan también sus años de nacimiento y muerte (1766-1847). Y se menciona que en sus últimos años se le confirió el grado de sargento mayor del ejército.

El recordatorio no se halla firmado por ninguna institución o agrupación. Al pie del texto sólo se lee: “Monserrat. Barrio del Tambor”. Era el mote de ese barrio, que aludía a los parches de los antiguos esclavos, que sonaban en los candombes.

Ignoro por lo tanto quienes fueron los que llevaron adelante la iniciativa, pero sin duda es una acción valiosa en el rescate de la historia.

Y sobre todo, de valorización del protagonismo en nuestro pasado de aquellos que llegaron hacinados en las bodegas de los barcos llamados “negreros”, hecha en la zona de la ciudad en la que habitaron la mayoría de sus descendientes.

Confieso que experimenté cierta emoción al ver esa imagen en una pared del barrio que habito. La iconografía de temática “afro” se encuentra con frecuencia por allí y en San Telmo, pero en general representa a personajes anónimos, no a figuras de actuación histórica. Suelen aparecer representaciones de “morenos” celebrando fiestas y danzas, con cierta tendencia a reproducir el estereotipo de los afros centrados en las celebraciones y el baile.

Esta vez es diferente. Esperemos que la placa se conserve y que algún pintor mural de los que abundan en nuestra ciudad le dedique una obra a María Remedios. La que coexistirá en armonía con las representaciones de aspectos ligados al tango y al candombe.

La conciencia colectiva de que no somos el país blanco y europeo que nos contaron en perdurables leyendas estará agradecida.

Tomado de tramas.ar

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