Que esta tarde cueste lo que cueste

Por Matías Gianfelice

Una posible reflexión ante la violencia inexplicable de vivir al borde de ser Ariel Paniagua o Williams Tapón.

El problema no es la roja, la protesta, la piña, la patada, el desmayo, la locura, la vitalización, los memes desubicados, las excusas carentes de reflexión, la violencia reiterada, los abogados caranchos, las presiones, los audios, las publicaciones precoces, las notas pasado de emociones, el barrio, la canchita, el torneo amateur en Sarandí, el entorno familiar. Todo eso junto emerge cada día como contexto, como amalgama de una violencia más estructural y profunda.

El problema es material, es la precarización laboral, es la changa a destiempo y cansado, es el salario de miseria por más que te dispongas a vivir como esclavo, es el cuarto plato de arroz o polenta en la semana para que coman tus pibes, son las horas robadas viajando como ganado, son las eternas y violentas guardias de hospital público por un dolor de garganta, es el revoque que falta hace años, es el frío que entra en la cama, es saber que aunque te rompas el culo el futuro se lo fugaron hace rato.

Pero el problema también es cultural, es el individualismo comiéndote el cerebro a cada rato, es desconfiar de cualquiera, es creer que está todo tan podrido que mejor manotear algo antes que ser un gil, es ver amenaza en el de al lado y nunca arriba, es la idea del barrio donde ser pillo es el que te zarpa primero, es la mal lógica futbolera de “al rival pisalo”, son las décadas de pereza intelectual de quienes gobiernan y dirigen para generar otro modo de vincularnos y entendernos.

También el problema es humano, es la necesidad de salir de perdedor y dejarlo todo por un lateral mal cobrado en un campeonato amateur en el conurbano jugando para “La Cortada FC”, es hacer carne la violencia instituida y decretada, es el despojo de todo que tu pasión solo pasa por una pelota, es darle sentido a tu vida comentando todo por redes, es justificarlo todo cuando es de los nuestros, es no parar nunca, o parar muy tarde con un tiro en la cabeza.

Williams Tapón se mató. Ariel Paniagua estuvo cerca de ser asesinado en una cancha de barrio. A los dos los une la edad, el origen, la vida precarizada y explotada. Además sus realidades, sus reacciones, sus familias, sus frustraciones, sus rebusques y sus miedos; los unen a millones de personas de nuestro pueblo que viven y vivimos con angustiosa similitud. Nos queda una salida y es colectiva, se nos impone a quienes podamos tener ese tiempo extra, ese segundo racional de más, ese minuto de humanidad libre, re interpretarnos con otrxs, re pensarnos comunitariamente y re organizarnos como clase, como pueblo. Nos están empujando hace décadas a una selva de cemento enajenante y perversa; o nos arrojamos al sin sentido de comernos vivos o nos proponemos parar la pelota y dar vuelta el partido.

Tomado de tramas.ar

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