¿Por qué hablar del Día de la Diversidad Étnica y Cultural? Entrevista a Lenyn Johana Córdoba, afrofeminista colombiana

A propósito del pasado 12 de octubre, reconocido anteriormente como Día de la Raza, renombrado en algunos países de Latinoamérica como Día de la Resistencia Indígena y actualmente denominado en nuestro país como Día de la Diversidad Étnica y Cultural de la nación colombiana, conversamos con Lenyn Johana Córdoba Palacios, comunicadora, afro feminista, magíster en Ciencias Sociales, Género y Desarrollo y especialista en estudios Afrolatinoamericanos y del Caribe. En esta entrevista quisimos indagar por las percepciones y luchas afro, partiendo del concepto colonizador instaurado en nuestro continente: la raza.

Colombia Informa: ¿Por qué no conmemorar el Día de la Raza?

Lenyn Córdoba: Detrás de la raza persiste el paradigma de un descubrimiento y esta, como una postura colonial, nos pone a las personas racializadas en un lugar pasivo, en un lugar en el que no pudimos elegir, de total desconocimiento de nuestro lugar en el mundo y de todos los aportes que podríamos hacer más allá de nuestro color de piel. La raza sirvió para justificar el racismo que muchas personas en el mundo ya experimentaban, es una invención para referirse al otro, básicamente al color de la piel. Las personas racializadas identificamos que esta no es solamente una idea anacrónica, sino que, además, sostiene una estructura de dominación en la que se producen y reproducen constantemente todas las formas en las que opera la discriminación y todas las violencias que han devenido de ello. En ese sentido, las personas racializadas, las personas afro que hemos luchado por el acceso a la educación, las personas que hemos investigado, hemos conformado movimientos sociales indígenas y afros y que estamos en la discusión constante, llegamos a preguntarnos cómo era posible seguir siendo nombrades a partir de un mismo discurso de dominación y colonialidad, que no resalta ni reconoce nuestro valor histórico y ancestral y que, además, nos traía a la memoria todo el tiempo nuestro lugar en el mundo que es en la base de la sociedad, donde no tenemos ningún reconocimiento o valor. Por eso dejó de llamarse y de conmemorarse el Día de la Raza.

CI: Después de dejar de conmemorar el Día de la Raza, se comenzó a conmemorar el Día de la Resistencia Indígena ¿Por qué es importante ahora hablar del Día de la Diversidad Étnica y Cultural?

LC: Este Día de la Diversidad Étnica y Cultural de la nación colombiana es una lucha del movimiento social, pero además estaba ya en nuestra Constitución Política del 91 reconocer nuestra diversidad étnica y cultural y los aportes que hemos hecho al país, entonces a partir de allí lo que se busca con este día es incentivar las ideas en torno a la igualdad, la equidad, la dignidad de las personas que convivimos en diferentes territorios.

Entonces, ya que estamos hablando de aspectos tan relevantes como el valor cultural, la autonomía y el autorreconocimiento, pues era necesario mencionar que ambos grupos, las personas afro y las personas indígenas, hacemos un aporte muy importante en la conformación de lo que Lelia González, una académica brasilera, llamó Améfrica Ladina.

La expresión Améfrica Ladina busca visibilizar la participación de poblaciones amerindias y africanas en el proyecto social de Nuestra América y hacer un reconocimiento y una reivindicación de nuestra ancestralidad plural, de la cual fuimos desposeídas y desposeídos.

Esta es una categoría sociohistórica que retomamos en los feminismos negros decoloniales y que pasa a ser una categoría políticocultural que se llama la amefricanidad, la cual busca dar visibilidad a los espacios de lucha pero también a los espacios de sanación. Nos pone en un lugar de la historia más activo, nos facilita pensarnos a partir de esa experiencia de dominación y opresión que nuestras ancestras, ancestres experimentaron y cómo hasta hoy en día esto se sigue reproduciendo, así que era necesario nombrarlo a partir de la diversidad, porque tampoco todos los grupos poblacionales son idénticos. Las personas afro y las personas indígenas dentro de nuestra conformación también tenemos una diversidad étnica y cultural impresionante, no somos todos iguales.

Hoy más que nunca tiene vigencia la amefricanidad como categoría geopolítica y sociocultural porque, además, tuvo incidencia en toda Améfrica Ladina y es relevante porque implica un giro teórico político en el que las personas racializadas nos hacemos conscientes de cuáles son las formas en las que opera el racismo y pues esto implicó para nosotros reconocer lo que significa la herida colonial. A partir de esa experiencia de violencia de la dominación que produce racismo, en nuestra sangre hay una herida y hay una experiencia de violencia y de dolor que se ha transmitido por generaciones. En este sentido, el movimiento social afro y el movimiento indígena han estado llenos de relatos y de resistencias y hemos logrado construir procesos de autoidentidad muy relevantes para cuestionar esas categorías y esas maneras en las que se ha organizado la sociedad.

CI: A propósito de esa herida colonial que mencionas, hay personas que dicen que el racismo ya no existe ¿Qué opinas al respecto?

LC: Es bien interesante evidenciar cómo permanentemente nos encontramos en diferentes espacios donde la gente está reproduciendo estereotipos e ideas racistas acerca de las personas que fuimos nombradas a partir de nuestro color de piel, a partir de nuestras culturas y maneras de comportarnos. Es muy particular ver cómo se niega hoy, en el presente, el racismo solo porque algunas personas afro hemos luchado para llegar a diferentes espacios de reconocimiento, porque hemos llegado a organizarnos, y entonces se ha volteado, por alguna razón, la moneda y las personas terminan diciendo cosas como que los negros somos más racistas que las personas mestizas, por ejemplo, o desconociendo las acciones afirmativas o, como se le nombra, la discriminación positiva, diciendo que son un robo a sus derechos. También persiste la idea de que ocupamos un lugar histórico y que no deberíamos salir de ahí y esta idea estereotipada y racista acerca del lugar en el que deberíamos estar las personas afro, pues justifica el racismo.

Entonces en la medida en que el racismo, de la mano del patriarcado, son sistemas de opresión dominantes, podríamos hablar de que esta sigue siendo una sociedad racista, está en nuestra estructura, no es algo de lo que podamos salirnos. Tenemos ideas preconcebidas acerca de las personas racializadas y frente a esas ideas preconcebidas o estereotipos, entonces empezamos a asignar no solamente unos roles basados en el género, donde las mujeres afro nos vemos, de manera particular, afectadas, sino también entonces unos roles culturales, unos roles en el ámbito político, unos roles en general en la sociedad y esos roles son principalmente de exclusión, de falta de acceso a información, de falta de acceso a derechos. Entonces ahí es bien relevante mencionar que esto de que ya no existe el racismo pues es una falacia, es una creencia que algunas personas quieren seguir reproduciendo, que les cuesta de alguna manera cuestionar. Como feminista, tal vez académica, etnopedagoga, puedo nombrar las inequidades que persisten de acuerdo a la violencia racial que experimentamos, entonces hablamos de unos efectos crónicos en nuestra salud mental, por ejemplo, hablamos de una racialización de los oficios, hablamos de una emancipación, por ejemplo, en el caso de los derechos de las mujeres, pero en el que las mujeres afro e indígenas vamos un pasito más atrás porque hemos asumido unos roles en la sociedad que tienen que ver con nuestra condición socio histórica; roles del cuidado, del trabajo productivo y reproductivo, del trabajo remunerado y no remunerado, y eso implica estar en la base social, no solo de las economías sino de todo, porque entonces pasamos horas y horas en un lugar de trabajo, tratando de ganarnos el sustento y esto no nos permite acceder a esos derechos de forma digna, lo que hacemos es sobrevivir permanentemente.

Todo esto debería darnos pistas acerca de por qué unas personas, con una condición sociohistórica específica, están en esos lugares y no en otros. Nosotros estamos otra vez por debajo en esa pirámide social y eso tiene que ponernos a pensar acerca de cómo seguimos reproduciendo el racismo diariamente en diferentes ámbitos de nuestras vidas y cuál es la responsabilidad que tenemos ahí, porque terminó siendo responsabilidad de las personas racializadas hacer consciente al resto de la sociedad de que el racismo existe. Entonces cuando las personas a nuestro alrededor no entienden cómo es que reproducen ese racismo, terminamos siendo los resentidos, los que no nos ajustamos a las maneras en las que la sociedad se ha organizado y somos otra vez nosotros, nosotras, nosotres les responsables de hacer consciente a la sociedad del racismo, cuando debería ser la sociedad quien se ocupe de ese racismo que produce y reproduce y no digo la sociedad como si nosotros y nosotras y nosotres estuviéramos por fuera de, sino a esa sociedad que no nos reconoce como parte de esos espacios de toma de decisiones, de reconocimiento y de aporte social, en general, de esa construcción de lo que nombramos la nación o la patria.

Es así, como las problemáticas históricas no han desaparecido, solo se han agudizado, y faltan políticas públicas, falta compromiso de los gobernantes para promover la igualdad racial, pero también para hacer punibles los hechos claros de racismo que se expresan diariamente.

CI: Has estado nombrando a las mujeres afro y cómo hay unas relaciones de género importantes en este contexto de lucha y reivindicación política, al respecto ¿Cuáles son las reivindicaciones más importantes que tienen las mujeres afro en Colombia en la actualidad?

LC: Tenemos muchas reivindicaciones. Venía hablando de estos dos grandes sistemas de opresión que son el patriarcado y el racismo, y de ahí todo lo que se desprende en términos de opresión y que lo sostienen unos sistemas económicos, un paradigma capitalista que nos lleva a estar en unos lugares de exclusión y empobrecimiento sistemáticos, entonces digamos que las académicas, las organizadas en los movimientos sociales, las que hemos estado ahí visibilizando esas violencias con un enfoque diferencial o particular, que son el enfoque de género y el enfoque interseccional, nos hemos ido organizando. En Medellín tenemos el caso del movimiento de mujeres afro, no es nuevo, es un movimiento que se conformó hace varios años en la ciudad y que desde el 2019 empezó a llevar a cabo la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora, conmemoración que se estableció desde 1992 cuando se dio el Primer Encuentro de Mujeres Afrolatinas y Afrocaribeñas y hoy como mujeres afro de la ciudad, lo que queremos es retomar con dignidad este legado, decir fuerte que aquí seguimos y que nosotras estamos también para otras mujeres y para otras mujeres negras.

Nosotras nos enfrentamos diariamente a estereotipos como “es negra pero es muy bonita”, “usted es negra y no sabe bailar”, “las negras son ardientes y calientes en la cama”, “tu cabello afro no es profesional”, “para ser negra eres muy inteligente”, y, por ejemplo, cuando una mujer afro está en el ámbito de la salud y es doctora generalmente es confundida con la empleada del servicio doméstico. Todas estas son formas de violencia, como he dicho, de carácter histórico y han sido construidas sobre patrones de jerarquización, como la raza, la clase y el género. Ahí el enfoque interseccional es clave y es una ruta de navegación para comprender cómo el racismo se desenlaza o desencadena en situaciones de desigualdad y discriminación que han sido naturalizadas en el imaginario colectivo de las personas y de las instituciones, como principales vulneradoras de los derechos de las personas racializadas.

Esta problemática estructural debe ser vista de manera particular en el caso de las mujeres racializadas, porque hay una asimetría y unas violencias que vivenciamos solamente las mujeres racializadas afros e indígenas. Hoy se agudizan esas violencias; cada vez hay mayor competitividad y esas violencias lo que hacen es generar unas grandes brechas o profundizar, por ejemplo, la grieta de la pobreza. Nosotras como mujeres hemos identificado y hemos experimentado lo que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe -CEPAL- ha dicho y es que nos enfrentamos a mayor incidencia de la pobreza y feminización de la pobreza, no tenemos acceso a vivienda, agua, saneamiento, electricidad, internet, cuando estamos en las zonas rurales hay un alto porcentaje de mortalidad infantil y materna, hay un elevado número de embarazos adolescentes, el acceso al sistema educativo es precario, las tasas de rezago y de abandono escolar acentúan esa desigualdad y esa inequidad en el acceso a una educación digna y luego a empleos dignos, a sueldos dignos y a pensiones dignas, tenemos mayor desempleo e informalidad.

Ante este panorama, nosotras como movimiento social manifestamos la siguiente pregunta y es ¿Cómo podemos soñar con un proyecto de vida si estas violencias no solo amenazan nuestro presente sino también nuestro futuro? Va coartando nuestras opciones, afectando nuestra vida comunitaria, afecta el tejido social y afecta nuestras costumbres culturales y ancestrales.

Tomado de colombiainforma.info

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