Norita, la madre de todas las batallas

A sus 93 años, Nora Cortiñas, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, sigue apoyando todas las grandes causas de su tiempo: “No me puedo quedar en mi casa encerrada, sin hacer nada, si veo que hay una injusticia contra el pueblo”.

La entrevista con Norita Cortiñas cuesta, pasa de un día para otro, se hace esperar. Finalmente, el punto acordado es el bar La Embajada, a unos metros de Plaza de Mayo (Buenos Aires), donde suele reunirse con un grupo de personas cada jueves, luego de la ronda. Decir después de la ronda de las Madres, a esta altura, es como quien dice después del trabajo, o después del partido, o después de lo que sea. No hace falta preguntar el día y la hora. Después de todo, ¿quién no sabe que desde hace 46 años las Madres de Plaza de Mayo dan vuelta a la plaza cada jueves a las 15.30 h, nieve, truene o pase lo que pase?  Y, por lo mismo, ¿quién no sabe quiénes son Norita, Hebe o Estela en Argentina sin siquiera mencionar sus apellidos?

Teresa manda un mensaje para avisar que ya están en el bar, pero también advierte que Norita está cansada y que primero tiene que merendar. Norita merienda cerveza y Teresa la asiste en todo lo que puede, y en lo que Norita la deja. Teresa maneja la agenda a la perfección, y hace magia para hacerle un hueco a todos los “sí” con los que Norita responde cada vez que la convocan a algo.

Con Norita hay que cuidarse de no exagerar porque es fácil caer en expresiones grandilocuentes, aunque su fisonomía se exprese en un conjunto tan pequeño. Es que Norita es cuerpo y es presencia, toda ella; pero tiene 93 años y el cansancio propio de una vida intensa, y los más que obvios cambios de ritmo que se le imponen, aunque se resista. Es que lo de poner el cuerpo, en el caso de Norita, no es solo una expresión pomposa, abundan las muestras de ello para quien quiera pasar a ver, y asegurarse de que resiste cualquier archivo. Si bien ya no le da el cuerpo para viajar hasta el Kurdistán para apoyar la lucha del pueblo kurdo (2019), o para jugar un picadito de fútbol frente al Congreso como cuando tenía 88, sigue yendo todos los jueves a las rondas.

Lo del picadito se viralizó, y no es para menos. Norita jugó al fútbol frente al Congreso durante el Día de la Visibilidad Lésbica, y en apoyo a Higui de Jesús, procesada por homicidio por defenderse cuando la quisieron violar al grito de “lesbiana forra”. Lo del fútbol llegó lejos, tanto que Norita cuenta con un equipo que lleva su nombre: el “Norita Fútbol Club”.

En junio de 2022, el Norita FC quedó oficialmente constituido con una comisión de fútbol completamente formada por mujeres, y en un acto en el que Norita firmó el acta fundacional como presidenta honoraria. Las jugadoras de este espacio que combina la lucha feminista y disidente, los derechos humanos y el amor al fútbol, también quisieron homenajear en vida a la madre de todas las batallas.

“Yo era una madre común, con una vida privada, una familia y dos hijos varones, los dos estudiantes, y, de repente, cuando se llevaron a Gustavo salí a la calle y mi vida cambió totalmente”

“El día en que me enteré de que había un equipo de fútbol con mi nombre y con una camiseta con mi cara sentí una sorpresa enorme, una conmoción. ¡Es un homenaje muy grande para mí, que estoy viva! Pero, bueno, si a las chicas las inspira mi nombre, mi vida, mis luchas, voy a tratar de seguir inspirándolas”, cuenta la misma Norita en un texto que escribió Ayelén Pujol en el libro Pelota de Papel 3. Cuentos escritos por mujeres futbolistas (2019). “Quién sabe: quizás puedo jugar con ellas. ¿Por qué no? Yo creo que podría probarme. (…) Algunos me dicen que soy petisa para dedicarme al fútbol, pero no me parece que la estatura sea indispensable, salvo en el básquetbol. Si no, miren a Messi o a Maradona”, reflexiona, en una comparación que podría resultar más que acertada para muchas y muchos.

Ahora, y después de unos meses malos, Norita usa una silla de ruedas para participar de las actividades, y el pañuelo en la cabeza, el de siempre, el de las Madres, el que la identifica con una historia de lucha, pero que ahora también la protege del sol, como en su momento la protegió de los militares. Los mismos que no se atrevieron a correr de la plaza a esas señoras que pedían por sus hijos y que, ante la amenaza de ser desalojadas por la fuerza, se pusieron a caminar alrededor del monumento; y así hasta hoy.

Norita se casó con apenas 19 años y tuvo dos hijos: Gustavo y Carlos. “Yo era una madre común, con una vida privada, una familia y dos hijos varones, los dos estudiantes, y, de repente, cuando se llevaron a Gustavo salí a la calle y mi vida cambió totalmente”, reconoce. Desde ese momento, y desde hace 46 años está en la calle, “y en la lucha”.

Su nombre completo es Nora Irma Morales, nació un 22 de marzo de 1930, y toda su familia era de origen catalán: “Mi abuela era valenciana y mis padres catalanes, de Barcelona. Eran republicanos que soñaban con una Catalunya independiente y que lucharon siempre por la libertad”.

Gustavo fue el primero en hablar de política en la mesa familiar de una casa donde la vida discurría sin grandes discusiones sobre la realidad social; pero Argentina en los 70 vivía uno de los momentos de agitación política y de participación más importantes de su historia, y el debate, arrastrado por la coyuntura, empezó a colarse por las ventanas de muchos hogares donde antes parecía impensable que eso sucediera. “Gustavo tenía los mismos ideales de muchos jóvenes de la época, de libertad y de independencia”, rememora. “Luchaban para poder expresarse y querían que el país tuviera justicia social y una vida digna para todos. Formaba parte de una generación de jóvenes que salió a pelear a la calle”.

Por ese entonces, Gustavo había empezado a trabajar en el Ministerio de Economía y le pidió a una compañera que lo llevará a la Villa 31 —uno de los barrios de chabolas más grandes de Buenos Aires—, donde militaba, y allí se involucró con la Juventud Peronista, y conoció al padre Carlos Mugica, del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y Curas villeros, y a Ana, su pareja y la madre de su hijo Damián. La última vez que tuvieron contacto fue en la Semana Santa de 1977. Gustavo fue secuestrado el 15 de abril en la Estación Castelar, en el mismo barrio donde todavía vive Norita.

“[Para seguir] me impulsa la búsqueda de los ideales de mi hijo, y de los 30.000, y la lucha”. Una lucha que creció al calor de otras luchas, y que la volvió incansable

Desde entonces, Norita también sale a la calle. Es verano en Argentina y la temperatura no suele bajar de los 30 grados, pero ni eso, ni nada que se le parezca, ha sido nunca un impedimento: “Me impulsa la búsqueda de los ideales de mi hijo, y de los 30.000, y la lucha”. Una lucha que creció al calor de otras luchas, y que la volvió incansable: “Hay que pelear, tenemos un gobierno que se propone borrar con el codo años de lucha y de derechos que conseguimos para una vida digna. Este Gobierno es todo lo contrario de por lo que luchamos, y por lo que lucharon nuestros 30.000, por eso sigo”.

Además de la lucha por los derechos humanos post dictadura, y de la búsqueda de memoria por Gustavo y por los 30.000, Norita es conocida por su participación en un sinfín de causas tanto de la agenda nacional como internacional, que incluye desde cuestiones de género hasta la lucha del pueblo kurdo o la campaña de Lula en Brasil. “También estoy en temas como la defensa del agua y de la tierra, y la lucha por la ley del aborto u otras cuestiones de género o el no pago de la deuda externa”, aclara. “El FMI nos quiere cobrar una deuda que no gastó el pueblo, y cada gobierno pide dinero y después el Fondo viene a querer cobrar eso, pero nosotros no tenemos por qué responder. Eso se lo metieron en los bolsillos los políticos que nos gobiernan”.

Sí hay algo que se le reconoce a Norita es su enorme capacidad de lucha y de presencia, porque lo suyo pasa, fundamentalmente, por poner el cuerpo: “Yo participo de todas las luchas que se hacen por la libertad y en contra de las injusticias. Trato de estar, no me puedo quedar en mi casa encerrada, sin hacer nada, si veo que hay una injusticia contra el pueblo”.

Norita no llegó a terminar la secundaria porque conoció al padre de sus hijos y abandonó. Luego nacieron Gustavo y Carlos, y se dedicó a criarlos y a coser, trabajaba como modista. Y aunque milita cuestiones de género, también reconoce que viene de una formación, y de un recorrido, cargado de prejuicios, y que le llevó tiempo entender que además de deberes, tenía derechos. “Era lo que veía en mi casa con mí mamá”, aclara. “Nunca había pensado en el feminismo como solución para un cambio de vida de las mujeres. Sin embargo, cuando empecé a salir a la calle, me di cuenta que todas las mujeres que iba conociendo tenían una noción del feminismo, y que eso era muy importante: la liberación de la mujer en todos los aspectos de su vida”.

“Tenemos un gobierno que se propone borrar años de lucha y de derechos. Este Gobierno es todo lo contrario de por lo que luchamos, y por lo que lucharon nuestros 30.000, por eso sigo”

La militancia por la ley del aborto también llego con los años. “Desde jovencita, siempre vi que para hacer un aborto cuando una mujer no quiere tener un hijo, y es clandestino, el riesgo de morir es muy alto, y que si la mujer es pobre le cuesta muchísimo más porque le es más difícil encontrar una solución”. Y aunque se lograron leyes como la del aborto, y otras, “con mucho dolor y lágrimas”, Norita opina que “en Argentina seguimos atrasadas respecto a los avances de las mujeres”, y que “todavía cuesta que las mujeres accedan a cargos políticos”.

Argentina es referencia mundial en materia de derechos humanos post dictadura, pero actualmente tiene una vicepresidenta, Victoria Villarruel, que reivindica el terrorismo de Estado y un Gobierno que vino a llevarse puestos casi todos los derechos conquistados en estos 40 años de democracia: “Son fascistas. Ganaron con los votos de parte del pueblo, pero hay que salir a pelear porque tenemos todo en contra”.

Respecto a la llegada al poder mediante las urnas de un gobierno de ultraderecha, Norita cree que se trató de una confluencia de factores. Los motivos van desde errores de lectura y de diagnóstico de la situación por parte del campo popular/progresista/de izquierda, hasta engaños propios de las campañas políticas. “Creo que la izquierda falló en la comunicación, y que no alcanzamos a dimensionar”, sostiene. “Las campañas políticas, en el ejercicio de buscar votos, representan un engaño. Se hizo mucho daño y, como además votó mucha juventud que votaba por primera vez, toda la historia de la dictadura cívico militar eclesiástica, y la historia argentina en general, quedó muy oculta. Faltó memoria, pero Milei ganó en las urnas, así que lo que hubo fue una falla colectiva, y una gran falta de comunicación entre los jóvenes y los políticos que no supieron escuchar esas voces y sus requerimientos”.

“Faltó memoria, pero Milei ganó en las urnas, así que lo que hubo fue una falla colectiva, y una gran falta de comunicación entre los jóvenes y los políticos que no supieron escuchar esas voces”

Lo de que Argentina es una referencia en materia de derechos humanos a nivel mundial no es una frase hecha, lo avalan años de lucha y numerosos procesos y juicios de lesa humanidad, pero Argentina, hoy por hoy, también es Milei y un país sumido en la pobreza que trata desesperadamente de encontrar un nuevo rumbo. En esta Argentina fragmentada y rota, con una clase política enormemente desprestigiada, Norita es un norte: “Yo tengo esperanzas de que esto va a cambiar. El mundo gira, se van dando cambios que no puede parar nadie, y vamos aprendiendo a mejorar”. Las contradicciones pesan, en cualquier lado, pero se hacen aún más visibles, y quedan más expuestas, en este país de marcados y evidentes contrastes. Y es ahí donde Norita ilumina, con su irreductible presencia.

Tomado de elsaltodiario.com

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