Roberto Liebgott – Operación Yanomami: grupo de trabajo sin fuerzas

A pesar de los esfuerzos de muchos para combatir el hambre y las enfermedades, no se logró ningún éxito porque, al mismo tiempo, otros actores estatales relativizaron las determinaciones dadas en el ámbito de la Operación Yanomami.
La opinión es la de Roberto Liebgott, miembro del Consejo Indígena Misionero – Cimi Sul, en un artículo publicado por Cimi el 01-12-2024.
Aquí está el artículo.
A principios del nuevo año 2024 se difundieron imágenes de niños yanomami desnutridos, iguales o incluso peores que los de 2023. Son tan fuertes y crueles que desgarran el alma de cualquiera que tenga un poco de compasión. Hace un año, el nuevo gobierno anunció el surgimiento y la urgencia de una acción contundente, en el estado de Roraima, para combatir la desnutrición y la muerte yanomami y, al mismo tiempo, desarrollar un grupo de trabajo, a través de la Policía Federal, la Fuerza Nacional de Seguridad y Ejército, con los objetivos de sacar a los mineros invasores del interior del territorio indígena y prevenir nuevas incursiones. En ese momento, se formularon acusaciones contra el anterior gobierno de Bolsonaro, que alentó la invasión minera, y funcionarios y partidarios del gobierno pronunciaron innumerables discursos sobre la importancia de las iniciativas del presidente Lula. A pesar de los esfuerzos de muchos servidores públicos y líderes indígenas por planificar acciones y servicios para combatir el hambre y las enfermedades, el éxito no se logró porque, al mismo tiempo, otros actores del Estado –Ejército, Fuerza Aérea y Fuerzas de Seguridad– –de manera comisiva- , relativizaron las determinaciones dadas en el marco de la Operación Yanomami.
En este ambiente de contradicciones, los yanomami continuaron muriendo y los mineros continuaron explorando y devastando la tierra y su entorno. Dolor, enfermedad, hambre, desnutrición, violaciones, devastación, asesinato, caos. Estas palabras resumen el período de un año de un grupo de trabajo sin fuerzas. Así lo demuestra la información del Ibama de que sus inspectores recibieron al menos diez disparos durante 2023 (Carlos Madeiro, columnista de UOL, 05/01/2024).
Las imágenes difundidas por cadenas de televisión y los testimonios de líderes indígenas y prestadores de servicios dentro del Distrito de Salud Yanomami denuncian el drama de esa realidad consumida por la violencia. Las imágenes de madres y niños enfermos transportados, bajo un sol abrasador, en remolques tirados por “tobatas” (una especie de microtractores) tuvieron un profundo impacto. Las imágenes demuestran claramente que el genocidio yanomami continúa. Las imágenes, a pesar de ser dramáticas, no expresan toda la realidad, que es mucho más cruel en la soledad de las malocas, en la convivencia forzada con quienes las violan y matan cada segundo, minuto, hora, día, semana, mes y año.

El gobierno federal necesita, además de discursos y planes, invertir recursos, contratar y capacitar personas, adquirir e implementar infraestructura –equipos y medicamentos- que actúe de manera permanente dentro del territorio. Y, en el otro frente, luchar contra los invasores, sacándolos de las zonas y responsabilizándolos civil y penalmente, y, principalmente, persiguiendo a los grandes financistas de esta masacre.

Tomado de ihu.unisinos.br

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