La Universidad de Barcelona y las denuncias por acoso sexual

Por Polly Peachum.

Hace una semana, eldiario.es publicaba una investigación del periodista Pol Pareja en la que salían a la luz los mensajes enviados por Jordi Matas, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Barcelona, a una de sus estudiantes. Ella denunció por acoso al catedrático, que iba a ser su tutor del Trabajo de Final de Grado (TFG). Junto a la denuncia, que remitió a la Unidad de Igualdad de la Universidad en marzo de 2017, la estudiante aportó los mensajes que Matas le mandaba y dejó escrito en su instancia, según cuenta eldiario.es, que el profesor “la acariciaba en las piernas, los brazos y las manos”.

El periódico digital explica que ha podido acceder a los mensajes y que ha entrevistado a unas veinte personas que corroboran la versión de la denunciante. A saber: que lo que empezó siendo una relación académica estrecha, en la que ella, de entonces 21 años, veía a Matas como a un “mentor”, habría derivado en una situación de acoso en la que el catedrático le reprochaba su falta de interés (sexual) por él por teléfono y la seguía por la Universidad hasta el punto de entrar a buscarla a un aula en la que ella se estaba examinando.

Recomiendo encarecidamente la lectura de la investigación de Pareja en eldiario.es y, sobre todo, el seguimiento que el medio sigue haciendo del caso. Llama la atención que Matas, que no quiso hacer declaraciones entonces, sí que habló con TV3, que el martes ofreció un resumen del caso y cubrió las protestas que se produjeron en la Universidad. En declaraciones a TV3, Matas negaba los hechos y la connotación sexual de los mensajes (de mensajes como “Hoy he vuelto a soñar contigo, nos lo pasábamos muy bien”, con el que Pareja titulaba su reportaje). Además, el catedrático añadía que tiene intención de denunciar a eldiario.es y que la filtración del expediente de 2017 se hizo con intencionalidad política por sus vínculos con el independentismo. Con todo, tras protestas de estudiantes y profesorado, al día siguiente Matas renunciaba a su cargo de Vicerrector para “poder emprender sin limitaciones institucionales las acciones legales que cree oportunas para defender su honorabilidad”.

A continuación, me gustaría recoger dos lecciones y una reflexión que a mi juicio nos recuerda este caso y las informaciones que se han ido publicando al respecto.

Primera lección: las acciones tomadas hasta la fecha parecen responder únicamente a la presión estudiantil y mediática.

Si por el actual rector fuera, Matas seguiría en su cargo de Vicerrector a pesar de que la resolución de 2017 ya concluyó que su conducta “había podido ser contraria a los valores éticos y deontológicos exigibles” al profesorado y había merecido, cuando menos, una reprimenda verbal. Recordemos que Joan Guàrdia incluyó a Matas en su candidatura a las elecciones al rectorado de 2020, pero desapareció de esta —y de sus vídeos promocionales— cuando un grupo de estudiantes que conocía el caso protestó. Pocos meses después de ganar las elecciones, Guàrdia le concedió el Vicerrectorado de Relaciones Institucionales, Comunicación y Política Lingüística.

Por otra parte, la Universidad de Barcelona ha emitido un comunicado este miércoles en el que llama a la “prudencia” y al “respeto”. Y en el que parece temer más las protestas estudiantiles y el posible señalamiento público a Matas que las experiencias que relata la denunciante y su entorno.

Tomamos nota. Entendemos que la Universidad de Barcelona, como institución, no responde a criterios deontológicos, sino publicitarios. Y que la próxima vez que suceda algo, el camino más recto para que se exijan responsabilidades es un buen escándalo en los medios.

Esto resulta curioso, dado que la universidad insiste habitualmente en que las estudiantes se remitan a los cauces institucionales y “no se tomen la justicia por su mano” (organizando escraches y protestas contra acosadores, justo como había sucedido la semana anterior en la Facultad de Filología a raíz de la acusación contra otro profesor). ¿Pero tienen las estudiantes algún tipo de garantía acerca del compromiso y la eficacia de la universidad para dar respuesta a casos como estos?

Y esto nos lleva a la segunda lección: la institución ha sido incapaz de dar respuesta a la denuncia de una estudiante que tenía pruebas y testigos.

Les emplazo, de nuevo, a leer el reportaje: dos semanas después de presentar la denuncia, esta no se tramitó porque el documento se extravió “por un error informático”. Una comisión de la universidad formada por tres hombres archiva el caso tras un interrogatorio en el que se la culpabiliza a la alumna de la situación. En una enésima versión del “llevaba usted la falda muy corta”, la estudiante explica que los miembros se preguntaban por qué ella seguía respondiendo los mensajes de Matas. Según confirman tres personas a eldiario.es, la secretaria salió de la sala llorando a mitad de la declaración.

¿Qué mensaje se está dando a las estudiantes, a las profesoras? Que la única denuncia útil es una entrevista en televisión que pueda manchar la imagen de la universidad o de los amigos del equipo rectoral.

La institución no es capaz de abordar con eficacia el problema de la violencia machista. (Esto lo dice la propia Asamblea Feminista de la universidad).

Reflexión. Al leer el reportaje, después de pensar en cómo se sentirá la estudiante, pienso en cómo se sentirán los colegas de los agresores y de sus encubridores.

Quiero pensar que en una institución del tamaño de Universidad de Barcelona hay un sinfín de profesores que no comprenden cómo pueden enviarse semejantes mensajes a una alumna de 21 años a la que, recordemos, uno planea dirigirle un trabajo. Pero es urgente pasar de la sorpresa a la indignación. Cuando un compañero profesor bromee con el físico de sus alumnas, háganle saber que su actitud no solo les sorprende, sino que les asquea. Cuando estén en su despacho con una estudiante y otro profesor pase y les diga “Qué bien acompañado estás, ¿eh?” (muchas mujeres hemos vivido esto como alumnas, ¡pregunten!, ¡pregunten!), háganle saber a este compañero que no solo están atónitos, sino también indignados. Cuando sus amigos establezcan relaciones con chicas que son “muy maduras para su edad” y sobre las que, casualmente, tienen siempre una relación de poder o que se parece sospechosamente a las películas de Woody Allen, háganles saber que quizá están a punto de cometer un delito.

Háganlo aunque sea porque parece que los tiempos están cambiando. Y porque cualquier día pueden verse a sí mismos, como se estarán viendo muchos estos días, respondiendo llamadas de periodistas para hablar sobre aquel amigo suyo tan carismático que tenía tan buen rollo con sus alumnas.

Tomado de sinpermiso.info

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