Peter Drucker: “Es difícil razonar con personas que están atrapadas en una especie de pánico identitario”

Julia Cámara entrevista a Peter Drucker

Peter Drucker (EE UU, 1958) es un un activista y escritor marxista queer es uno de los fundadores de la Red sobre Sexualidad y Economía Política.

Peter Drucker (Estados Unidos, 1958) se declaró gay en 1978, el mismo año en que se afilió por primera vez a una organización socialista. Su libro Desviades: normalidad gay y anticapitalismo queer (Sylone, 2023), que estará presentando en Barcelona, Madrid y Zaragoza a mediados de noviembre, llega tras varios años de fuerte debate público sobre los derechos trans y de progresiva apertura de las izquierdas a las luchas queer. Hablamos con él sobre las potencialidades de esta alianza y sobre la construcción de un movimiento radical que abrace y busque emancipar “la totalidad de la experiencia humana”.

Hace casi una década que publicaste Desviades en inglés. Que tantos años después aparezca la traducción al castellano demuestra que el libro sigue siendo importante y que muchos de los aportes que en él se realizan son útiles hoy, a las puertas de 2024. Sin embargo son muchas las cosas que han cambiado, tanto a nivel de la situación que viven los movimientos populares en el mundo como de las recomposiciones ideológicas en torno a los derechos de las personas LGTBIQ. ¿Cuáles dirías que son los cambios más relevantes? ¿Cuál es el valor del texto en este momento?
Tengo que decir que yo mismo estoy sorprendido por la escala y la importancia de lo queer para la historia de la humanidad en la última década. La prominencia de las cuestiones queer es cada vez mayor y cada vez más innegable, incluso para las personas que no son ellas mismas queer y que nunca estuvieron especialmente interesadas en las políticas sexuales y de género, tanto en la derecha y la extrema derecha como en la izquierda, ¡quizás incluso más en la derecha! En mi introducción a la edición castellana he intentado resumir algunos de los principales acontecimientos recientes.

¿Cuáles son?
Los ataques de la derecha a la “ideología de género”, y especialmente a las personas trans y a las “familias elegidas” queer, obligan a la izquierda a clarificar y repensar sus propias posiciones. La distinción tradicional que hicimos en los años setenta entre el género construido socialmente y el sexo dado biológicamente ha demostrado no ser lo suficientemente compleja. Y el rápido auge de las prácticas y autoidentificaciones queer y no binarias, especialmente entre les jóvenes, está socavando cada vez más la idea de que ser “hombre” o “mujer”, “gay” o “hetero”, es algo “natural”, aunque esta idea siga siendo fuerte y estando aún profundamente arraigada entre las personas LGBTIQ. ¿Quién puede imaginar hoy cómo será el panorama sexual y de género dentro de una década?

El auge de Black Lives Matter ha puesto de relieve los vínculos entre la organización antirracista y la organización queer. La forma en que la historia de la humanidad es vista, especialmente la de los últimos cinco siglos, está siendo transformada rápidamente por la consciencia de los genocidios cometidos contra los pueblos indígenas y del persistente legado de la esclavitud y el colonialismo, a pesar de la feroz resistencia de la derecha y de demasiadas personas que se identifican activamente con la blancura o la europeidad. Movilizaciones como Black Queer/Trans Lives Matter están poniendo de relieve estas conexiones.

Las cuestiones de género y sexuales se encuentran inesperadamente en el centro de las divisiones geopolíticas del mundo (cada vez más profundas), incluidos los conflictos armados potenciales o ya existentes: entre Rusia y Ucrania, entre China y Taiwán, entre Europa Oriental y Occidental, entre diferentes potencias que compiten por la influencia en África, dentro del mundo islámico. La izquierda necesita tener su propio análisis, independiente y crítico, no sólo en relación con los autoritarismos ultrarrepresivos de extrema derecha como Putin, sino también en relación con los esfuerzos homonacionalistas (por utilizar el término de Jasbir Puar) de Estados Unidos, sus aliados europeos y de otros países para instrumentalizar a las comunidades LGBTIQ en interés del imperialismo.

¿Qué valor tiene el libro Desviades ante estos cambios?
Otras personas tendrán que juzgarlo, por supuesto. El libro es uno de los varios que han intentado aportar el marxismo a estas cuestiones y debates. Si tuviera que señalar la contribución particular de Desviades, diría que hace un esfuerzo especial por ser internacionalista, por oponerse al eurocentrismo y por situar las luchas queer en la historia de los cambios en el capitalismo y en las sociedades precapitalistas. Por ejemplo, tratando de situar las luchas trans actuales en la historia milenaria de lo trans.

En el libro haces una esfuerzo por trazar una genealogía del anticapitalismo queer, recogiendo también aportes que no provienen necesariamente de la militancia LGTBIQ. ¿Añadirías algo si escribieras el libro hoy?
Creo que lo que escribí en Desviades sobre la política sexual de las corrientes marxistas, que abarca un siglo o incluso más, resiste bastante bien el paso del tiempo. Es una lástima que demasiado a menudo les propies queers radicales no estén interesades en conocer esta historia e indagar en ella. Muches queers de izquierdas todavía tienden a asumir (comprensiblemente dado el historial del estalinismo) que el marxismo siempre ha sido sexualmente represivo, en contraste con un anarquismo que habría sido siempre sexualmente liberador. Lo cierto es que se han escrito cosas interesantes sobre las vertientes puritanas del anarquismo histórico, especialmente en el Estado español. Quizás si estuviera escribiendo Desviades hoy seguiría el trabajo de Michael Löwy y Olivier Besancenot sobre las “afinidades revolucionarias” entre anarquismo y marxismo y discutiría más las limitaciones de estas dos tradiciones.

Tengo la impresión de que en el último tiempo está aumentando el interés por el marxismo queer, y de que lo hace en entornos no necesariamente académicos. Seguramente el magnífico libro de Holly Lewis (La política de todes, Bellaterra, 2020) tenga mucho que ver, pero siempre que las ideas entran bien es porque hay sectores dispuestos a recibirlas. ¿Dirías que la reciente oleada de sindicalización que se está viviendo en Estados Unidos (Starbucks, automoción, etc.) está contribuyendo a ampliar y redefinir la identidad de clase trabajadora en el mundo occidental? ¿Cómo valoras este fenómeno y cómo podemos contribuir a esta recomposición de clase desde las luchas queer y feministas?
Es interesante que elijas dos ejemplos de las actuales olas de huelgas que muestran el desigual margen que existe para la queerización de las luchas obreras. Históricamente, la industria fabril, con su tradicional cultura masculina, no ha sido que digamos muy acogedora para les sindicalistas queer, mientras que el sector servicios y el sector público (el profesorado, por ejemplo) sí han proporcionado más oportunidades para vincular las luchas sexuales y de clase. El sector servicios sigue teniendo unos niveles medios de organización sindical terriblemente bajos, y esto tiene que cambiar si queremos que la actual oleada de luchas conduzca a grandes avances para les trabajadores. Pero para ello necesitamos nuevos enfoques, capaces de organizar una fuerza de trabajo feminizada y desproporcionadamente queer. M.E. O’Brien, por ejemplo, ha escrito sobre el potencial de organización obrera de les trabajadores trans en la industria del videojuego. Si se producen avances en estos sectores, entonces aumentará enormemente la identificación con la lucha de clases entre la gente queer, entre quienes me temo que el interés por el marxismo, aunque aumentando, se ha concentrado hasta ahora en estudiantes y personal académico. Quizás la situación sea mejor en el Estado español, donde las huelgas de mujeres han sido excepcionalmente fuertes.

En el libro prestas atención a los distintos modos en que las vidas queer y los derechos de las personas LGTBIQ son utilizados por la extrema derecha. Me gusta especialmente tu propuesta de hablar de heteronacionalismo como una ideología reaccionaria que surge en respuesta al homonacionalismo imperialista, y del modo en que ambas se necesitan y refuerzan. Quería preguntarte cómo valoras el surgimiento de una corriente transexcluyente en el movimiento feminista y la manera discursos como “el borrado de las mujeres” están acabando haciéndole el juego a la ultraderecha y a la ofensiva general contra nuestros derechos.
Creo que la corriente a la que te refieres es la que se autodenomina gender-critical [el autodenominado “feminismo radical”]. En realidad esta corriente borra parcial o totalmente el concepto de género de su pensamiento, eliminando así uno de los conceptos más fundamentales y radicales del arsenal teórico feminista. Por suerte, creo que esta corriente es más débil en su conjunto que hace 50 años, cuando una escritora antitrans como Janice Raymond expresaba opiniones que eran compartidas por muchas personas que se identificaban como feministas. Hoy en día mi impresión es que especialmente la gente joven es trans-incluyentes en su gran mayoría, y las denominadas “feministas críticas con el género” están asediadas y a la defensiva, afirmando a menudo (creo que a veces sinceramente) estar ellas mismas a favor de los derechos de las personas trans. Pero los peligros contra los que alertan (por ejemplo, que los hombres se hagan pasar por mujeres trans para infiltrarse en los espacios femeninos y atacar a las mujeres) son los mismos que utiliza la extrema derecha para atacar a las personas trans en general. Es difícil llegar y razonar con personas que a menudo están atrapadas en una especie de pánico identitario. Aunque no hagamos concesiones a su ideología y seamos intransigentes a la hora de promover las reivindicaciones de las personas trans y no binarias, creo que tenemos que basarnos en la medida de lo posible en pruebas objetivas y evitar reforzar la percepción que esta corriente tiene de sí misma como perseguidas de alguna manera.

En los meses más duros de la covid-19, muchas personas volvimos la vista a la lucha contra el VIH buscando herramientas con las que hacer frente a la pandemia. ¿Crees que la defensa de la sanidad pública y la lucha por el acceso universal a la salud puede funcionar como articulador de las luchas populares en el nuevo siglo? ¿Cómo construimos un programa que ponga las vidas más vulnerables (queer, migrantes) en el centro?
La defensa de la sanidad pública y la lucha por el acceso universal deberían ser temas absolutamente centrales para la izquierda radical. Desgraciadamente, la izquierda parlamentaria apenas fue visible durante la pandemia, votando a menudo a favor de las medidas de emergencia propuestas por los gobiernos sin fomentar movilizaciones masivas por un programa verdaderamente radical de Covid Cero. Esto regaló en buena medida a la extrema derecha la iniciativa de apelar a la rabia justificada de la gente. La extrema derecha ha tenido la ventaja de que, al negar o minimizar los peligros reales del covid-19, se ha saltado más fácilmente las normativas contra las concentraciones públicas. Pero creo que la izquierda podría haber aprendido de la creatividad de ACT UP (no de sus tácticas específicas, ya que los virus corona se transmiten mucho más fácilmente que el VIH y exigen formas de acción diferentes) a la hora de inventar nuevas formas de movilización. La defensa de las vidas más vulnerables pasa necesariamente por la movilización codo con codo con la gente más vulnerable (de formas que la protejan ante posibles represalias) y especialmente por la impugnación de los “derechos de propiedad intelectual” sobre vacunas y medicamentos. La gran victoria que la Treatment Action Campaign de Sudáfrica obtuvo contra este régimen neoliberal se perdió en gran medida de nuevo frente a la covid-19. Es necesario volver a ganarla.

Me gustaría acabar con la recuperación que haces de Rosemary Hennessy y de su concepción del deseo como clave para la organización misma de la clase trabajadora. Decía ella que “una política sin sexualidad está condenada al fracaso o a la deformación”. ¿Cómo puede el anticapitalismo queer ayudarnos a romper con la estrecha agenda del conformismo institucional sin caer en la autorreferencialidad y la amargura? ¿Qué significa para ti hacer política desde el deseo?
Hennessy hizo una gran contribución a la izquierda radical durante unos años en los que todavía no había tomado forma una corriente marxista queer específica. Y su argumento sobre una política basada en el deseo es crucial. El mayor reto para la gente queer es actuar de manera franca y explícita y no pedir disculpas por nuestros propios y distintivos deseos mientras que, al mismo tiempo, somos capaces de apelar a los deseos que unen e inspiran a millones de personas en la defensa de sus intereses. Parafraseando a Marx en sus tesis sobre Feuerbach, es la praxis revolucionaria la que puede educar el deseo. Así es como puede forjarse un sujeto capaz de transformar la sociedad, manteniendo la iniciativa en las calles y no en los pasillos del poder.

Fuente: El Salto Diario

Tomado de puntodevistainternacional.org

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