Elecciones en la era de la infocracia

Por: Franklin González

“La democracia no es compatible con el nuevo nihilismo porque supone un discurso de la verdad. Sin embargo, la Infocracia puede prescindir de la verdad” Byung Chul Han.

Las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO), realizadas en Argentina, el 13/08/2023, donde salió triunfante Javier Milei, quien dijo que eso ocurrió “por representar la verdadera oposición en Argentina”, ha generado cualquier cantidad de análisis, interpretaciones, preocupaciones y también especulaciones de todo tipo.

Para saber el contenido político e ideológico de Javier Milei, sólo basta con saber quiénes está alegres. Veamos: el excandidato presidencial chileno José Antonio Kast, el diputado brasileño Eduardo Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, el líder de Vox en España, Santiago Abascal, y Hermanos de Italia, el partido de la premier Giorgia Meloni, celebraron, con mucho entusiasmo y con mensajes públicos, el 30% de votos que obtuvo este candidato.

Ese “fenómeno” electoral, llamado Milei, tiene que ver con lo que está ocurriendo en el mundo de hoy con un régimen donde la información y su procesamiento, mediante algoritmos e inteligencia artificial, está determinando de modo decisivo todos los procesos, sean sociales, económicos y políticos.

Antes, hubo otro fenómeno electoral, en Chile, fue a finales del año 2021, cuando Franco Parisi, que fue candidato a la presidencia de Chile, viviendo en Estados Unidos, nunca hizo campaña presencial en su país ni participó de los debates con sus rivales. Todo lo hizo por las redes sociales y, sin embargo, quedó tercero en la primera vuelta de esas elecciones.

Si algo es real y concreto, es que no hay ninguna elección que tenga lugar en el mundo, y muchos menos en América Latina y El Caribe, que no sea víctima de los monopolios de la información y de sus élites empresariales. Hoy, las guerras de información se libran con todos los medios técnicos y psicológicos imaginables y la disrupción tecnológica está menoscabando el proceso democrático. Para dar cuenta de eso acudamos a lo que plantea el filósofo coreano Byung Chul Han, en su texto: “Infocracia: La digitalización y la crisis de la democracia”.

En el texto en cuestión, ese filósofo, al iniciarse con la descripción del régimen de la información, establece una diferencia con el régimen disciplinario que describió Michel Foucault en Vigilar y castigar, como característica fundamental de la época moderna, donde se encontraban: cuerpos dóciles, sometidos como máquinas de producción, que son portadores de energías, convertidos en ganado laboral. Resulta que, en el capitalismo de la información, sustentado en la comunicación y las redes, el sujeto se cree libre, auténtico y hasta creativo.

En ese sistema la vigilancia ya no opera en términos espaciales. Los vigilados no necesitan estar encerrados para que el control disciplinario opere con sus efectos. Ahora, en esta era digital, la vigilancia ocurre a través de los dispositivos electrónicos conectados a Internet. Su interés no está, como en la biopolítica de Foucault, en el cuerpo, sino que se apodera de la psique (psicopolítica). La sujeción producida por estos medios vigila de un modo que aparenta una falsa libertad.

Según Han, “la tecnología de la información digital hace de la comunicación un medio de vigilancia” y, por tanto, a mayor cantidad de datos generados, más intensa es la comunicación y más eficaz la vigilancia. Aquí, las personas no se sienten vigiladas, sino más bien, se sienten libres y esa sensación de libertad es la que asegura la dominación. Se coloca como ejemplo el teléfono móvil que se constituye en un instrumento de vigilancia y sometimiento, que explota la libertad y la comunicación. “La dominación se consuma en el momento en que la libertad y la vigilancia se aúnan”. Impera la filosofía del “me gusta”, en tanto,”se produce y se realiza a sí mismo”.

La regla de la sociedad de la información y transparencia es clara: “todo debe presentarse como información”. No son las personas las que gozan de la libertad, sino la información que circula. “La prisión digital es transparente”.

Según el filósofo Han, el sistema explota la libertad en lugar de suprimirla y así se controla la voluntad en el plano inconsciente.

En la época actual, la primacía de la información y los algoritmos digitales, se enquistan en el campo político, lo cual tiene consecuencias, sobre todo, a la hora de decidir por los nuevos gobernantes, es decir, la información es corrosiva para el proceso democrático.

Para Han, la Infocracia es un acontecimiento de los medios digitales y la abundancia de información hace posible la creación de algoritmos que operan con datos de los usuarios para disponer sobre sus comportamientos y preferencias. Los algoritmos digitales elaboran una psicometría o psicografia de los usuarios de las redes sociales en función de obtener un perfil de personalidad, que es elaborado a partir del consumo de información en la red digital.

Los algoritmos, junto a la Psicometría, construyen al usuario que es sometido por el régimen de la información y este es una expresión psicopolítica, esto es, puede controlar y disponer sobre la psique humana, y, como consecuencia, facultades inherentes al ejercicio democrático como la autonomía o el libre albedrío se vulneran en nombre del dominio infocrático.

El algoritmo digital, que opera de forma arbitraria, tiende a favorecer a determinados actores o partidos políticos y la democracia, como sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho de este a elegir y controlar a sus gobernantes, se opaca, de desdibuja, ante la Infocracia como poder de la información.

Para Byung Chul Han “En la Infocracia las campañas electorales degeneran en una guerra de información” y “los partidos políticos dan más interés al control de esta información que a la elaboración de sus propuestas y planes de desarrollo”. “Los votantes no están informados del programa político de un partido, sino que se les manipula con publicidad electoral, adaptada a su psicoprograma. Y no pocas veces con fake news”.

En la Infocracia, la guerra de información se expresa como una guerra política. Sin duda, los usuarios de las redes sociales se asemejan, para algunos, a un rebaño demasiado dócil y maleable. Y deja de importar el discurso, el accionar y el plan de los partidos políticos.

La democracia se subyuga a los algoritmos digitales, que están en condición de orientar el comportamiento humano. Disponer de esta información y estos algoritmos es la actual forma de soberanía más eficaz. “Soberano es quien manda sobre la información en la red “y, además es, quien, a partir de información, determina lo que es verdad. Lo que vale y es necesario para el pueblo.

Algunos analistas afirman que, en Estados Unidos y Canadá, en las elecciones, los votantes son llamados por robots e inundados con noticias falsas. Ejércitos de troles intervienen en las campañas electorales difundiendo en forma deliberada noticias falsas y teorías conspirativas. Difunden fake news, difamaciones y comentarios cargados de odio. Los ciudadanos son sustituidos por robots.

Por eso, hoy en día, en cualquier campaña electoral, estará presente la psicometría, lo que significa que con suficientes datos se puede calcular con precisión la personalidad del usuario y eso es ideal para el marketing político, para los “fenómenos” electorales y para los “outsider”. En otras palabras, en las campañas electorales, entendidas como guerra de información, no son ya los mejores argumentos los que prevalecen, sino los algoritmos más inteligentes.

Ante esa realidad se pueden encontrar dos respuestas. Para los perdedores, la más frecuente es la positivista, aquella que responsabiliza de los resultados a los pueblos y, para los ganadores, la expresión más atinada siempre será “benditos algoritmos digitales”.

*

Franklin González

Doctor en Ciencias Sociales, UCV. Sociólogo, Profesor Titular, Ex Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Profesor de Postgrado en la UCV, la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela y en el Instituto de Altos Estudios ?Pedro Gual? del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores. Fue embajador en Polonia, Uruguay y Grecia.

Tomado de aporrea.org

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