De cómo el islamismo radical se comió a la izquierda laica palestina

Por Diego Díaz

El auge de Hamas ha supuesto el declive de la izquierda laica palestina y que la Organización Liberación de Palestina (OLP) haya perdido el papel hegemónico que jugó en su día en el movimiento.

“La lucha no es contra el pueblo judío. La lucha es contra el imperialismo”. El cartel de 1970 de Fatah dejaba claro que entonces la cosa no iba de choque de religiones ni de pueblos, sino del derecho a la soberanía nacional de una población árabe sometida desde 1948 a la colonización sionista.

Fundado a finales de los años 50 por Yasser Arafat y un grupo de jóvenes de la diáspora palestina, Fatah pretendía ser el referente para los palestinos del interior y del exterior, del pujante movimiento nacionalista árabe. Un movimieto que bajo el impulso del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser vivía tiempos de esplendor. El sueño de una República Árabe Unida no parecía imposible tras la nacionalización del Canal de Suez y la derrota infringida en 1956 a Israel, Francia y Gran Bretaña por el Ejército egipcio.

Fundado a finales de los años 50 por Yasser Arafat y un grupo de jóvenes de la diáspora palestina, Fatah pretendía ser el referente para los palestinos del interior y del exterior, del pujante movimiento nacionalista árabe.

La “revolución desde arriba” impulsada por el presidente Nasser había dado un nuevo impulso al panarabismo, un movimiento cultural y político surgido a principios del siglo XX en la lucha contra el Imperio Otomano. Muy ligado a los círculos intelectuales cristianos de Oriente Medio, el nacionalismo árabe abogaba por una unidad política de los pueblos de lengua árabe, por encima de divisiones culturales, coloniales y religiosas.

Para Mohamed Safa, autor de “La revolución árabe”, hay cierta analogía entre el papel de los cristianos en el nacionalismo árabe y el de los judíos en el socialismo europeo, “en la medida que son una minoría oprimida, tienden a pensar en alianzas amplias para emanciparse”. Los cristianos árabes lo hicieron inventando una nueva identidad nacional basada en la lengua, capaz de aglutinar a todos los pueblos árabes, y en el caso de los judíos socialistas, abrazando el internacionalismo proletario como alternativa a los particularismos de los nacionalismos europeos.

Muy ligado a los círculos intelectuales cristianos de Oriente Medio, el nacionalismo árabe abogaba por una unidad política de los pueblos de lengua árabe, por encima de divisiones culturales, coloniales y religiosas

Inspirado en este nacionalismo árabe, cultural pero no religioso, y vagamente en las ideas socialistas que están en auge en todo el mundo poscolonial, en 1965 Fatah impulsa su brazo militar, con el que inicia acciones armadas contra Israel.

Arafat está convencido de que el movimiento palestino no puede ser un apéndice de los países árabes, sino que debe ser un sujeto político autónomo. De ahí la importancia de contar con una dirección y un ejército propios, independientes de los intereses políticos de las potencias árabes. La humillante derrota de Egipto, Siria, Jordania e Irak en la Guerra de los Seis Días (Junio de 1967) parece darle la razón. Israel, vencedora indiscutible del conflicto, amplía su territorio y anexiona Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, los Altos del Golán y la península del Sinaí. Muchos palestinos se convencen entonces de que su liberación no llegará desde fuera, sino que sólo podrá ser obra de ellos mismos, tal y como defiende Fatah, que comienza a reclutar partidarios tanto entre los refugiados asentados en los diferentes países árabes como en los propios territorios ocupados por Israel.

El movimiento Al Fatah se inspiraba propagandísticamente en la resistencia vietnamita

Los ecos de las revoluciones cubana, china o vietnamita están llegando a Oriente Medio, que asimismo atrae el interés de la izquierda mundial, hasta el punto de hacer de la kufiya, el pañuelo palestino, una de sus señas de identidad. Los ejércitos guerrilleros desafían con éxito a los estados en todos los continentes, y muchos jóvenes quieren sumarse desde Palestina a esta ola de insurgencia mundial, que tendrá su traducción local en la aparición de los fedayines, combatientes irregulares que practican incursiones rápidas en territorio enemigo para atacar a los ocupantes, pero que también secuestran aviones, ejecutan a colaboracionistas o atentan contra personas e intereses israelíes en cualquier lugar del mundo.

No todos los combatientes palestinos se identifican con Fatah y su línea política interclasista. En 1967 George Habash, médico cristiano palestino, y otros militantes del Movimiento Nacionalista Árabe, fundan el Frente Popular de Liberación de Palestina, una organización marxista-leninista, alineada con el bloque soviético, y ubicada a la izquierda de Fatah. Su símbolo: el pañuelo palestino rojo. Dos años más tarde, en 1969, tendrán una escisión, el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, más cercano a los postulados maoístas.

El 68 palestino

Palestina vive en la década de los 70 su particular “Mayo del 68”: secularización, incorporación de las mujeres a la vida pública, auge de las ideas de izquierdas y fascinación por la revolución armada. Incluso modas occidentales como el rock se cuelan en los transistores de radio de los jóvenes palestinos.

El islam es la religión mayoritaria de los palestinos, pero el islamismo es todavía un movimiento muy minoritario. “En los años 70 la religión había perdido mucha influencia entre los jóvenes” rememora Safa, para quien en aquel momento era inimaginable que el islamismo político pudiera terminar disputando la hegemonía a la izquierda.

Cartel del movimiento palestino de los años 70 del siglo pasado

El programa de la Organización para la Liberación de Palestina aboga por la desaparición de Israel y su sustitución por un Estado palestino democrático y secular, aliado al mundo árabe y los países socialistas. En la Organización hegemonizada por Arafat y Fatah, conviven, no sin tensiones y conflictos, nacionalistas panarabistas, socialistas y comunistas de todas las tendencias. Los islamistas, centrados en la religión y la beneficencia, son en los años 70 tan inofensivos que hasta Israel promociona su desarrollo como alternativa a la OLP, en una estrategia análoga a lo que EEUU hace en Afganistán armando a los talibanes para luchar contra los comunistas afganos.

Los años 80: el islamismo radical entra en escena

Todo va a empezar a cambiar con el triunfo de la revolución iraní en 1979. Una formidable movilización de masas pone fin al régimen de sha Mohammad Reza Pahleví, fiel aliado de los EEUU en la región.

La revolución iraní tiene un componente social, democrático y antiimperialista, pero también religioso y tradicionalista. Este vector islamista no tardará en desplazar a los elementos izquierdistas, y tomar el control total del Estado, convirtiendo Irán en la primera República islámica. Así, llegados a los años 80 el nasserismo y la República Árabe Unida son historia, mientras el islamismo radical gana protagonismo internacional gracias a la figura del ayatolá Jomeini.

Cartel del movimiento Al Fatah

La nueva década trae consigo grandes cambios geopolíticos y culturales. Los países árabes han quedado fuera de juego y la URSS entra en una fase terminal que le lleva a ir retirando su apoyo a los movimientos de liberación nacional. Frente a la crisis del socialismo árabe y del comunismo soviético, Irán y el islamismo radical comienzan a emerger como la principal, y casi única oposición a EEUU e Israel.

En 1987 estalla la primera intifada, una inesperada revuelta popular contra la ocupación de Gaza y Cisjordania. Huelgas, manifestaciones y piedras contra soldados y tanques. Fatah y los diferentes grupos comunistas palestinos se organizan en el clandestino Mando Nacional Unificado para dirigir un movimiento espontáneo y que les ha pillado por sorpresa. En paralelo el islamismo radical emerge como el otro polo político de la revolución palestina, independiente y enfrentado a la OLP y sus partidos.

Cuando en 1992 Arafat y la mayoría de la OLP se sienta a negociar con Israel los Acuerdos de Oslo, serán los islamistas radicales los que empuñen la bandera de la resistencia armada y la intransigencia al pacto

Hamas, el nuevo actor en alza, defiende un proyecto de liberación nacional ligado a la reislamización de Palestina. Sus bazas son el nacionalismo, la religión, la asistencia social y una fuerte capacidad de movilizar a las masas. Cuando en 1992 Arafat y la mayoría de la OLP se sienta a negociar con Israel los Acuerdos de Oslo, serán los islamistas radicales los que empuñen la bandera de la resistencia armada y la intransigencia al pacto. Aunque también el FPLP y otros grupos de izquierdas critiquen los acuerdos entre Arafat y los políticos israelíes y norteamericanos, será Hamas quien capitalice el fracaso de la estrategia negociadora de la OLP, a la que también contribuirá con su campaña de atentados suicidas en Israel, como recientemente señalaba Ignacio Álvarez-Ossorio en un artículo publicado en este medio.

El apoyo iraní y el fiasco de una Autoridad Nacional Palestina desprestigiada, carente de un liderazgo fuerte tras la muerte de Arafat, salpicada por la corrupción e incapaz de poner fin a la colonización de Israel, terminarían por inclinar la balanza de los apoyos palestinos hacia Hamas, fuerza vencedora de las elecciones de 2006, a la que los islamistas concurrieron con un programa más moderado y pragmático que le permitió ampliar su base social y electoral más allá del radicalismo religioso. Hamas incluso facilitaría en 2005 la elección de una cristiana del FPLP, Janet Mijaíl, como alcaldesa de Ramala, capital de Cisjordania, para así dejar fuera de juego a sus competidores de Fatah.

Para Manu Pineda, eurodiputado de IU y ex cooperante en Gaza, la política en Palestina ha seguido derroteros muy parecidos a los de otros países musulmanes: “los islamistas han canalizado la frustración con el fracaso de los movimientos de liberación nacional laicos”. “Si en 2006 Hamas ganó las elecciones no es porque la población de Gaza se hiciera islamista sino porque vieron en ellos una forma de castigar la corrupción de Ia ANP”, apunta Pineda, que denuncia el régimen teocrático que los islamistas han impuesto en la Franja Para Pineda frente a los políticos de Fatah “engominados y conduciendo coches caros”, los dirigentes de Hamas llevan una vida austera y no se les conoce corrupción. “También son los que ponen más muertos en el enfrentamiento con Israel”, señala el eurodiputado, que considera que esta “ejemplaridad” de Hamas le ha dado más apoyo que sus políticas islamistas en Gaza, convertida desde 2006 en una teocracia.

Una izquierda descabezada

¿Qué queda hoy de la izquierda palestina? Tanto el FPLP como el FDLP y el Partido del Pueblo Palestino siguen teniendo organización, diputados, presencia sindical e incluso en algunos casos combatientes armados. Sin embargo resulta difícil de medir su grado de popularidad al no haber elecciones desde 2006. En las presidenciales de 2005 el FPLP apoyó al candidato independiente Mustafá Bargohuti, que obtuvo el 19% de los votos, pero en las legislativas del año siguiente, el apoyo recibido por la lista electoral del Frente fue mucho menor.

Pineda apunta sobre Palestina que Israel también se ha preocupado mucho por descabezar a los sectores más combativos de Fatah encarcelando a sus dirigente más carismático, Marwan Barguti, así como de sacar del tablero al secretario general del FPLP, Ahmad Sa’adat, también preso en Israel. En opinión del europarlamentario, Khalida Jarrar, dirigente del FPLP y militante feminista, podría ser uno de los liderazgos más interesantes en el espacio de una izquierda, que en todo caso señala “está muy dividida y enfrentada”, y sometida a una fuerte represión por parte del Estado sionista.

Pineda apunta sobre Palestina que Israel también se ha preocupado mucho por descabezar a los sectores más combativos de Fatah encarcelando a sus dirigente más carismático, Marwan Barguti, así como de sacar del tablero al secretario general del FPLP, Ahmad Sa’adat, también preso en Israel

Mohamed Safa lamenta el declive de la izquierda laica palestina y que la OLP haya perdido el papel hegemónico que jugó en su día en un movimiento palestino que hoy encuentra “sin liderazgo ni unidad”. El médico y activista considera que el fracaso del proceso de paz ha alimentado las posiciones más fundamentalistas “tanto en Palestina como en Israel”. Ambas son hoy sociedades más religiosas de lo que eran hace no tanto tiempo, y en ambas la izquierda y las posiciones laicas han perdido pie.

Diego Díaz
@DiegoDazAlonso1 es historiador y redactor de Nortes.me

Tomado de elsaltodiario.com

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