Argentina – Cross de derecha

Por Guillermo Cieza

avier Milei fue el gran ganador de las PASO, una elección caracterizada por un fuerte castigo a los dirigentes políticos que gobernaron en los dos últimos períodos presidenciales. En la misma sintonía, la abstención de más del 30% y el voto en blanco fueron importantes. Duro golpe al gobierno y a la oposición de Juntos por el Cambio. Quienes votaron a Milei protagonizaron una búsqueda de cambios, que merecería mejores destinos. Una piña que puede ayudar a reflexionar a quienes seguimos apostando a transformaciones.

Otra vez volvieron a fallar las encuestas y nadie vio venir el cross de derecha, que encarnó la elección de Milei. La sociedad argentina volvió a protagonizar un “que se vayan todos” donde la decisión de castigar parece mas fuerte que la adhesión al programa ultraliberal.

El gobierno nacional ha recibido un golpe muy fuerte, desnudando que la estrategia de ampliar el apoyo político entregando la conducción a los neoliberales, no está funcionando. Con 27, 16 % de los votos, ésta ha sido la peor elección del peronismo desde que tenemos memoria. Quien ha estado más cerca de retener el piso histórico del 40%, ha sido Axel Kicillof que alcanzó el 36,4 %.

También Juntos por el Cambio que obtuvo un 28,25% de los votos, ha sido castigado. Porque si en el plano de las ideas puede enorgullecerse de que un 60% del país ha votado ideas liberales y conservadoras, ha quedado desplazado en las preferencias, por un Milei que les ganó, sin estructura, ni apoyo de la embajada de Estados Unidos, ni de la mayoría de los grandes empresarios.

El otro gran derrotado fue Juan Schiaretti, que perdió en su propia provincia con Milei y que a nivel nacional obtuvo un 4,7%.

La izquierda representada en el FIT-U, con un 2,57% , perdió algunas décimas con respecto a las Paso de 2019, donde obtuvo 2,88%, pero su gran derrota es no haber capitalizado el voto bronca y el castigo a Frente de Todos y Juntos por el Cambio.

El castigo a las fuerzas políticas que gobernaron el país y han gobernado provincias, demuestran la gran desconexión que existe entre quienes se asumen como representantes políticos de las mayorías y las amplias franjas de nuestro pueblo. Por un lado, se castiga la esquizofrenia de un gobierno que se presenta como progresista y sigue pagando la estafa del FMI, manteniendo políticas de saqueo y ajuste permanente que empobrecen a la población. Por otro, se castiga a la oposición de Juntos por el Cambio que ha protagonizado una interna sangrienta, y que, en las Provincias que gobierna, solo ha dado respuestas represivas a las demandas populares.

Los votos de Milei expresan un hartazgo de la política vigente y también expresan la adhesión a una opción de cambio radical. Se vota a un candidato que propone llegar con una escoba a barrer una realidad no deseada. Lo que la mayoría de sus votantes no advierte, es que Milei viene a reemplazar a los actuales gerentes de la política por otros mucho peores. Viene a garantizar el dominio absoluto del capital.

El hecho de que se haya elegido esta opción y no otra, tiene que ver con los réditos de la prédica neoliberal, que han permeado y ayudado a desestructurar a nuestro pueblo.

También se debe a la fragilidad de las propuestas de cambio que vienen desde la izquierda. Desde distintos relatos se ha tratado de encubrir que, en la última década, el neoliberalismo no nos pasó por debajo de la mesa. La exarcebación de los esencialismos, la promoción de la diferenciación entre militantes y fuerzas populares, el elogio de la anti-política y la anti-organización, la responsabilización al Estado, que contiene las políticas públicas, como causante de todos nuestros males; han sido disfrazadas de rebeldes y anti sistema. Por otro lado, el elogio de la gestión de lo existente, por encima de la transformación política y el posibilismo institucionalista, que devora a militantes y organizaciones, han sido disfrazados de sensatez política.

Esas mismas conductas que se empeñaron en ver “revoluciones” donde solo había ligeros cambios de maquillaje, hoy se tiran los pelos por la catástrofe Milei, y proponen que Ezeiza es la única salida.

En tiempos de exageraciones, lo habitual es pasar de un extremo a otro.

Como ocurre en el fútbol, cuando el partido pinta para perder por goleada, no hay mejor estrategia que tratar de recuperar la pelota y amigarnos con ella, con pases cortos. Juntarnos, y no perder la paciencia, ni la calma.

No es hora de demagogos, ni de depresivos. La búsqueda de cambios que protagonizaron muchos votantes de Milei, merece mejores destinos. Esas alternativas no se construyen mágicamente, Hace falta inspiración, pero sobre todo preocupación por empatizar con las demandas populares, mucha amplitud y poner el cuerpo.

Un cross de derecha que nos estalla en plena cara, puede ser la antesala de un nockaut, o un llamado de atención para cambiar de estrategia en la pelea.

Tomado de tramas.ar

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