América Latina y el Caribe frente a las carabelas del capitalismo verde y digital

Por Irene León

Movida por un impostergable ímpetu de paz, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) invirtió buena parte de sus primeros años en llenar de contenidos la Declaratoria de Latinoamérica y el Caribe zona de paz, que es uno de sus pilares fundantes y que, como tal, le inhibe ante cualquier tentación de sucumbir a los cantos de sirena que varios órganos bélicos colocan en su camino. En buena parte gracias a ello la región no tiene ningún conflicto bélico ostensible, quiere mantenerse así y aboga por una construcción de paz extensiva al mundo.

En el orden de prioridades de la CELAC no figura la guerra. Por el contrario, “se concibe como un mecanismo representativo de concertación política, cooperación e integración económica, social y cultural, articulado en torno a la vigencia democrática y el dialogo como instrumento para dirimir las diferencias, a la vez que reconoce el derecho de cada país a definir libremente su sistema político y económico”.  La definición de zona de paz está interrelacionada con su compromiso con el multilateralismo, con la búsqueda de soluciones pacíficas y diplomáticas para los conflictos y, en el peor de los escenarios, con la neutralidad.

Por eso la región se rehusó a tomar partido contra Rusia y respaldar a Ucrania como la Unión Europea compelió en la III Cumbre CELAC – Unión Europea, que se celebró en Bruselas el 17 y el 18 de julio de 2023.  Es más, en un escenario en el que los vendedores de armas han puesto a disposición desde bombas de racimo hasta bandejas nucleares ‘disuasivas’, “hay que perpetuar el humanismo y combatir el armamentismo y la proliferación de armas nucleares. La Unión Europea nos debe garantizar un esfuerzo superior para alcanzar la paz”, enfatizó la presidenta de Honduras, Xiomara Castro.

Los países de la CELAC cuestionan que mientras se invierten trillones para la guerra no se haya logrado tomar medidas eficaces para erradicar las desigualdades

Los países de la CELAC cuestionan que mientras se invierten trillones para la guerra no se haya logrado tomar medidas eficaces para erradicar las desigualdades y ni tan solo el hambre. En 2022 el gasto mundial en armas fue de unos 2,2 billones de dólares, sólo la Unión Europea invirtió más de 345.000 millones, mientras el gasto de su cofrade Estados Unidos ascendió a 877.000 millones. La Declaración de la III Cumbre UE-CELAC 2023 alude a la paz y a los instrumentos internacionales para resolver los conflictos, mientras que la Declaración de 2016 valora el fundamento de la Declaratoria de América Latina y el Caribe como Zona de Paz y señala la relevancia del Tratado de Tlatelolco (1967) que proscribe las armas nucleares de la región y promueve el desarme.

Los planes de la CELAC y los planes de la Unión Europea para la CELAC

Si bien ambas regiones coinciden en la importancia de mejorar sus relaciones bilaterales y señalan varias problemáticas globales comunes, como el calentamiento global o las pandemias, sus enfoques refieren a proyecciones geopolíticas diferenciadas. La CELAC, que es vocera de América Latina y el Caribe en el mundo, contempla relaciones internacionales variadas con las distintas regiones, que incluyen acuerdos con los ejes de multipolaridad, como es el caso de China, con quien mantiene un plan de acción conjunto.

En su Plan de Reactivación y Fortalecimiento la CELAC articula sus prioridades en torno a la consolidación de sus capacidades propias y su soberanía, así como en pos de la instauración inmediata de mecanismos de redistribución, entre otros a través de medidas que involucran a las Instituciones Financieras Internacionales, como el acceso oportuno a los derechos especiales de giro o  el trato de la deuda externa, cuyo peso supera el 70% del PIB regional y que ahora mismo constituye una vía para la fuga de recursos, por los intereses, cargos y sobrecargos en los préstamos. Está igualmente en su bandeja la creación de una divisa propia para facilitar la diversificación de intercambios comerciales.

La CELAC proyecta fortalecer las soberanías alimentaria, tecnológica y energética, áreas que están en el centro del renovado plan de la Unión Europea en la región

A la vez, la CELAC proyecta fortalecer las soberanías alimentaria, tecnológica y energética, áreas que como veremos están en el centro del renovado plan de la Unión Europea en la región. En su relación con Europa, a más del explícito interés por una relación económica fluida e igualitaria, no exhibe planes políticos específicos, ni ninguna medida unilateral o de injerencia, si bien observa con preocupación las vulneraciones de los derechos humanos en los procesos migratorios, principalmente en el Mediterráneo, o la represión a la sociedad civil por sus demandas.

Por su parte, la Unión Europea propone una alianza basada en su proyecto Global Gateway, una agenda de gobernanza internacional que busca a reposicionar a Europa en el mundo. Tiene el objetivo de activar inversiones de la Unión, sus Estados miembros y sus instituciones financieras, principalmente en líneas energéticas, limpias, verdes y digitales, como también en infraestructuras, salud, educación e investigación. Se trata de una movilización de recursos públicos para reforzar aún más el potencial de inversiones y ganancias del capital privado. El presidente del Consejo de la Unión Europea, Pedro Sánchez, afirma que la inversión pública va a apalancar a la inversión privada y crear, por esa vía, sociedades más justas.

Al mismo tiempo, con ese relanzamiento internacional la Unión Europea aspira, entre otros, a competir con la propuesta china de la Ruta de la Seda que se afinca en el postulado de ganar-ganar.  En 2022 el comercio entre China y América Latina alcanzó unos 485.700 millones de dólares y proyecta más.

En el marco de la III Cumbre UE-CELAC, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció la inversión de 45.000 millones de euros en la región latinoamericana y caribeña, a la que ha llamado de aliada natural y amiga de larga data. La Unión Europea, que registra alianzas comerciales con 26 de los 33 países de la región, obtuvo recientemente nuevos acuerdos sobre hidrógeno limpio con Argentina, Chile y Uruguay, mientras se mantiene expectante de concluir un acuerdo de libre comercio con México y sobre todo de lograr la conclusión del principio de acuerdo de libre comercio emprendido en 2019 con el Mercosur.

En América Latina y el Caribe buena parte de los conflictos provienen de inobservancias de derechos imputadas al sector privado, especialmente al corporativo y transnacional

Von der Leyen enfatiza en la aspiración de que fluya la relación empresarial entre las dos regiones, para dinamizar la creación de oportunidades para cada cual ‘en el lugar que le corresponde’ en las cadenas de suministro y de valor. No obstante, en América Latina y el Caribe buena parte de los conflictos provienen de inobservancias de derechos imputadas al sector privado, especialmente al corporativo y transnacional, que beneficia de todos los incentivos posibles y carece de regulaciones. En esas condiciones, los incentivos públicos para la incursión del sector privado europeo en las áreas estratégicas de América Latina y del Caribe, podrían conducir a una privatización de los recursos naturales y energéticos por mano de terceros.

Por otro lado, conexo al Global Gateway se ha posicionado el llamado “Orden internacional basado en reglas” que, como señala el presidente de Cuba, Miguel Diaz Canel, no ha sido acordado por los Estados, suplanta a la legislación internacional e incluso releva a las instancias multilaterales, en beneficio del sector privado y corporativo. Eso explica el apelo a la igualdad y a la transparencia formulado por presidentes de la CELAC en el marco de la III Cumbre, en palabras del presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Luis Arce, “todos los Estados tenemos el atributo de la soberanía y con ese respeto deben tratarse los recursos naturales de los países”.

Algunas dinámicas de la transición energética

América Latina y el Caribe se destacan por la abundancia de sus recursos naturales y energéticos, con significativas reservas de energías renovables y limpias: solares, eólicas, acuíferas, de hidrógeno y otras, como también de energías fósiles que siguen suscitando un elevado interés en tanto buena parte de la industria, el transporte y otros dependen de ellas. Venezuela posee la mayor reserva petrolera del mundo, mientras Bolivia, Argentina y Chile conforman el llamado triángulo del litio con el 65% de las reservas de ese preciado mineral.

La demanda internacional por estos recursos, especialmente por las energías limpias, se ha multiplicado a tono con la efervescencia de planes de transición energética, suscitados por la inminencia del cambio climático y por los compromisos internacionales relacionados. “En 2022 ingresaron a América Latina y el Caribe 224.579 millones de dólares, la cifra más alta desde que se tiene registro”, entre esas inversiones se verifica las incursión de fondos de inversión del capital financiero y de otros actores que no están directamente relacionados con las soluciones colectivas sino más bien con la acumulación privada, de modo que la transición energética ha adquirido contornos vinculados sobre todo a la seguridad energética, entre otros porque los países del Norte fusionan las políticas con el desarrollo de mercados.

La CELAC ha puesto sobre la mesa la cuestión del extractivismo, asociado incluso a prácticas resultantes del legado colonial

En ese marco, resulta primordial para la región validar el eje de la soberanía como articulador de su propuesta energética. En la Cumbre con la UE, la CELAC ha puesto sobre la mesa la cuestión del extractivismo, asociado incluso a prácticas resultantes del legado colonial, que aún persisten y son objeto de demandas de reparaciones, especialmente por parte del Caribe donde perduran situaciones de colonialismo directo, así como por la afrodescendencia y pueblos originarios. Según el presidente argentino, Alberto Fernández, la mencionada III Cumbre habría permitido abordar por primera vez de manera directa el asunto del extractivismo y plantear un mecanismo para terminar con él.

La Unión Europea aduce que no se trata solo de extraer recursos sino de dinamizar las cadenas de valor y de tener proveedores viables, para lo cual las comunidades locales también tendrían sus beneficios. Sostiene que la agenda de inversión del Global Gateway UE-ALC se define como un compromiso político para ‘trabajar juntos’, detectando oportunidades de inversión ecológica y digital justas en América Latina y el Caribe, que se beneficiaría del entorno abierto generado por los acuerdos comerciales y de inversión, para contribuir por esa vía a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Pragmático, el presidente de la CELAC, Ralph Gonsalves, rememora que “en 2009 ya se habló de un fondo de mil millones para mitigar el cambio climático y que aún no ha pasado nada”. Pero más allá de los fondos, el propio Gonsalves y varios presidentes de la CELAC, señalan que la cuestión de fondo son las dinámicas del propio “sistema capitalista que prioriza la reproducción del capital antes que la vida humana y planetaria”, como señaló el presidente boliviano, Luis Arce, a la vez que llamó a “pensar como la comunidad internacional que somos e identificar conjuntamente las causas y soluciones para cada una de las vertientes de la crisis múltiple del capitalismo”.

Esto pone en evidencia que la CELAC, a más de su búsqueda de soluciones socio económicas, tiene ante sí la urgencia de afinar su propuesta de autosuficiencia regional y su propio plan de transición energética, así como de extremar las proyecciones de desarrollo tecnológico, de soberanía digital y del conocimiento, que figuran en su Plan de Reactivación y Fortalecimiento. Sobre esa base, fluirán relaciones extrarregionales respetuosas que incluirán, como enfatizó el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, la viabilidad de ser socios entre iguales con Europa.

Tomado de elsaltodiario.com

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