Miles de bolsonaristas reclaman en las calles una intervención militar que impida a Lula asumir el poder

NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR*

São Paulo – 02 NOV 2022

 

Los seguidores del presidente derrotado protagonizan protestas ante los cuarteles generales del Ejercito en Río, São Paulo y Brasilia

 

Varios miles de bolsonaristas convencidos de que las elecciones presidenciales fueron fraudulentas se han echado a la calle este miércoles para reclamar una intervención militar que impida al vencedor, el izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, asumir el poder. Es la expresión más grave de la rabia de los seguidores del derrotado presidente Jair Bolsonaro, que la víspera, en su primera declaración desde los comicios, evitó reconocer el resultado o felicitar a su rival. Convocados por redes y envueltos en la bandera de su patria, han protagonizado protestas golpistas ante los cuarteles generales del Ejército en Río de Janeiro, São Paulo, Brasilia y en otros siete Estados. Lula ganó a Bolsonaro por la mínima (50,9% frente a 49,1%).

Los dos meses que restan hasta la toma de posesión del nuevo presidente el 1 de enero en Brasilia son especialmente delicados por la actitud de Bolsonaro, que de tanto sembrar dudas ha logrado que buena parte de sus seguidores crea que hubo fraude electoral. El presidente saliente de Brasil es un antiguo capitán del Ejército que, durante su mandado, ha dado alas a discursos golpistas en varias ocasiones. Para Lula será su tercer mandato.

En cualquier caso, los trabajos para el traspaso de poderes están ya en marcha. El equipo de Lula para la transición, liderado por el futuro vicepresidente, Geraldo Alckmin, está en contacto con el ministro encargado por parte del Gobierno. Y ya se sabe que el primer acto internacional de Lula tras su victoria será acudir a la cumbre del clima COP 27, este mes en Egipto. El Gobierno de EE UU ha hecho saber a través de una portavoz que está contento de que Bolsonaro haya reconocido los resultados electorales, informa Reuters.

Que el presidente saliente se mantuviera dos días en silencio después de perder los comicios y la ambigüedad de su brevísimo discurso han dado alas a estas movilizaciones de los seguidores más radicales. Bolsonaro dijo este miércoles que “las protestas pacíficas son bienvenidas”, lo que suponía una crítica a los camioneros que cortaron carreteras por todo el país en protesta por el resultado. Pero también abría la puerta a concentraciones como estas frente a los cuarteles. Bolsonaro ha autorizado formalmente el traspaso, pero no quiere dar la impresión, ante los seguidores más radicales, los que ni en el peor momento de la pandemia le abandonaron, de que claudica.

Jorge Luiz Faria, de 67 años, explicaba así su motivación para sumarse a la protesta golpista de São Paulo y reclamar lo que define como que “los militares pongan orden”: “No podemos dejar que entre el comunismo, lo que queremos es una democracia normal”, decía este jubilado que fue comerciante de suministros industriales. Faria no quiere un gobierno militar, dice, sino, que los uniformados organicen unas “nuevas elecciones justas”. Está convencido de que las ganaría Bolsonaro.

Con él, Julieta Seiko Abe, de 64 años, una gerente de hotel jubilada y convencida de que “ese que dicen (Lula) no ganó” y que si el Tribunal Superior Electoral lo proclamó vencedor es porque “esos del Supremo son unos militantes de la izquierda criminal”.

Douglas Luis, un empleado de seguridad privada de 35 años, estaba en la protesta de São Paulo para impedir el regreso al poder de Lula y convencido de que la anulación de las condenas contra el líder del Partido de los Trabajadores no fue más que un apaño: “No queremos un presidente que es un expresidiario que fue liberado con una firma”.

Entre los presentes en la protesta de São Paulo, brasileños de todas las edades y colores vestidos con el verde y amarillo de la bandera: grupos de amigos, muchas parejas, algunas familias con niños y también algunos aficionados a las motos o a las armas, reconocibles por los eslóganes de sus camisetas porque en Brasil no se puede circular armado salvo en traslados muy concretos. El ambiente era de una extraña mezcla de tensión y fiesta, con muchos de ellos haciéndose selfies o retransmitiendo en directo por redes sociales.

 

Vista aérea de la protesta ante el cuartel general del Ejército este miercoles en São Paulo.

Vista aérea de la protesta ante el cuartel general del Ejército este miércoles en São Paulo.
MIGUEL SCHINCARIOL (AFP)

 

*Naiara Galarraga Gortázar: Es corresponsal de EL PAÍS en Brasil. Antes fue subjefa de la sección de Internacional, corresponsal de Migraciones, y enviada especial. Trabajó en las redacciones de Madrid, Bilbao y México. En un intervalo de su carrera en el diario, fue corresponsal en Jerusalén para Cuatro/CNN+. Es licenciada y máster en Periodismo (EL PAÍS/UAM).

 

 

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Fuente: EL PAÍS

 

 

 

 

 

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