VENEZUELA-Sindicalistas rechazan propuesta de aumento salarial a 13 dólares para 2024/ Ver- La palabra «desnutrición» en los pueblos// Lo necesario, lo superfluo y la medición de la pobreza (Ver PDF)

Sindicalistas rechazan propuesta de aumento salarial a 13 dólares para 2024

 

Aseveran que tal ofrecimiento hecha desde el Parlamento no es viable para cubrir las necesidades básicas y “es anticonstitucional” al no considerar la canasta básica ni la alimentaria. También consideran que la bonificación del salario y los bonos a través de un sistema centralizado son insuficientes y no reflejan la realidad del sector público

Los trabajadores del sector público en Venezuela expresaron su rechazo, este 27 de diciembre, a la propuesta de un aumento salarial del 10 % para 2024equivalente a 13 bolívares, planteamiento hecho recientemente desde la Asamblea Nacional (AN), de amplia mayoría chavista.

Los sindicalistas calificaron el incremento como un “fraude” y llamaron a una protesta programada para el 9 de enero de 2024, seguida de otra manifestación el 15 de enero, Día del Maestro en Venezuela.

Carlos Salazar, portavoz de la Coalición Sindical, criticó el aumento a 13 bolívares mensuales, argumentando que no es viable para cubrir las necesidades básicas y es anticonstitucional al no considerar la canasta básica ni la alimentaria. “Dan un aumento por darlo”, expresó a Efecto Cocuyo.

Salazar y sus compañeros sindicalistas consideran que la bonificación del salario y los bonos a través de un sistema centralizado son insuficientes y no reflejan la realidad del sector público.

La AN aprobó en primera discusión el Proyecto de Ley de Presupuesto para el Ejercicio Económico y Financiero 2024 el 13 de diciembre, sin proporcionar información detallada sobre las tablas salariales para el próximo año.

Además, la Coalición Sindical insiste en que la AN debe abrir un debate sobre el tema salarial antes de tomar decisiones, especialmente porque no se ha anunciado un aumento del ingreso mínimo desde marzo de 2022.

Actualmente, el sueldo básico es de 130 bolívares, equivalente a unos 3,6 dólares según la tasa del Banco Central de Venezuela (BCV), mientras que la canasta alimentaria se ubicó en 19.314,47 bolívares (522,01 dólares) en noviembre de 2023, según el informe del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).

Salazar declaró que el cálculo realizado es “irresponsable y desvaloriza el valor del empleo, perpetuando la crisis alimentaria en el país“.

 

 

Fuente: VERSIÓN FINAL 

 

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La palabra «desnutrición» en los pueblos

Pobreza rural Venezuela pueblos

En pueblos de Venezuela no saben de grandes pantallas, palmeras, edificios altos recién construidos o murales. Hasta allá no llega la pintura, las luces incandescentes, las cuadrillas de “Juntos todo es posible”. En los caseríos hay polvo, hambre, fachadas destartaladas de gente que no volvió a tener dinero para pintar sus casas


Antes, en los pueblos las conversaciones iban de qué número compraste en el Chance de las siete, si habías conseguido topocho o aguacate en la mata o si comprarías pan en alguna de las dos panaderías que existen. Las abuelas, las tías, las familias hablaban de los muchachos que llegaban a bachillerato o de los que andaban perdidos a punto de no llegar. Esa era la cotidianidad que conocían, la realidad que pegaba en las costillas, al menos en Albarico, una pequeña localidad al noroeste del estado Yaracuy.

Pero la prolongada crisis económica y política del país, que recrudeció entre 2015 y 2019, primero con una aguda escasez de alimentos e hiperinflación, y luego con un gran apagón nacional, así como el deterioro de las pensiones y los salarios, lo ha cambiado todo, llevando a millones de personas a hacer maromas para comer y sobrevivir.

Dos mujeres se organizan para cuidar a un vecino que acaba de ser dado de alta por un derrame pleural. Es jubilado y un anciano de 80 años, sin hijos, ni familia. Las vecinas hacen lo que pueden para llevarle comida y algunas medicinas, entre varios han puesto para reunirle los antibióticos, compran las pastillas detalladas.

Los pañales, los centros de cama también llegan a través de la caridad. Le dan gracias a Dios porque el hospital lo atendió y no lo dejó morir. Un día, una de las vecinas lo encontró nadando en heces y en orines, las enfermeras no estaban dispuestas a limpiarlo, así que ese día se arremangó el suéter y lo limpió con papel y agua, porque por suerte en el hospital había agua.

Ella aún recuerda el color amarillo de los ojos y de la piel del anciano, ese día en el que nadie le dió comida en el hospital ni lo aseó, y le pide a su memoria olvidarlo pronto.

Hay días en que el vecino almuerza y otros que no, todo depende de la ayuda de esas mujeres o de algún otro vecino que pasa a dejarle un vaso de café con pan.

Mientras están en la faena de atenderlo, una de las mujeres le dice a la otra: “hay que darle uno de los sobrecitos esos, los de la desnutrición”. La otra asienta con la cabeza y dice que sí porque está muy flaco, pero que ya pasó lo peor.

En el pueblo ahora se nombra una palabra que antes parecía no existir en la lengua de la gente: desnutrición, pero ahora esa comunidad de Yaracuy sabe de la existencia de Caritas y saben también que allí algunos pueden buscar ayuda, cuando el hambre hace estragos.

Allá, donde no llegan los murales, ni las medicinas, pero sí la propaganda del Esequipo, con pintura fresca y colorida que bordea el mapa de Venezuela, así como otros mensajes sobre el referendo, allá ahora la gente habla de los “sobres” nutricionales, de la ropa que enviará un hijo desde Estados Unidos. De los que van en camino al Darién o de los que acaban de llegar a Colombia.

Allá donde todo parece detenido en el tiempo, donde los carros son aún más viejos y las chatarras cobran valor, allá la vida ha cambiado de forma, aparecen nuevas palabras que desnudan el colapso, la ausencia de recuperación, pero sí la fragilidad y la precariedad para quienes el Estado y la asistencia social olvidó y solo usa en época de elecciones.

Allá todo tiene color amarillo como la piel del vecino que enfrenta a menguas una infección. Pero, esa gente sí ha cambiado, ya no cae en la propaganda que sí llega a los lugares más recónditos, ya no creen, no la escuchan.

 

Fuente: Tal Cual

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Lo necesario, lo superfluo y la medición de la pobreza

 

Por José María Larrú Ramos

Resumen:

El objetivo de este trabajo es unir la aportación de la filosofía escolástica con la técnica de la medición de la pobreza a fin de clarificar cuánto ingreso debe ser normativamente considerado para adquirir “lo necesario” para vivir. La escolástica ha diferenciado –desde Tomás de Aquino- los bienes necesarios, los socialmente necesarios y los superfluos. Sobre los dos primeros se reconocieron derechos de propiedad usufructuaria, pero no sobre los superfluos. Lo que el trabajo investiga es saber si la línea de pobreza absoluta, nacional o internacional (actualmente establecida en $1,90 diarios en PPP de 2011) da buena cuenta de la capacidad para adquirir “lo necesario”. Rechazada esta opción se propone un Índice de Acceso a lo Necesario y se analizan las consecuencias de políticas públicas que conlleva la ambigüedad de “lo necesario”.

Fuente: Asociacion Venezolana de Sociologia.org

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