PALESTINA, GAZA: “Bebemos agua contaminada o salada para sobrevivir”/ Ver- Israel deporta a miles de trabajadores palestinos varados de regreso a Gaza

Mientras el número de víctimas aumenta sin cesar en Gaza, los supervivientes afrontan el día a día con cada vez mayor dificultad.

 

3 NOV 2023

Wesam El Aila contestó a las preguntas de El Salto el sábado 28 de octubre, poco después de que Israel bombardeara su casa. Desde entonces, todo ha ido a peor en Palestina, en general, y Gaza en particular. En esta larga semana, los aviones del ejército ocupante han bombardeado sin compasión Yabalia, el campo de refugiados más poblado de la Franja, provocando casi mil muertos. De allí, de Yabalia, es el tío de Wesam, Riad Ali El Aila, profesor emérito en Ciencias Políticas de la universidad de Al Azhar (Gaza). El profesor El Aila es español y palestino. No estaba en Yabalia en el momento de los ataques porque, desde hace semanas, espera en Rafah la posibilidad de que abra la frontera con Egipto, siguiendo la orden del Consulado General de España en Jerusalén. El ejecutivo español ha prometido a los gazatíes que tienen doble nacionalidad que serán evacuados.

Aunque está en el sur, El Alia remarca que no hay “ni un rincón” seguro en Gaza. A unos cien metros de donde se encuentra él destruyeron una casa de tres plantas y mataron a 25 personas. A unos 40 metros bombardearon varias más con un resultado de 15 personas muertas. Considera que el 7 de octubre se produjo un punto de inflexión respecto a otras guerras en Gaza, marcado por el empleo de bombas de última generación de fabricación estadounidense. “Estas nuevas bombas, con barriles que pesan una tonelada cada uno (equivalente a mil kg de dinamita), han provocado una escalada de terror y un aumento alarmante de muertes, heridos y desaparecidos, además de la destrucción masiva de viviendas y la creación de nuevos refugiados”. Además, están provocando “una nueva Nakba”, según el veterano politólogo.

Wesam reconoce que le cuesta encontrar palabras para describir la vida cotidiana de los civiles durante la guerra

La cantidad de muertos y heridos es tan apabullante que es difícil poner el foco en otro aspecto. Wesam explica cómo es el duro día a día de los supervivientes: “Priorizamos proporcionar comida a los niños primero y tratamos de satisfacer sus necesidades lo mejor que podemos. Les compramos juguetes con la esperanza de que puedan aliviar un poco sus miedos. No podemos ocultarles la realidad de que estamos viviendo una guerra. Escuchan, ven y sienten todos estos detalles que no se pueden ocultar”.

Wesam reconoce que le cuesta encontrar palabras para describir la vida cotidiana de los civiles durante la guerra. Recuerda que hay un sufrimiento colectivo que afecta a todos los miembros de la sociedad civil palestina. “Cuando escribo sobre mi sufrimiento personal y el de mi familia, rememoro más detalles, el sufrimiento empeora y se vuelve más espeluznante día tras día”. A pesar de ello, hace el esfuerzo de responder a las preguntas: “Nuestra casa, que fue destruida, se llevó consigo todo nuestro pasado, recuerdos, presente y futuro, y no hay palabras ni condolencias que puedan describir esta tragedia”.

Su tío Riad explica cómo pasan las noches: “Permanecemos despiertos mientras los niños tiemblan de miedo debido al rugido de los aviones militares y los bombardeos, a veces tan cercanos que nuestra casa se sacude por la fuerza de las explosiones. Nos unimos para proteger a nuestros hijos y asegurar su supervivencia”.

Hacer cola “significa esperar la muerte en cualquier momento”, se queja Wesam

Por la mañana, después del recuento de víctimas, Wesam sale a la calle para conseguir comida junto a sus dos hermanos. Se dirigen al mercado en Nuseirat y cada uno de de ellos asume una tarea específica, como traer alimentos enlatados o artículos que puedan ayudarles a sobrevivir. Todo se agota rápidamente. Los comerciantes intentan limitar las cantidades permitidas a cada familia, para que pueda disponer de ellos el mayor número de personas posible. “El pan y el arroz son los alimentos básicos de la gente aquí”, cuenta, pero las panaderías se han convertido en lugares peligrosos debido a los ataques aéreos israelíes. Hacer cola “significa esperar la muerte en cualquier momento”, se queja Wesam, porque “los misiles israelíes no distinguen entre objetivos civiles y militares”. Además, especifica que el gas de cocina, el combustible y la electricidad escasean, por lo que la mayoría de la gente no puede cocinar en sus hogares y depende de bocadillos o comidas ligeras.

Los problemas no terminan ahí. “Bebemos agua contaminada o salada para sobrevivir”, dice Wesam. “A veces la suerte está de nuestro lado cuando logramos llenar algo de agua potable en algunas de las estaciones de desalinización de agua de la UNRWA que todavía funcionan”, escribe por whatsapp. Hay largas colas para ello y, por supuesto, no es suficiente para todos los residentes. Respecto a la higiene personal, Wesam se resigna: “tienes que acostumbrarte a lo que está disponible, porque no es posible ducharse a diario. Puedes hacerlo cada pocos días, dependiendo de la disponibilidad de agua salada”. Y, por si todo lo anterior fuera poco, matiza que la situación de los desplazados que se encuentran en las escuelas de la UNRWA, o directamente en las calles, aún es peor que la de su familia “en muchos aspectos”.

El resto del día lo pasan siguiendo las noticias, deseando con todas sus fuerzas escuchar la de un alto el fuego. Sueñan con regresar a sus casas y vidas normales, aunque que ni siquiera saben a qué hogar y a qué vida regresar. “¡Lo primero, que este INFIERNO pare!”, exclama Wesam. Y añade: “Nuestro sueño diario es decir adiós a esta vida, ya que la realidad es que tal vez no te despiertes al día siguiente, puedes ser asesinado bajo los escombros de tu casa o por los fragmentos de un misil ciego e insensible.”

A pesar de todo, el profesor Riad no pierde la esperanza: “Nuestra esperanza, la esperanza del pueblo palestino, ha perdurado desde la ocupación británica en 1917 y, posteriormente, desde la creación de Israel en 1948. Anhelamos una Palestina libre y democrática, donde podamos vivir en paz, una vez que cesen las matanzas generadas por los conflictos. Buscamos la libertad para establecer un Estado democrático y abordar la cuestión de los refugiados palestinos, siguiendo las resoluciones de las Naciones Unidas. Deseamos regresar a nuestros territorios ocupados desde 1948, donde judíos, cristianos y musulmanes podemos vivir en paz y armonía, como vecinos y queridos hermanos. Esto es lo que el pueblo palestino anhela, al igual que cualquier otro pueblo en el mundo”. Está convencido de que la historia “la historia juzgará a todos los Gobiernos ‘democráticos’ acerca de las matanzas de civiles, de la guerra y de la ocupación israelí. Y mientras esta no cese, advierte: “No podrán con el pueblo palestino y su resistencia de más de 75 año continuará”.

 

*Hibai Arbide Aza: es abogado de formación pero trabaja como periodista. Desde 2014 vive en Grecia, donde ha ejercido como corresponsal de televisión y ha publicado en prensa escrita en diversos medios internacionales. Es miembro de Muzungu Producciones desde 2015. Lleva casi dos décadas implicado en cuestiones relacionadas con las fronteras y la libertad de movimiento; primero como activista, después como abogado y ahora como periodista, cubriendo la llamada “crisis de los refugiados” de los últimos años en Grecia, los Balcanes, Oriente Medio y Alemania. Otros temas habituales en su trabajo son las cuestiones sociales, los derechos civiles y los asuntos LGTBI+. Detesta escribir su propia bio.

 

Imagen destacada: Daños causados ​​por una incursión nocturna israelí a gran escala en el campo de refugiados de Jenin, durante la cual las fuerzas coloniales israelíes mataron a cuatro palestinos utilizando un misil disparado por drones. 30 de octubre de 2023 WAHAJ BANI MOUFLEH / ACTIVESTILLS

Fuente: EL SALTO DIARIO
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Israel deporta a miles de trabajadores palestinos varados de regreso a Gaza

 

Según los informes, unas 3.200 personas fueron enviadas a una franja devastada por la guerra a través del cruce de Kerem Shalom en una medida “profundamente preocupante”.

 

 

 

Israel y Hamás en guerra – actualizaciones en vivo

en Tel Aviv y en Ramallah

 

Viernes 3 de noviembre de 2023

 

Hombres de diferentes edades parados alrededor de la frontera.

Los trabajadores palestinos que han quedado varados en Israel desde los ataques del 7 de octubre están cruzando de regreso a la Franja de Gaza a través del cruce de Kerem Shalom. Fotografía: Said Khatib/AFP/Getty Images

Miles de trabajadores palestinos de Gaza que quedaron varados en Israel cuando estalló la guerra el mes pasado han sido deportados a la franja devastada por la guerra después de haber sido expulsados ​​por el gobierno israelí.

Un periodista del Guardian en Rafah, en el extremo sur de la franja, vio un flujo constante de hombres de todas las edades sin teléfonos, dinero o documentos de identidad entrar en el territorio el viernes por la mañana a través del cruce de Kerem Shalom para mercancías comerciales, después de haber caminado unos 2 kilómetros. desde el lado israelí de la frontera. Mada Masr, un medio de comunicación egipcio independiente, dijo que unas 3.200 personas habían sido devueltas a través del puesto de control, controlado por Israel y Egipto.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU dijo que estaba “profundamente preocupada” por las expulsiones. “Están siendo devueltos, no sabemos exactamente a dónde, [ni siquiera si] tienen un hogar al que ir”, dijo su portavoz Elizabeth Throssell en una conferencia de prensa en Ginebra. Dijo que era una situación increíblemente peligrosa.

Se ha contactado al gobierno israelí para solicitar comentarios sobre la transferencia.

La quinta ronda de guerra entre Israel y Hamás desde que el grupo militante palestino tomó el control de la franja en 2007 comenzó el 7 de octubre después de que un sangriento ataque perpetrado por Hamás en Israel matara a 1.400 personas. Posteriormente, más de 9.000 palestinos han muerto en la campaña de bombardeos y la invasión terrestre israelíes en esta pequeña franja de tierra, hogar de 2,3 millones de personas que no tienen dónde huir de la violencia.

El jueves, el gabinete de seguridad de Israel dijo en un comunicado que el país estaba “cortando todo contacto con Gaza”. “No habrá más trabajadores palestinos de Gaza “, afirmó.

Antes de este mes, 18.500 hombres casados ​​mayores de 25 años tenían permiso de las autoridades israelíes para ingresar al país, principalmente para trabajar en la agricultura y la construcción, como parte de una política israelí diseñada para aliviar la aplastante pobreza de Gaza y crear un salvavidas económico que Se creía que Hamás no estaría dispuesto a poner en peligro.

Un número indeterminado de estos trabajadores fueron detenidos en redadas en todo Israel en los días posteriores al 7 de octubre y encarcelados bajo el principio de detención administrativa, que permite el arresto de sospechosos sin cargos ni acceso a las pruebas en su contra con el argumento de que pueden violar la ley en el futuro.

Muchos han afirmado que fueron torturados o maltratados de otro modo en instalaciones penitenciarias militares durante las últimas semanas. El Comité Internacional de la Cruz Roja afirmó que se le negó repetidamente el acceso a los trabajadores arrestados, que fueron retenidos como “enemigos no combatientes”.

Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) no respondieron de inmediato a la solicitud de The Guardian de comentar sobre los arrestos o las acusaciones de malos tratos.

Se cree que varios miles de personas han llegado a la ocupada Cisjordania durante las últimas semanas, en busca de sus compatriotas y de un lugar relativamente seguro. The Guardian se reunió a principios de esta semana con varios trabajadores de Gaza abandonados en Ramallah, la capital administrativa de Cisjordania.

Tenían dos grandes temores: temen recibir un mensaje de texto o una llamada telefónica desde Gaza informando que su familia ha sido asesinada o está desaparecida bajo los escombros, y temen que la policía y los soldados israelíes asalten su refugio en Ramallah y los encierren como presuntos terroristas.

“Cuando escuchamos que los israelíes podrían venir, corremos hacia las colinas y nos dispersamos como hormigas”, dijo un trabajador migrante. “Incluso los viejos corren”. Era uno de los aproximadamente 700 hombres de Gaza que habían convertido el gimnasio y centro recreativo de Ramallah en un campo de refugiados de facto.

Hace un mes pertenecían a la cohorte relativamente privilegiada de palestinos de Gaza con permisos para salir del empobrecido territorio y trabajar en Israel, donde los salarios son seis veces más altos, según una investigación publicada el año pasado por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel.

Hasta el 7 de octubre, cada día más trabajadores cruzaban a Israel: 18.500 de los 20.000 permisos prometidos, se llevaban a casa 2 millones de libras al día, según estadísticas palestinas e israelíes. Durante el programa, más palestinos abandonaron la franja cada día que en los 16 años anteriores de asedio juntos.

Ese dinero estaba marcando una gran diferencia en Gaza, donde el desempleo había rondado el 45% durante los últimos años. Las familias pudieron saldar deudas de negocios y proyectos que fracasaron debido a las restricciones impuestas a la economía de la franja; la reconstrucción después de la guerra de 2021 se llevó a cabo más rápidamente que después de episodios anteriores de conflicto y se estaban abriendo nuevos cafés y tiendas.

Pero después de que Hamas atacara el sur de Israel, las fuerzas de seguridad israelíes comenzaron a arrestar a los trabajadores de Gaza. No está claro cuántos siguen detenidos, o cuántos siguen escondidos en Israel o Cisjordania, sintiéndose fugitivos.

“Cuando vi las noticias, supe que era demasiado peligroso ir a trabajar. La policía estaba arrestando a todos los habitantes de Gaza”, dijo Ahmad, de 31 años, que trabajaba como cocinero en un restaurante de shawarma en Tel Aviv. Él y seis compañeros de trabajo de Gaza estaban acurrucados en su apartamento compartido en el sótano, preguntándose qué hacer. Después de dos días, Ahmad salió a comprar comida. A su regreso encontró el apartamento vacío y patas arriba: la policía había allanado y arrestado a sus compañeros de piso.

Ahmad se unió a otros trabajadores de Gaza en Tel Aviv que alquilaron un autobús y huyeron a Cisjordania. La Autoridad Palestina proporcionó colchones y comida a los hombres en el centro recreativo de Ramallah, uno de varios refugios en todo el territorio, pero poco puede hacer para protegerlos de las incursiones israelíes.

Los trabajadores pasan el día cargando sus teléfonos, leyendo las noticias e intentando conectarse con amigos y familiares en casa. Cuando reciben noticias sombrías, algunos gimen y se desmayan (se ha llamado a ambulancias) y otros se quedan en silencio. “Mi esposa y mis hijos están bien, pero tengo pesadillas”, dijo Ahmad.

Abu Mahmoud, de 56 años, que solía limpiar un supermercado en la ciudad costera de Herzliya, se prepara cada vez que llama a su esposa, que se encuentra en la ciudad de Gaza con sus hijos. “Hay bombardeos día y noche. No pueden comer ni dormir”.

Abu Mahmud
Abu Mahmoud, un trabajador de Gaza, está varado en Cisjordania. Fotografía: Rory Carroll/The Guardian
Su hija de seis años le ruega que vuelva a casa. “Ella dice: ‘Baba, ven, te necesitamos’”, dijo.

Mahmoud dijo que iría si pudiera, a pesar de la matanza, pero Israel ha bloqueado el enclave. “Lo único que puedo hacer es decirle a mi esposa que sea fuerte”.

Sayef Olehe, de 30 años, que huyó de su trabajo como carnicero, dijo que pasó de la ansiedad por su familia a la preocupación de que lo arrestaran. “Nadie sabe nada sobre los que han sido encarcelados“.

En una llamada telefónica reciente, su hija de tres años le hizo una pregunta que él no pudo responder. “Ella dijo: ‘¿Por qué estás trabajando en Israel? Nos están matando’”.

No volvería a trabajar en Israel, dijo Olehe.

 

Información adicional de Sufian Taha

 

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