Temblando por el dólar

Por Gastón Pardo.

El precio del dolar blue causa ansiedad a los ahorristas argentinos y dolores de cabeza a los economistas . El gobierno prometió la dolarización de la economía y se polemiza si podrá cubrir o no ese objetivo. El dolar, tener reservas en dolares, parece lo único importante en la economía argentina. A contramano de nuestras preocupaciones, fuerzas muy poderosas en el mundo están preparando el velorio de la moneda estadounidense. ¿En que mundo vivimos?.

Publicado en Kaos en la Red

Mientras el G7 se reúne desesperadamente en Italia para planificar caminos de confrontación efectivos y busca «masa crítica» ¡incluso en miembros del BRICS! para sostener su hegemonía a base de bandidismo (robo de activos rusos congelados y aplicación al esfuerzo bélico ucraniano) y aprietes (cóctel de sanciones a Rusia y «a quienes hagan negocios» con ella), el «Sur Global» se relame con la creciente expiración de un Tratado…

Se trata nada menos que del vencimiento, 𝒏𝒐 𝒓𝒆𝒏𝒐𝒗𝒂𝒅𝒐, del acuerdo histórico entre el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, con el rey saudí Faisal ben Abdul-Aziz al Saud, suscripto en Yeda, Arabia Saudí, el 15 de junio de 1974, con un vigor de 50 años.

¿En qué consistió ese acuerdo? Vamos a contarlo lo más sintético y fácilmente posible para conocer el tenor de lo que se viene… y por qué el mundo va hacia una guerra total.

¡Comencemos!

En julio de 1944, con las tropas angloestadounidenses desembarcadas en Normandía y penetrando lentamente el suelo francés, y con la Operación Valkiria para asesinar a Hitler en marcha, un grupo de ministros, economistas y delegados de 44 naciones se refugiaron en el lujoso Hotel Mount Washington, en Bretton Woods, New Hampshire, en la costa noreste de EEUU.

Sobre la base de la Carta del Atlántico negociada por Franklin Roosevelt y Winston Churchill suscrita el 14 de agosto de 1941 a bordo del crucero USS Augusta, que selló definitivamente la alianza angloestadounidense para el «nuevo orden mundial», la conferencia de Bretton Woods se reunió para diseñar las aspectos del orden económico.

Allí, como todos saben, se acordó la creación de instituciones que apuntalarían la nueva economía mundial: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el brazo prestamista del Banco Mundial, que se encargarían del tipo de cambio internacional, utilizando una moneda de reserva mundial. También se crearían el GATT (luego devenido en OMC). Pero la gran discusión era qué moneda sería la que regiría en el plano de las transacciones…

John Keynes, un ilustre expositor, abogaba por la creación de una nueva moneda internacional. Pero el gobierno de Estados Unidos tenía otros planes. Desde su etapa imperialista temprana, el país venía acumulando grandes depósitos de oro, que incluso se habían incrementado exponencialmente durante la Segunda Guerra Mundial, ya que las naciones aliadas – Francia y Reino Unido fundamentalmente, pero también la URSS – habían vendido su oro a los estadounidenses para proveerse armas y otras materias primas, o bien depositaron su oro en la Reserva Federal para su custodia..

El asesor principal del Tesoro de Estados Unidos, Harry Dexter White, entonces se opuso a la idea de Keynes de una moneda internacional, y presionó para que se adoptara el dólar, vinculado a las tenencias de oro estadounidenses a 35,00 dólares la onza.

En honor a las alianza con los británicos, se impuso también la libra esterlina, pero ésta estaba destinada a la devaluación y EEUU lo sabía (algo que quedó en notable evidencia tras el desastre de Suez).

Lo cierto es que el peso específico de la potencia a la que ya todos señalaban como triunfadora se impuso y el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Bretton Woods en diciembre de 1945, que codificó las nuevas políticas económicas en la ley.

>Esto significaba que el llamado «patrón oro» se imponía mundialmente a través del FMI y el Banco Mundial, apuntalando a la primera moneda de reserva del mundo, el dólar estadounidense.

Para reconstruir Europa después de la guerra, Estados Unidos prestó miles de millones de dólares a los bancos centrales europeos a través del Banco Mundial («Plan Marshall») y así incorporar a estas naciones dentro del «sistema capitalista» dirigido desde Washington.

No obstante, el acelerado crecimiento de la economía estadounidense (y sus subsidiarias europeas y japonesas) creó un dilema para el patrón oro: no había suficientes dólares vinculados al oro para el comercio mundial y el pago de la deuda.

El tamaño de las tenencias de oro era relativamente fijo, al igual que el número de dólares, y allí existía un constreñimiento para el apalancamiento. Entonces, los préstamos (la salida de dólares) se empezaron a estimular «sin respaldo», a puro déficit (deuda).

Por cuestiones de ecuación macroeconómica, controlar el precio del oro se volvió cada vez más difícil.

La inestabilidad de la Guerra Fría, que forzaba a impresionantes carreras armamentísticas (con sistemas más complejos de misiles y de ojivas nucleares, altamente costosas) hizo que fuera imposible mantener la unión oro-dólar en los términos fijados originalmente.

Pero el quiebre vino en las «políticas de bienestar y guerra» sostenidas por Lyndon Johnson, el sucesor del Deep State de John F. Kennedy, que hicieron que el patrón oro fuera insostenible.

Para financiar la Guerra de Vietnam – que era un agujero negro de fondos – y a la vez sostener la competitividad con el sistema marxista en términos de contraste, a través de la promoción de una clase trabajadora bien paga y con alto consumo – sin aumentar significativamente los impuestos, Johnson adoptó políticas de gasto infladas que incurrieron en altísimos déficits.

La inflación creció, pues el gobierno se financiaba con emisión sin respaldo. Estaba claro que el patrón oro a $35.00 la onza era insostenible. Los gobiernos del mundo comenzaron a convertir sus dólares en oro – legalmente podían hacerlo – creando un círculo vicioso que debilitó el dólar y aumentó aún más la conversión de oro.

Eso haría del dólar una moneda débil que impediría a Estados Unidos seguir financiando sus déficits «exportando inflación».

Entonces, en 1971, bajo la administración de Richard Nixon, se tomó una decisión: las tenencias de oro estadounidenses habían disminuido al 22% de la oferta mundial, y el oro respaldaba solo 16 centavos de cada dólar. Por consiguiente, Nixon anunció que Estados Unidos suspendería la conversión del dólar en oro, convirtiendo al dólar en una mera moneda fiduciaria, como todas las demás.

Esto al principio funcionó relativamente bien, pero cuando se abandonaron las tasas fijas y los tipos de cambio se hicieron fluctuantes, basados en las condiciones del mercado, el dólar comenzó a flotar de manera inestable, desligado de la estabilidad que le daba la oferta de oro. Quedó evidente que 𝒏𝒆𝒄𝒆𝒔𝒊𝒕𝒂𝒃𝒂 𝒆𝒏𝒄𝒐𝒏𝒕𝒓𝒂𝒓 𝒐𝒕𝒓𝒂 𝒎𝒂𝒕𝒆𝒓𝒊𝒂 𝒑𝒓𝒊𝒎𝒂 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒂𝒏𝒄𝒍𝒂𝒓𝒍𝒐.

La oportunidad vino paradójicamente de la mano de una desgracia: el 7 de octubre de 1973, tropas coordinadas de Siria, Egipto y Jordania, con apoyo de otras naciones árabes como Irak, atacaron a Israel desencadenando la Guerra del Yom Kippur, para tomar venganza de la Guerra de los Seis Días.

Estados Unidos vio la oportunidad de sumar un nuevo gendarme en Medio Oriente (el otro era Irán; se creía que los pan-arabismos eran instrumentos comunistas) y salió al rescate de Israel con la operación logística Nickel Grass. Se dice, además, que Estados Unidos hasta aprovisionó a Tel Aviv de bombas nucleares por si la cosa se desmadraba.

Apenas los estadounidenses montaron Nickel Grass, los árabes, especialmente los saudíes, impulsaron en el marco de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), el 19 de octubre de 1973 (la guerra terminó el 25), el embargo exportador a Estados Unidos.

Esto afectó de sobremanera al país, dado que se trataba del mayor consumidor de productos petrolíferos del mundo (máxime que estaba en plena guerra en Vietnam) y no existía la técnica de esquistos aún. Estados Unidos dependía mucho del petróleo de Medio Oriente.

Pronto, la actividad económica cayó, se racionó el líquido, los precios subieron escandalosamente y Nixon quedó muy malherido. Luego vendría el Watergate que lo obligó a dimitir (pues ya era mucho dos asesinatos…).

Consciente de que el patrón de la OPEP era el reino saudita, Nixon tomó rápido contacto para «hacerles una oferta que no podían rechazar»: propuso al rey Faisal ben Abdul-Aziz Al Saud un pacto de asociación por el cual le garantizaría la defensa irrestricta de su Reino, con generosas provisiones de armamento, y un especie de «intocabilidad» en todo aspecto. Hasta les abrió el mercado estadounidense para sus inversiones personales, especialmente en bonos del Tesoro (papeles que financian la deuda pública americana).

A cambio, los saudís tendrían que aumentar la producción de petróleo… y comerciarlo en dólares.


El presidente Nixon estrecha la mano del rey Faisal de Arabia Saudita después de las conversaciones en el Palacio Riasa, 15/07/1974, Príncipe Faqqaz (Gobernador de La Meca, con gafas), Richard M. Nixon, Rey Faisal. Colección de la oficina de fotografías de la Casa Blanca. Dominio público.


 

Ahora mismo, se avecinan «vientos de cambio»…

Durante los últimos 50 años, el sistema global de petróleo por dólares ha facilitado el comercio mundial y ha impulsado la economía estadounidense, haciendo incluso atractivos a los bonos del Tesoro de Estados Unidos para los inversores extranjeros.

Este 𝑟𝑒𝑣𝑜𝑙𝑣𝑖𝑛𝑔 hace que la deuda soberana norteamericana crezca pero no pierda atractivo: el dólar se mantiene fuerte por el mero hecho de que 𝑠𝑒 𝑛𝑒𝑐𝑒𝑠𝑖𝑡𝑎𝑛 dólares para adquirir energía, y asimismo, porque esos dólares se terminan reinvirtiendo en la cuna de su generación. ¡China incluso invierte mayoritariamente en bonos del Tesoro norteamericano!

Sin embargo, han sucedido dos aspectos a tener en cuenta:

1) China ha pasado a partir de 2010 a una fase de globalización de sus propios capitales

2) Rusia se ha incorporado como un miembro de facto de la OPEP (OPEP+), lo que significa su salida a la oferta energética global.

Por si no se entiende, esto significa que China, que se ha convertido en la «fábrica del mundo», necesita más que nunca de los recursos energéticos globales, y que está dispuesta a lograr «acuerdos estratégicos» de provisión, especialmente, con los países productores del Golfo… como los logrados por Estados Unidos con el pacto del petrodólar.

En diciembre de 2022, Xi Jinping visitó Arabia Saudita y se entrevistó, además, con las naciones del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para incrementar sensiblemente el comercio… y hacerlo en monedas nacionales por fuera del dólar.

A la vez, Rusia y Arabia Saudita han llegado a acuerdos para manejar, 𝒄𝒐𝒏𝒋𝒖𝒏𝒕𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆, la OPEP y marcar el ritmo de la producción y los precios, algo que se vio palpablemente cuando el G7 intentó poner precios máximos a la oferta rusa de ultramar (ese crudo que llega a India y se refina… para inundar el mundo), solicitando a los saudíes que incrementen sensiblemente la producción… y los saudís se negaron (con el guiño cómplice ruso).

Las sospechas del asesinato y descuartizamiento del «periodista» Jamal Gashoggi (en realidad, un conocido agente de la CIA infiltrado en el reino saudita) por parte de Mohammed ben Salman (MbS), apuntan a un ataque anticipado del príncipe contra un golpe palaciego «𝑈𝑆 𝑓𝑟𝑖𝑒𝑛𝑑𝑙𝑦», a sabiendas de que los saudíes hacían negocios con rusos y chinos.

Eso explicaría el aislamiento del monarca saudí en el G20 de Buenos Aires, a fines de 2018, pero las sonrisas y choque de manos que le hiciera Vladimir Putin: https://www.youtube.com/watch?v=1oaS2VQC_rU

Pero hay más…

La mediación china respecto de lograr un entendimiento (paz) entre iraníes y saudíes viene dada, también, en el marco de quebrar el pacto de «petróleo por seguridad».

Estados Unidos ha 𝑓𝑜𝑔𝑜𝑛𝑒𝑎𝑑𝑜 la rivalidad entre chiítas persas y sunitas árabes, incluso, fomentando las escuelas wahabistas de confrontación. Por ello ha hecho poco y nada para destruir a los hutíes yemenitas… mientras éstos les eran útiles para polarizar.

La paz alcanzada en Beijing en marzo de 2023 entre Irán y Arabia Saudita para reanudar sus relaciones diplomáticas es un hito impresionante porque es el principio de la desintegración del petrodólar. Todos los impulsos israelo-estadounidenses por demonizar a Irán y llevar agua saudita para su molino han fracasado por ahora.

Si el precio del petróleo se cotizara en una moneda distinta al dólar – y el BRICS va detrás de eso como lo anuncié en el artículo anterior – podría provocar una disminución de la demanda mundial del dólar, lo que, a su vez, podría dar lugar a una mayor inflación, tipos de interés más altos y un mercado de bonos más débil en Estados Unidos.

Por esta razón que el G7 está desesperado: no se trata solamente de las victorias rusas en el campo de batalla, o del fortalecimiento chino en Asia Central y el ASEAN. 𝑺𝒆 𝒕𝒓𝒂𝒕𝒂 𝒃𝒂́𝒔𝒊𝒄𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒅𝒆𝒍 𝒈𝒓𝒂𝒏 𝒅𝒐𝒎𝒊𝒏𝒊𝒐 𝒉𝒆𝒈𝒆𝒎𝒐́𝒏𝒊𝒄𝒐 𝒐𝒄𝒄𝒊𝒅𝒆𝒏𝒕𝒂𝒍: 𝒆𝒍 𝒑𝒐𝒅𝒆𝒓 𝒅𝒆𝒍 𝒅𝒐́𝒍𝒂𝒓, que permite el desarrollo de todos los demás poderes, desde el militar, hasta incluso, el cultural.

Este 4 de junio, 4 días antes de la expiración del acuerdo Nixon-Faisal, la monarquía saudí al mando de MbS se unió a una prueba de moneda digital dominada por China: se trata del proyecto mBridge (o m-CBDC Bridge), una iniciativa conjunta entre varios bancos centrales para explorar el uso de monedas digitales de bancos centrales en pagos transfronterizos.

El proyecto es liderado por el Banco de Pagos Internacionales (Bank for International Settlements o BIS) y cuenta con la participación de los bancos centrales de Hong Kong, Tailandia, Emiratos Árabes Unidos [invitado al G7] y China.

China y sus socios están 𝒔𝒂𝒍𝒕𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒑𝒐𝒓 𝒂𝒓𝒓𝒊𝒃𝒂 el dólar físico o cableado por monedas digitales (como el e-yuan, ya existente) de rápida compatibilización y transacción. Si a eso sumamos (ya advertido en el artículo anterior) el proyecto impulsado por Rusia, el otro gran productor de petróleo, que será tratado en la cumbre BRICS de octubre en Kazán, de imponer un 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐 𝒔𝒊𝒔𝒕𝒆𝒎𝒂 𝒅𝒆 𝒑𝒂𝒈𝒐𝒔 global sustituto (o conviviente) con el SWIFT, el destino del dólar está bajo seria amenaza.

Súmese a eso la extraordinaria deuda pública estadounidense, del orden de los 35 billones de dólares… que no podrá apalancarse con la avidez de dólares externa. Algo que ya se percibe con el incremento de las tasas de interés…

Así las cosas, las presiones hegemónicas estadounidenses en las líneas de fractura ucraniana y taiwanesa para lograr la desconexión energética rusa y la des-globalización de capitales china, en el plano de una incipiente Cuarta Revolución Industrial, es testigo de un contraataque sinorruso en el Talón de Aquiles del sistema occidental: la preeminencia del dólar.

El proceso de desdolarización es una dinámica coordinada de China y Rusia, y sus órganos impulsores son la Organización de Cooperación de Shanghái y el BRICS.

Ello explica, por ejemplo, el termómetro argentino: un impresionante viraje hacia la dolarización y una salida histérica del BRICS. Argentina es el alumno perfecto del orden desafiado, y quien con más bríos se ata a una realidad que podría irse.

Tomado de tramas.ar

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