“El término ‘reforma laboral’ usado tan genéricamente es un eslogan para eliminar la protección de los trabajadores, las indemnizaciones y la jornada de ocho horas. Lo que se busca es disciplinar a los trabajadores para incrementar las ganancias de las empresas y que la fuerza de trabajo haga lo que el empleador quiera“, analiza Daniel Kostzer, economista jefe de la Confederación Sindical Internacional (CSI), en relación a políticas que el gobierno de Milei busca aplicar en materia laboral.

En diálogo con Cash, Kostzer sostiene que en el actual momento de desarticulación y debilitamiento de la dirigencia política opositora, “la principal línea de defensa contra el avance de este anarcocapitalismo son los trabajadores y los estudiantes”. 

–¿Qué análisis hace de la situación salarial en el país luego de los primeros meses de gestión del gobierno de Javier Milei?

–Estamos en presencia de una caída sistemática del salario desde 2015, aunque con un cierto mantenimiento del poder adquisitivo durante el período de Alberto Fernández. Desde que asumió Milei, sin dudas, vemos una aceleración en la caída del salario real en casi la totalidad de las ramas. Y salvo algún caso muy puntual, el gobierno no homologó los convenios acordados por los gremios.

–¿Cómo define la situación del salario mínimo?

–Más grave es la situación con el salario mínimo vital y móvil. Hay una total incompatibilidad entre la definición de salario vital que da la Organización Internacional del Trabajo (OIT), como el “mínimo necesario para mantener un nivel de vida digno”, y el salario en Argentina, que en algunas provincias no cubre ni las necesidades alimentarias ni ningún otro capítulo definido como “necesario”, como la vivienda, la educación o la salud.

–¿Cuál es el objetivo del gobierno argentino en materia laboral?

–Veo varios objetivos. Uno es generar rentas extraordinarias para los empleadores, aun cuando el costo laboral comparado con otros costos empresarios no es muy significativo. El otro factor, tal vez el más importante, es eliminar la protección de los trabajadores para disciplinar la fuerza de trabajo. Se los trata como si fuesen un bien de uso más que un factor productivo central y un ser humano el que lo porta. Este es un objetivo del sistema capitalista en general. De allí la importancia de que existan sindicatos a escala global, nacional y sectorial, para proteger esos derechos.

Sindicatos

Recientemente, Kostzer participó, junto a otros expertos en temas laborales, de un encuentro en la OIT para analizar políticas públicas a nivel global y tendencias en el mercado de trabajo. Varias conclusiones interesantes surgen de este trabajo.

–En la OIT, se hizo referencia a un crecimiento de afiliaciones en ciertos sindicatos a nivel mundial. ¿Cómo ve la resistencia sindical frente a la creciente vulneración de derechos laborales?

–En el mundo hubo un avance sobre los derechos sociales y los derechos laborales fuerte y agresivo desde la restauración conservadora de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. En este momento, la principal línea de defensa contra el avance de este anarcocapitalismo son los trabajadores y los estudiantes, fundamentalmente. Parecía que la desregulación del mercado de trabajo y la falta de defensa de los trabajadores iba a seguir erosionando una base sindical, pero no.

–¿Qué tendencias generales observan en el mercado laboral?

–A partir de la crisis financiera 2008-2010, comenzamos a ver varios movimientos. Por un lado, algunos países renuncian al recetario ortodoxo liberal y se centran en políticas laborales, como el salario mínimo. Particularmente, vemos que los países del Sudeste Asiático, frente a la caída de sus mercados externos –especialmente Europa y Estados Unidos–, fortalecen sus mercados domésticos, para lo cual la principal herramienta es el salario mínimo. Por otro lado, aumenta la tasa de asalarización; por ende, los salarios comienzan a formar parte de una negociación más consuetudinaria en muchos países, lo cual implica una mayor conciencia sindical y mayor afiliación. El efecto que tiene la afiliación sindical es muy importante.

–¿En qué sentido lo es?

–En Estados Unidos, a mediados de los años ‘80, un 40 por ciento de la población veía positivamente el rol de los sindicatos. En el año 2023, vemos que el 72 por ciento de la población tiene una opinión favorable de los sindicatos, lo cual implica un aumento de afiliaciones. En países como Estados Unidos hubo políticas públicas dirigidas a la creación de nuevos sindicatos que representan a establecimientos, no son sindicatos por ramas. El gobierno adoptó una posición favorable hacia los sindicatos porque ven en ellos la posibilidad de revigorizar una clase media, que ha ido desapareciendo.

–¿Cuál es el riesgo del debilitamiento de los sindicatos?

–En Argentina, si el proyecto de Milei avanza sin resistencia veremos un proceso de polarización en materia de ingresos; los ricos serán cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres. A su vez, la distancia entre trabajadores es cada vez mayor. Gremios como los aceiteros o aeronavegantes, donde hay mayor rentabilidad empresaria, se distancian enormemente de lo que gana un empleado de comercio o una empleada doméstica. Tampoco pareciera que esa dinámica se dé naturalmente, porque una estrategia del gobierno actual es la no homologación o la dilación en la homologación de los convenios.

–¿Qué cree que pasará con la situación de los sectores que logran acuerdos salariales más fuertes, si el gobierno no homologa los convenios?

–Esos gremios avanzan con medidas de fuerza frente a la no homologación de sus convenios o la reticencia de los empleadores a negociar. La estrategia de este gobierno no sólo contradice las normas de la OIT, avanza también contra el ideario libertario, según el cual los acuerdos se dan entre privados. Por lo que un acuerdo entre partes debería ser homologado. Insisto, lo que se busca es disciplinar a los trabajadores para incrementar las ganancias de las empresas y que la fuerza de trabajo haga lo que el empleador quiera. Para ellos, la casta son los trabajadores sindicalizados.

Reforma laboral

–A partir del debate que se está dando alrededor de la “Ley Bases”, tanto en la dirigencia oficialista como opositora parece haber cierto consenso sobre la necesidad de impulsar una reforma laboral. Si es que existe tal necesidad, ¿cuál debería ser el sentido que tome el proyecto?

–Hablar de una reforma laboral en términos tan generales es como decir que todos deberíamos ser felices. Es una forma de barrer ciertos problemas debajo de la alfombra. Debe haber renegociaciones a partir de los convenios, porque nadie mejor que el empresario y el trabajador de un determinado sector para saber qué se puede mejorar y qué se debe transformar. El término “reforma laboral” usado tan genéricamente es un eslogan para eliminar la protección de los trabajadores, eliminar las indemnizaciones y eliminar las jornadas de ocho horas de trabajo, que es un logro casi universal aunque a veces no se cumpla. En la negociación paritaria no solo se discute el nivel salarial. También se discuten condiciones de trabajo, higiene y seguridad en el lugar de trabajo; incluso, medidas que hacen al mejoramiento productivo del sector. Una reforma laboral general que contemple todos los sectores, todas las situaciones, todas las actividades y todas las calificaciones es realmente una exageración impracticable.

–Algunos argumentos apuntan a la necesidad de incorporar nuevas tipologías de contratación.

–En Argentina ya tenemos una tipología que cubre prácticamente todas las posibles alternativas de contratación. Yo creo que el sueño de algunos empresarios y del gobierno de Milei es contar con un mercado de trabajo como el de Estados Unidos.

–¿Qué rasgos tiene el mercado de trabajo norteamericano?

No hay indemnizaciones por despidos, salvo las que son negociadas en ciertos sectores, ni tampoco jornadas determinadas, sino contrataciones de las más variadas, como el contrato de cero horas, donde se firma un contrato según el cual la empresa le indica al trabajador cuándo trabajar y cómo trabajar. No hay previsibilidad de los ingresos, no hay licencia por enfermedad o por maternidad. En cambio, en gran parte del mundo hay una cantidad de logros obtenidos por el movimiento obrero y, más aún, por las sociedades.

–¿Qué países se destacan por los logros en esta materia?

–En los países del Norte de Europa, e incluso en España y Portugal, hay logros importantes que son valorados socialmente, como la licencia por maternidad o las vacaciones pagas. Hoy se está avanzando en una licencia que no distingue entre el padre y la madre al otorgar un período para hacerse cargo de las tareas de cuidado. Pero insisto, mi impresión es que el gobierno argentino quiere crear un mercado de trabajo donde no exista ningún tipo de regulación. Y, como sabemos, donde no regulan los Estados y las sociedades, regulan los poderosos. El derecho laboral tiene una condición tutelar, está llamado a regular o equiparar una asimetría de poder evidente entre el empleador y el trabajador.

Salario mínimo

–El documento de la OIT publicado luego del encuentro entre expertos menciona una serie de iniciativas voluntarias sobre los llamados “salarios dignos”. ¿En qué consiste esa iniciativa?

–Se trata de iniciativas de empresas transnacionales como respuesta al crecimiento de la inflación, sobre todo después de la pandemia. Es una campaña en contra de los aumentos abusivos de las tasas de ganancia, que explican en gran parte el proceso inflacionario que hubo entre el 2022 y el 2023. Estas empresas se dieron cuenta del riesgo reputacional que pueden tener en países emergentes, como Bangladesh, Indonesia, Vietnam o Myanmar. La iniciativa de estas empresas consiste en presionar a los organismos internacionales, los sindicatos globales y la academia, para avanzar en la definición, determinación y cálculo de salarios vitales.

–¿Cómo es vista esta iniciativa por parte de la Confederación Sindical Internacional?

–La reunión de expertos de la OIT llegó a una conclusión que es incorporada por los trabajadores con mucha fuerza: una de las debilidades de estas experiencias es que están diseñadas en oficinas o en la academia europea o norteamericana sin tomar en cuenta realmente los factores idiosincráticos de los distintos países y las necesidades reales de los trabajadores que los habitan. Es decir que carecen de validación in situ.

–¿Qué proponen frente a esa debilidad?

 

–Por un lado, que los resultados surjan de evidencia empírica de los lugares y de las negociaciones entre empleadores, trabajadores y gobiernos en los distintos países. No es lo que inicialmente esperaban algunas de estas grandes marcas internacionales, pero a lo mejor nuestra propuesta sirva para generar presión sobre sus proveedores y subcontratistas para que se sienten a negociar salarios vitales acordes con los países donde operan.

Tomado de pagina12.com.ar