Eduardo Lucita*: La guerra de los chips en clave geopolítica

 

19 Noviembre, 2023

 

Eduardo Lucita*

La llamada guerra de los chips tiene un papel central en la disputa sino-estadounidense por el estratégico control de las nuevas tecnologías que se desenvuelve en el marco de movimientos geopolíticos en el tablero mundial.

El conflicto en Medio Oriente, que enfrenta al Estado de Israel con una organización político-militar  que lucha por la defensa del territorio palestino de Gaza, ocupa hoy el centro de la tención mundial. Sin embargo aún en esta delicada situación, que puede desembocar en un conflicto aún mayor, el tablero mundial sigue registrando movidas estratégicas.

El pasaje del  modelo anglosajón (EEUU-Gran Bretaña) al asiático-pacífico (China y el sudeste asiático) que arrastra a Europa, tiende a acelerar y reorientar el curso del comercio y las inversiones globales. En este marco es que se desenvuelve la disputa estratégica por el control de las nuevas tecnologías (inteligencia artificial, internet de la cosas, robótica de nueva generación). Es ahí donde se define la reestructuración del poder mundial.

Interferencias

La dialéctica competencia-cooperación que ha caracterizado hasta ahora la disputa sino-estadounidense, se está viendo condicionada por disposiciones comerciales de las dos grandes potencias que, al menos hasta ahora, garantizaban la gobernabilidad global.

El origen de estos condicionamientos – que interfieren en el proceso de globalización- debe buscarse en la ruptura de las cadenas globales de comercialización –especialmente las de alta tecnología- producto de la pandemia primero y de la guerra ruso-ucraniana después.

Esta ruptura ha afectado el comercio internacional y a la economía global, pero sobre todo  ha golpeado fuerte a los EEUU  y ha favorecido el avance de China que, según declaraciones de su presidente, Xi Jinping, busca colocar a la República Popular entre las “primeras filas de los países más innovadores”.

Proteccionismo estatal

El punto central en que se desenvuelve esta ruptura de la cadena global es el mercado de semiconductores (chips). Con la ampliación de los controles impuestos en tiempos de Trump, la administración Biden ha prácticamente prohibido la venta de productos de alta tecnología a la República Popular, incluso presionó a Japón y Holanda a sumarse a esas restricciones. Busca así complicar, sino detener,  la extraordinaria expansión que ha tenido esta industria en China, que es el segundo país en gasto de inversión y desarrollo científico.

Parte esencial de este bloqueo es la restricción para venderles las impresoras que graban los circuitos en los chips. Cuanto más diminutos resulten estos circuitos (se miden en nanómetros) más rápido circula la información. Esta máquina muy específica solo la produce ASML, empresa holandesa. Sin poder comprarla todos los esfuerzos chinos para que sus transistores resulten más veloces están neutralizados.

La respuesta a las trabas norteamericanas ha sido la restricción a las exportaciones de dos minerales -el germanio y el galio- de los que China explica más del 80 y el 90% respectivamente de la producción global. Ambos minerales resultan imprescindibles para la fabricación de chips y otros componentes. Adicionalmente y bajo el argumento “que la empresa Micrón no ha superado sus pruebas de seguridad” prohibió también continuar comprando sus productos.

Tanto EEUU como la República Popular han recurrido a los conceptos de Seguridad Nacional (“riesgo inaceptable de que los productos chinos sean utilizados con fines militares) y de Intereses Nacionales (“necesidad de una producción autónoma e independiente”) para sostener la intervención estatal en un mercado totalmente globalizado. La interdependencia de la producción global, que ha sido hasta ahora dominante, pareciera querer ser reemplazada por criterios proteccionistas de las producciones nacionales. EEUU, también Europa, quieren reducir su dependencia de la producción asiática de TSMC radicada en Taiwán, isla que está bajo fuertes tensiones geopolíticas. Por lo que buscan relocalizar partes de la producción, volcando fuertes subsidios estatales para estimular la fabricación local de productos estratégicos.

Corporaciones vs. Estado

Las principales empresas estadounidenses de alta tecnología (high tech) Intel, Qualcomm y Nvidia, reaccionaron rápidamente a la política proteccionista de la administración Biden.

Argumentan que mayores controles a la producción de chips en China terminarían perjudicando a la propia industria norteamericana que abastece de semiconductores a la República Popular, que explica el 45% de la demanda mundial de estos productos. Por lo que si no le venden a China, se quedan sin mercado. Agregan que las restricciones van contra la ley, sancionada por el gobierno Biden, que promueve la instalación de nuevas plantas de alta tecnología y para lo que están asignados importantes subsidios estatales. Por último señalan que esta política llevará a la República Popular a avanzar más rápidamente en la fabricación de sus propios chips por medio de su empresa SMIC. EEUU crearía así su propia competencia en materiales estratégicos.

La tendencia a relocalizar la producción de insumos estratégicos de alta tecnología, armando cadenas de valor según los intereses geopolíticos de EEUU, va en contra de la naturaleza de esta actividad de avanzada que desde sus inicios ha sido de cooperación competitiva. ¿Hasta dónde es posible desacoplar dos sistemas de gran articulación en las inversiones, producción y comercialización?

Se plantea entonces una fuerte contradicción entre los intereses geopolíticos de las potencias y los intereses, tanto comerciales como de competitividad, de las grandes corporaciones tecnológicas.

Al momento de cerrar esta nota a la finalización del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), en San Francisco, se reunirán los presidentes Joe Biden y Xi Jinping con un temario que abarca desde el conflicto en Gaza y la invasión rusa a Ucrania hasta el cambio climático y las relaciones comerciales entre las dos potencias. No hay grandes expectativas solo “estabilizar las relaciones y abrir las comunicaciones a nivel político-militar” especialmente por las tensiones en torno a Taiwán y el Mar del Sur de la China y el riesgo de un conflicto mayor. Pero el estratégico tema de los semiconductores estará también presente.

 

 

*Eduardo Lucita: Integrante del colectivo EDI –Economistas de Izquierda-

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