La reunificación de Alemania: 33 años después. Algo más que la ostalgie

Por Frank García Hernández

a mi compañera Claudia, porque nuestros debates políticos sobrepasan lo cotidiano

Más allá de Alemania y sus alrededores, el 33 de aniversario de la absorción de la RDA por la RFA pasó en silencio, principalmente entre las izquierdas. Para ese amplio abanico que son los marxismos, la reunificación de Alemania se divide básicamente en dos posiciones: quienes vieron en la desaparición de la RDA la caída de un bastión del socialismo y en quienes de cierta manera dicen que no les importa tanto porque la RDA no era socialista, sino uno de los peores ejemplos de la degeneración estalinista. Sin embargo, en el caso de la reunificación de Alemania, hay algo que se debe tener cuenta y olvidan determinadas izquierdas: no hace falta reivindicar a Erich Honicker para comprender que la reunificación alemana es una derrota para el socialismo; o siendo más precisos: un triunfo del capitalismo.

Pero, ¿cómo afirmar que la reunificación fue una derrota para el socialismo si la República Democrática Alemana era uno de los regímenes estalinistas que más persiguió a todo tipo de pensamiento diferente dentro de sus fronteras, creando ese terrible instrumento antibrechtiano llamado la Stassi? En realidad, de la RDA no hay casi nada que rescatar, pero del lado allá del hoy afortunadamente extinto Muro de Berlín ¿había algo positivo para la clase trabajadora?

La manipulación de la reunificación: entre el lavado de cara del nacionalestalinismo y el anticomunismo

Con el fin de silenciar los crímenes de la Stassi, los estalinistas exacerban el supuesto alto nivel de vida que gozaba la clase trabajadora alemana en la RDA y manipulan los sentimientos de miles de alemanes que vieron en la reunificación la desapareción de su país, llegando a entenderla como una anexión. Esto último: la exacerbación del sentido de anexión en vez de reunificación, es otro ejemplo de la carga nacionalista del estalinismo y sus derivados: hacen más énfasis en la desaparición de un Estado nación que en el triunfo de la burguesía alemana y, sobre todo, obvian analizar los motivos del triunfo capitalista.

Otro de los vulgares recursos de los estalinistas, es manipular la persecución anticomunista en la Alemania posterior a la caída del Muro de Berlín. Si bien es cierto que en Alemania tras la reunificación hubo un auge de la derecha e incluso del neonazismo, los estalinistas argumentan que los miembros del extinto Partido Socialista Unificado Alemán -el partido marxista-leninista que gobernaba la RDA- fueron discriminados y algunos injustamente enjuiciados. Esto mayormente es un vulgar recurso para limpiar la cara a los agentes de la temida Stassi que habían perseguido a cuanto ciudadano alemán hiciera pública su discrepancia con la burocracia dirigente.

El sistema de la RDA, como otros que conocemos más de cerca, había logrado crear un aparato tan fuerte que alguien señalado por la Stassi se convertía en un paria social. La Stassi no se caracterizó por practicar las desapariciones y ejecuciones extrajuciales del estalinismo en la Unión Soviética, menos aún como sucedía en las dictaduras militares latinoamericanas: la fuerza del aparato estatal alemán lo cubría todo y ser expulsado del trabajo y señalado como contrarrevolucionario, acarraeba que incluso familiares y amigos intentaran evitar verse con el perseguido. Era solo haber sido inculpado por la Stassi de contrarrevolucionario para que esa persona se viera sometida al más gris de los ostracismos. De conseguir empleo lo haría en una posición completamente ajena a su especialidad y muy por debajo de sus calificación.

Tras la caída de la RDA, los oficiales de la Stassi vivieron lo que ellos habían instaurado: la sociedad alemana los trataba con el desprecio al que ellos habían sometido a miles de personas por el solo hecho de pensar diferente. La manipulación estalinista intenta presentar que esta persecución fue contra todos los miembros del PSUA -SED por sus siglas en alemán-; cuando en realidad los miembros, e incluso, altos dirigentes del SED, tuvieron la oportunidad de reorganizar y crecer al partido, incorporarse a las nuevas instituciones y enfrentar al sistema capitalista, como no habían podido hacerlo las víctimas de la Stassi.

Al mismo tiempo, la derecha europea y estadounidense ha sabido explotar perfectamente la tragedia de los perseguidos en la RDA y el cambio “democrático” vivido en la Alemania posterior a la caída del Muro de Berlín. Mientras unos intentan limpiarle la cara al estalinismo, otros maquillan al capitalismo, pero la clase trabajadora alemana sigue sin tener el poder.

“El Partido siempre tiene la razón”

En Cuba existe la idea hegemónica de que la tragedia sucedida en la Europa oriental entre 1989 y 1991 tiene un nombre: Mijail Gorbachov. Si bien es cierto que Gorbachov tiene la responsabilidad histórica de haber iniciado la Perestroika y la Glásnot -esta última la más temida por el estalinismo, y en consecuencia la menos divulgada-, poco hubiera servido al imperialismo la capitulación del Kremlin, si el resto de los Estados falsamente socialistas de la Europa oriental hubieran sido verdaderas democracias obreras. Recordemos que el llamado Campo Socialista de la Europa del Este estaba conformado por seis Estados, -sin contar a las rebeldes, pero igual burocratizadas, Yugoeslavia y Albania-. Por tanto, el desplome de la Unión Soviética se hubiera visto compensado por la existencia de ocho Estados socialistas. Pero las burocracias del Campo Socialista del Este Europeo eran títeres del Kremlin y cuando el titiritero comenzó a agonizar, las marionetas dejaron de moverse.

Ese fue el principal motivo por el cual se derrumbó la RDA y el hecho que quieren ocultar los estalinistas: ninguno de los países del llamado Campo Socialista de la Europa del Este eran democracias socialistas. O sea, la clase trabajadora no controlaba a la burocracia dirigente, y por tanto, la burocracia dirigente respondía a sus propios intereses, no a los de las mayorías.

Solamente con represión se podía mantener un sistema como ese, es decir: un sistema que pretendía construir el socialismo, sin que la clase trabajadora esté en el poder. Como se ve, incluso desde el reaccionario sentido común, construir el socialismo sin que la clase trabajadora esté en el poder es un imposible. Lo que hoy parece una obviedad, hasta la caída de la Unión Soviética parecía un hecho incuestionble: dentro de miles de miembros de los PC prosoviéticos existía la idea soterrada de que no hacía falta democracia para construir el socialismo. Entre esos militantes, el lógico desprecio hacia la democracia burguesa no venía acompañado de la implementación de la dictadura del proletariado, sino la instauración de una dictadura de la burocracia. El mismo Fidel Castro se refería al pluripartidismo como “pluriporquería” y, si bien es cierto que un sistema multipartidista no garantiza la democracia -en la misma RDA había varios partidos-, tampoco garantiza la democracia un régimen de partido único.

Si bien Cuba no era en 1989 el paraíso de la democracia obrera, el hecho de que no se haya restaurado el capitalismo en aquella oleada de fines de los ochenta y principios de los noventa, habla de un programa socialista auténtico, el cual, más allá de las desviaciones burocráticas, tuvo raíces verdaderamente revolucionarias. Pero tras la desaparición de la URSS, nada quedó igual que antes en Cuba. Fidel Castro, teniendo la oportunidad de volver a empezar la construcción del socialismo, dando paso a una verdadera democracia obrera y regresar a la revolución, optó por la exarbación del nacionalismo -tanto en casa, como a nivel regional- y la aplicación de una ligera NEP caribeña.

Pero en últimas, la pregunta pluripartidismo o no, es una trampa liberal, en la cual se pierde la verdadera cuestión que define a la democracia: ¿qué clase está en el poder?

Debido a que prácticamente casi toda la izquierda marxista se ha negado a hablar de libertad y democracia, la derecha ejerce la hegemonía sobre esos términos. Libertad y democracia parecen regiones exclusivas del capitalismo, en las cuales nada tiene que hacer el socialismo. En el discurso derechista no se habla de clases sociales, sino de un pueblo que estaría en el poder. Sin embargo, sabemos perfectamente que ese viejo truco es la excusa para evitar que la clase trabajadora se percate de quién controla la democracia liberal: la burguesía. La propuesta que trae la derecha cubana es la misma: hablan de una democracia donde no especfican qué clase estará en el poder. Cuando se les impele a contestar qué clase estará en el poder en el sistema que ellos proponen, salen con el mismo recurso de los burócratas cubanos: eluden responder, y despliegan el discurso contra el actual sistema cubano. En el caso de los burócratas cubanos esto funciona similar: cuando se les inquiere acerca de la democracia, tildan de contrarrevolucionario a quien pregunta, recuerdan los impactos del bloqueo y despotrican -como debe ser- de la democracia burguesa; pero evitan hablar de su principal problema: la clase trabajadora no controla las decisiones del gobierno, ni la militancia del PCC decide el rumbo del Buró Político.

Así es como nos encontramos en Cuba con el verdadero motivo de la caída de la RDA: la clase trabajadora no tenía el poder. La burocracia dirigente, cada vez más sometida al Kremlin, cuando se vio sin el respaldo de Moscú no supo qué hacer. Ante las reformas que atravesaban la Unión Soviética, la burocracia de la RDA, opuesta a la Perestroika y la Glásnot, aumentó la represión. Sin embargo, cuando en 1989 Gorbachov llegó a la RDA, fue aclamado espontáneamente por cientos de jóvenes, como mismo no pocos cubanos celebraron la visita de Obama a Cuba.

A esto se le sumó que la alguna vez esplendorosa economía de la RDA había entrado en crisis y los patéticos dirigentes del Partido eran ajenos a todo carisma. Erich Honicker y sus burócratas estaban ajenos a la realidad, creyéndose el estribillo del himno partidista donde se repetía: “¡El Partido siempre tiene la razón!“. A menos de un mes de la caída del Muro de Berlín se había celebrado el 40 aniversario de la constitución de la RDA. El desfile militar y de masas ante la tribuna de Honicker realizado el 9 de octubre de 1989 parecía perfecto. La noche del 8 de noviembre de 1989 miles de alemanes, sin la perfección del acto político del 9 de octubre y sabiendo que el Partido no tenía la razón, fueron al Muro de Berlín para cruzar a la Alemania capitalista. Comenzaba así en Alemania el proceso de restauración capitalista, consumado en la reunificación que tendría lugar el 3 de octubre de 1990.

He ahí por qué la reunificación de Alemania es un triunfo del capitalismo y por tanto, una derrota para el socialismo: la desmovilizada clase trabajadora de la RDA no vio en el socialismo la vía para superar al sistema neoestalinista. La instauración y expansión del capitalismo es siempre la derrota del socialismo y quienes sufren esa derrota es la clase trabajadora. Pero también siempre debemos tener en cuenta que la reunificación de Alemania bajo la RDA tampoco hubiera sido un triunfo para el socialismo, sino la consolidación del estalinismo.

En 1972 Erich Honicker visitó Cuba. En aquella ocasión, simbólicamente Fidel Castro regaló a la RDA el diminuto islote Cayo Blanco del Sur, el cual pasó a llamarse Cayo Ernest Thaelmann, en homenaje al líder del Partido Comunista Alemán asesinado por el nazismo. No es casual que el islote se haya llamado Thaelmann y no Rosa Luxemburgo: por su defensa de la libertad y la democracia socialista, la dirigente comunista alemana era en extremo incómoda para la burocracia de la RDA, quien básicamente trataba de reducirla a retratos. Sin embargo, Thaelmann cumplía todos los requisitos: había sido el dirigente del PC alemán que aplicó al pie de la letra las orientaciones estalinistas. No en vano, Trotski diría: “la política de Thaelmann es la política de Stalin”.

Tras la caída del Muro de Berlín, la República Federal Alemana no reclamó la posesión sobre el Cayo Ernest Thaelmann. En 2020, desde Miami, un joven cubano, aprovechando el vacío legal de que el gobierno alemán no había reclamado al Cayo Ernest Thaelmann, proclamó desde un sitio web la creación ficticia del Estado de Cayo Blanco del Sur. En el acta de constitución del Estado de Cayo Blanco del Sur, su autor -que recientemente había diseñado la bandera de los anticomunistas cubanos-, pedía la anexión a España. Más allá de lo curioso, resulta simbólico el destino de Cayo Blanco del Sur: el gesto de unión entre la extinta RDA y la Revolución cubana, ambas consumidas por el estalinismo, había sido suprimido por las ansias capitalistas de un joven cubano.

Para mayor simbolismo, en 1998, el busto de Thaelmann que Fidel y Honicker inauguraron en Cayo Blanco del Sur fue destruido por el huracán Mitch. Queda entonces la oportunidad de colocar sobre el pedestal que una vez ocupó Thaelmann, un busto de Rosa Luxemburgo y proclamar desde Cayo Blanco del Sur el inicio de un nuevo y verdadero Estado obrero.

Tomado de comunistascuba.org

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