Cuarenta años de ¿democracia? argentina

Por Daniel Campione

Se publicó hace pocas semanas un libro escrito a muchas manos, tentativa fecunda de acercamiento a toda una época de la sociedad argentina, con perspectiva crítica e involucramiento consciente para una transformación radical.

 

Sergio Nicanoff y Fernando Stratta (compiladores).

1983-2023. Cartografía de una democracia de la derrota.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 1ª edición. Herramienta/Contrahegemoníaweb, 2023.

Esta publicación se corresponde con un esfuerzo colectivo, en perspectiva de militancia intelectual. El propósito de allegar la reflexión acerca de cuatro décadas signadas por el padecimiento popular y el empobrecimiento de masas supone una tarea ardua. En este caso se le suma el esfuerzo consciente y activo por apuntar a una perspectiva de cuestionamiento radical. Que abreve tanto en tradiciones liberadoras procedentes de etapas previas a la última dictadura, como en las picadas que se abrieron en derredor a la rebelión popular de 2001.

Quien esto escribe lo hace “desde adentro”, sin ninguna pretensión de distancia crítica y menos de “objetividad”, como un partícipe más en un empeño continuado y plural.

El pasado reciente desde el aquí y el ahora.

Cunden las denominaciones posibles y los interrogantes. ¿Democracia represora, democracia extractivista, democracia vaciada de contenido? ¿Democracia? ¿Tiene sentido la idea de “gobierno del pueblo” a la luz del estado de cosas reinante? ¿El ostensible dominio de las razones del gran capital sobre la esfera de las decisiones estatales y el devenir societal no invalida del todo el contenido democrático?

Podría añadirse que avanzan hoy espacios políticos que amagan despreciar las “máscaras” del sistema, igualdad jurídica incluida, a favor del pleno imperio de un poder real que tiende a desconocer cualquier restricción y a deshilachar el tejido institucional hasta volverlo irreconocible.

Alienta en este volumen la entereza para reconocer una derrota histórica,  acompañada por la disposición para continuar el camino de la lucha desde el entendimiento de que el revés popular, con todo su alcance y gravedad, no aparejó una clausura definitiva de los proyectos transformadores.

Subtiende asimismo a todo el itinerario la necesidad de comprender que no debe ser trazado ningún signo igual entre la noche dictatorial y la semipenumbra del régimen constitucional. Las diferencias, pese a todo son ostensibles y su minimización podría acarrear dramáticas consecuencias.

Ha traído a la luz este libro un esfuerzo editorial alternativo, integrado a una labor político-cultural que lleva décadas, en la búsqueda de espacios ajenos a la lógica mercantil, imbuidos de impulso militante.  Contrahegemoníaweb y Herramienta, junto a otros colectivos participantes, son guerreros de una batalla cultural permanente en circunstancias desiguales. Librada en los circuitos que habilita la militancia, como parte del esfuerzo inacabable por llegar a un público activo, en los lugares de vivienda, trabajo y organización.

Las diversas miradas.

Más de una veintena de autores y coautores se han empeñado para la elaboración de un conjunto de artículos que encaran el recorrido de cuatro décadas de la sociedad argentina desde variados ángulos.

Caben algunas menciones, junto a omisiones ineludibles por razones de espacio.

Claudia Korol allega la mirada sobre los feminismos, quizás el campo sociopolítico y cultural que ha reconocido más avances en la Argentina reciente, con un nivel de movilización con picos como el de la “marea verde” y la necesidad, muy bien enunciada por Korol de “…fortalecer los procesos de presencia activa en las luchas populares y en sus articulaciones y al mismo tiempo revolucionar a estos movimientos con nuestra presencia.”

El artículo de Silvio Schachter se ocupa del azaroso destino de la megalópolis del área metropolitana en medio de la concentración capitalista, el avance desbocado del negocio inmobiliario y la modalidad y ubicación de la vivienda como instrumento de segregación social

La ominosa opresión de la deuda externa sobre cualquier vía de realización de las aspiraciones de las clases explotadas y empobrecidas ha merecido un trabajo que se centra en las experiencias populares alcanzadas en la impugnación del endeudamiento eterno, escrito por Beverly Keene y Pablo Goodbar. Hace juego con esa mirada la de Guillermo Folguera  en dirección al extractivismo, correlato en forma de fuente de divisas del aherrojamiento impuesto por el complejo acreedor.

Una indagación tan indispensable como poco frecuente en los tiempos que corren es la que efectúan Leandro Volonté y Sergio Nicanoff acerca de la violencia política en “el devenir de la democracia de la derrota”. El talante del artículo es el de la impugnación dirigida contra la invisibilización o demonización de la violencia popular.

Condena u ocultamiento que tiene, como se subraya en el texto, el objetivo de sacralizar el orden existente, “…no modificar los cambios estructurales a nivel socioeconómico ni la traumatización subjetiva en el seno de la sociedad civil que habían implementado las diversas dictaduras militares.” (p. 179)

En una veta similar se mueve un recordatorio que efectúa Alfredo Grande en su trabajo: “Nuestros combatientes lucharon por la patria socialista, no la patria democrática. Me parece importante no olvidarlo. Tapar derrota y fracaso invocando a la generación diezmada es lavarse manos ensangrentadas con las aguas supuestamente cristalinas de nuevas generaciones.” (p. 98).

Sendos escritos de María del Carmen Verdú y de Adriana Meyer repasan la diversidad y repetición de las violencias ejercidas desde los diversos niveles e instancias del aparato estatal. Una imprescindible invocación a la hora de aventar mistificaciones que remiten con exclusividad los atropellos a los derechos humanos hacia el ya lejano pasado dictatorial.

Un lugar particular en el libro lo ocupan el artículo de Jorgelina Matusevicius en torno al derrotero y perspectivas de la nueva izquierda y el de Sergio Zeta a propósito de democracia y elecciones. Son los dos textos que asignan un lugar más específico a un sesgo de inquietudes que de diversa manera recorre todo el libro: La carencia de una alternativa popular articulada, las razones de ese hueco y las posibilidades de acercarse a una construcción de ese carácter.

La izquierda independiente, nueva, popular, en la estela de la rebelión de 2001 es tema central del artículo de Jorgelina y tiene presencia en varios otros, con su doble carga de esperanza y frustración.

El kirchnerismo desplegó una labor de reconstrucción de la autoridad estatal, retraducción de la política a la lógica de arriba hacia abajo y a la reposición de la iniciativa de las elites en reemplazo del impulso popular.

Claro que lo hizo desde una disposición a efectuar concesiones importantes y en un contexto económico favorable para ello. Y a cierta altura de su desempeño gubernamental se permitió reiterados roces con los intereses del gran capital, tales como la reestatización del sistema jubilatorio o de la aerolínea de bandera.

Captó al mismo tiempo una buena parte de las organizaciones populares conformadas a la luz de 2001 y las confundió en los entresijos del aparato estatal, de un modo que combina el ejercicio del funcionariado con la movilización limitada y controlada, sin otra razón para ocupar la calle que la aclamación  a las iniciativas del gobierno que se apoya e integra.

Son varios los textos que hacen mella de una u otra manera en las reticencias y falsedades del universo K, a la vez que acercan la autocrítica en cuanto a la carencia de aptitud desde abajo y a la izquierda para eludir las redes que éste tendía y mantener en alto un proyecto de transformación radical.

Los mismos escritos abren paso al interrogante de qué puede deparar desde la perspectiva popular la pérdida de sentido esperanzador a la que hoy se encuentra abocado el kirchnerismo.

Constataciones y apuestas.

El modo de caracterizar al sistema político imperante es, como ya escribimos, un generador de matices entre los distintos escritos reunidos. Hay completa coincidencia en que las circunstancias excluyen cualquier celebración de una “democracia consolidada” por su inédito sostén a lo largo de cuatro décadas.

Cabe citar de modo algo extenso aquí, acercándonos a un provisorio cierre, un pasaje del artículo de Miguel Mazzeo: “Los mejores impulsos democráticos durante los últimos cuarenta años fueron aquellos que no se resignaron a las relaciones de fuerzas existentes. Los que buscaron consciente o inconscientemente la recomposición del sentido de lo colectivo, la participación simétrica de las y los de abajo y la refundación de una nueva subjetividad crítica y de una verdadera comunidad política. Los que no se atuvieron a los mandamientos que las clases dominantes le impusieron a las clases subalternas y oprimidas ¡no resistirás! ¡no politizarás la rabia y el dolor! ¡sentirás culpa de tu radicalidad!” (p. 69).

La reversión de esos mandatos inhibitorios dictados desde arriba, proyectada hacia la recreación de un campo de autoorganización y movilización que encarne un proyecto socialista, antipatriarcal, de defensa de los bienes comunes, de reivindicación de los pueblos originarios, es el propósito implícito o explícito en cada página de esa obra colectiva y militante.

La refundación radical de la práctica y del concepto mismo de la democracia es una necesidad percibida y asumida por los grupos que alentaron este esfuerzo. Lectores dotados de apasionada atención y compromiso activo serán sus indispensables destinatarios.

Tomado de tramas.ar

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