Entrevista. Historia de una candidata obrera en la fábrica de Barbie: 12 horas de machismo y precarización

Barbie tuvo distintos oficios y profesiones, pero nunca fue operaria de fábrica. Entrevistamos a Sandra Saucedo, que trabajó para Mattel en la producción de juguetes. Ella es candidata a concejala por la lista de Myriam Bregman en Presidente Perón. Spoiler: machismo, acoso y precarización laboral.

El estreno de la película Barbie de Greta Gerwig puso a la estadounidense Mattel en el centro de atención. Sobre todo por su invasiva publicidad que costó alrededor de 150 millones de dólares, 5 millones más que hacer la película.

Mattel es la segunda juguetera más grande del mundo, después de Hasbro. Con presencia en 150 países, emplea cerca de 35 mil personas. Se trata de una industria multimillonaria y global: al mes de junio, tuvo ventas por casi 2 mil millones de dólares.

La famosa Barbie se fabrica casi por completo en China y representa el 30% de las ventas. Aunque Mattel también tiene fábricas en México e Indonesia. Pero algo que muchos no saben o (no recuerdan) es que la muñeca Barbie y otros juguetes de la marca se fabricaron en la Argentina, entre las década del ’80 y el ’90.

Las chicas de guardapolvo azul

Barbie rock y Ken industria argentina 1990
Barbie rock y Ken industria argentina 1990

Sandra Saucedo fue operaria, a los 18 años, en la fábrica argentina Top Toys, empresa que hacía Barbie, Ken, Pequeño Pony y otros juguetes para la marca Mattel. Sandra actualmente tiene 52 años, es trabajadora de casas particulares y precandidata a concejala por la lista de Myriam Bregman en el partido bonaerense Presidente Perón.

La planta donde se hacían las Barbie industria argentina, estaba ubicada en el barrio de Barracas en Ciudad de Buenos Aires y funcionó hasta principios de la década del ’90. “La fábrica tenía ventanitas muy chiquitas y altas. No se veía si había sol, si era de día o de noche. Era a propósito, para que no se sienta el paso del tiempo y te concentres solo en la línea de producción“, cuenta Sandra, que hacía jornada de 12 horas, con solo 5 minutos de descanso en todo el día.

Sandra alcanzó a vivir la época en que la fábrica de Top Toys fue comprada directamente por Mattel que continuó con la producción local, pero las condiciones de trabajo no mejoraron. Al poco tiempo del desembarco de la multinacional yanqui y con la apertura económica del menemismo, estos juguetes se dejaron de fabricar en el país, para comenzar a importarse. Muchísimas fábricas y talleres cerraron en esos años y gran parte de ellos nunca volvieron a abrir.

“Yo trabajé del año ’89 al año ’90. Y ya había cualquier cantidad de Barbies y Pequeño Pony. En esa época se lanzó el casamiento de la Barbie, la Barbie novia… ¿viste que ellos hacen la novelita de la muñeca con el Ken? La presentación fue en el Sheraton… ¡Mirá cómo me acuerdo! Porque la tuve que vestir con otras compañeras. Otras trabajadoras la pintaron, otras la peinaron. Era una muñeca grande, como de medio metro. También al Ken había que vestirlo, con el traje, el moñito y todo lo demás”.

Barbie novia industria argentina 1990
Barbie novia industria argentina 1990

Pero fabricar, ensamblar, vestir, pintar y peinar a las muñecas, no era “como en las películas”, ni era un juego.

“En la línea de producción había que trabajar con químicos para ingresarles la ropa a las muñecas y yo tenía los dedos quemados. A parte la inhalación de todo eso. Tenías que meterle a la fuerza la ropa en las piernas de plástico, era terrible”, recuerda Sandra.

Para esa tarea, las trabajadoras estaban sentadas toda la jornada de 12 horas, sin poder pararse más que cinco minutos. Los dolores de cintura y problemas de espalda eran cosa de todos los días.

“Tenías que estar como robot y pasaba la cinta con las muñecas, como en una película de Chaplin. Y vos ahí calzándole la ropa. Y no podías dejar que se te cayera nada porque te lo descontaban” -cuenta Sandra.

¿Por qué en ropa interior?

A las trabajadoras, solo las mujeres, se les ordenaba estar en ropa interior debajo del guardapolvo azul, no podían llevar más que corpiño y bombacha. Los pocos varones de la fábrica, que trabajaban en la parte de carga de camiones, usaban pantalón de trabajo y remera, debajo del mismo guardapolvo. ¿Por qué?

Lo que nos decían era que la fábrica tenía ventanas muy chicas y que hacía calor… Entonces, supuestamente era para que las que estábamos en producción no sintiéramos tanto ahogo”, relata Sandra.

El acoso era cosa de todos los días. Las trabajadoras siempre iban en grupo, tanto adentro, como afuera de la fábrica, porque era común que algún compañero las siguiera queriendo “tener algo” con ellas. Y aún más grave, era común que en las oficinas de recursos humanos, insinuaran tener relaciones sexuales a cambio de renovar el contrato a las trabajadoras.

Hoy gracias a las comisiones de mujeres que se organizan en los lugares de trabajo y de estudio, y por la lucha de las mujeres y la diversidad en los últimos años, se puede hacer frente a estas situaciones. En este momento las mujeres se organizan: tenemos otra fortaleza para enfrentar el machismo y la explotación -enfatiza Sandra- “En aquel momento en que yo trabajaba ahí, eso no pasaba: nos decíamos entre nosotras las cosas y por ahí quedaba”.

Sandra Saucedo fue parte de impulsar la emblemática Comisión de Mujeres de Guernica que se conformó en la toma de tierras del 2020; también junto a Nicole Salvatierra, precandidata al Parlasur. Estas mujeres trabajadoras fueron protagonistas de la lucha por tierra para vivir. Muchas escaparon de la violencia machista con sus hijos, otras se habían quedado sin ingresos durante la cuarentena. Luego del brutal desalojo que autorizó Axel Kicillof y encabezó Sergio Berni, muchas siguen organizadas por sus reclamos y por una alternativa política independiente.

Por trabajo genuino

Myriam Bregman, Sandra Saucedo y Nicole Salvatierra
Myriam Bregman, Sandra Saucedo y Nicole Salvatierra

El contrato de trabajo en la fábrica de Mattel se hacía por tres meses. Cada tres meses, citaban a las operarias en la oficina de recursos humanos y pactaban la renovación del contrato o dejaban a la trabajadora en la calle sin indemnización, aunque hubiera trabajado más de seis meses allí.

“Después de un año de trabajar ahí, yo había perdido mucho peso, estaba muy mal de salud. Y no tenía vida… imaginate, desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde” -relata Sandra, que por eso decidió dejar la planta. “Había otras mujeres que tenían hijos y no podían dejar el laburo”.

Hoy Sandra Saucedo, dentro del Frente de Izquierda Unidad, milita junto a Myriam Bregman la propuesta de reducir la jornada laboral a 6 horas y 5 días. “En Argentina se sigue trabajando 12 ó 14 horas. Nosotras peleamos por trabajo con derechos para todos. Si bajamos la jornada a 6 horas, se pueden hacer más turnos de trabajo para personas que estén desocupadas, que vivan de changas o con trabajo informal” -Sandra explica parte de su plataforma política como precandidata a concejala. “Pero que sean puestos de trabajo genuino, sin bajar el salario y con un ingreso que por lo menos cubra la canasta básica“.

La propuesta de reducción de la jornada laboral, es para aplicarse en principio en las 12 mil empresas más grandes del país, entre las cuales varias son multinacionales.

“La Barbie sigue vendiendo a lo loco. La muñeca es carísima y ahora con la película pienso también siguen promocionándola. Las multinacionales se siguen llenando de plata, y a las trabajadoras y trabajadores los tienen precarizados y superexplotados” -reflexiona Sandra.

Sandra no fue a ver la película de Barbie, pero sí sus hijas. Hasta la fecha, la recaudación por venta de entradas llegó a cerca de $ 1.000 millones de dólares en ganancias a nivel mundial.

Tomado de laizquierdadiario.com

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